Silvina Luna vive en una isla sobre el Mar Caribe. “Estoy en Bocas del Toro, que queda a 40 minutos en avión desde la ciudad de Panamá”, detalla la ex modelo sobre la playa que es su hogar desde hace siete meses. En comunicación con Teleshow, agrega: “Cuando comenzó la pandemia empecé a soñar con la idea de vivir en un lugar en conexión con la naturaleza y conmigo misma. Imaginaba cómo y dónde podría ser. Pensaba diferentes escenarios… Entonces en diciembre me vine a Bocas del Toro, que es a donde venía de vacaciones hace cuatro años. Y esta vez sentí que era una oportunidad para quedarme y probar lo que me había imaginado”. Entonces buscando alejarse de los escándalos, después de asegurar que solo es amiga de Rodrigo Fernández Prieto, el ex marido de Floppy Tesouro, se enfoca en difundir los aprendizajes de su nueva vida en la isla caribeña.
—¿Por qué lo elegiste como destino para vivir?
—Me terminé enamorando de este lugar. Me encontré. Y conocí un grupo de amigos con valores similares y búsquedas compartidas. Hoy decido transitar mis días aquí. Además, encontré una oportunidad para desarrollar mis proyectos personales y profesionales. Traje mi proyecto @simpleyconsciente a Panamá, que tiene que ver con compartir experiencias vivenciales transformadoras para enriquecernos. Es un proyecto que también concreté en pandemia y que tiene una página web: www.simpleyconsciente.com
—¿Trabajás desde allá?
—Sí, trabajo y mucho. Estoy en un proceso creativo e inspirador. El contexto ayuda. Trabajo en mis redes, en compartir contenido que sume y esté alineado a mis nuevos valores. También se abrió aquí un espacio de escritura que disfruto mucho desde el IG y la web. Ahí comparto coaching de bienestar, que es en lo que me formé, creando un espacio de reflexión para encontrar nuevos resultados. Es una comunidad que crece día a día. Es un espacio holístico que ofrece experiencias transformadoras para el desarrollo personal.
—¿Qué te motivó a armar este proyecto centrado en tu búsqueda personal?
—Perdí mi salud, afectos… Me caí y me levanté muchas veces, siempre avanzando. Caminé sola y me desconecté, muchas veces viajando, para reencontrarme. Un día me pregunté quién quería ser yo realmente, entonces decidí rediseñarme. Y en ese rediseño encontré nuevas acciones (pequeñas acciones diarias), en coherencia con quien quería ser y que me lleven a nuevos objetivos y, por ende, a lograr otros resultados. Entonces seguí creando, aprendiendo de lo que me funciona y de lo que no. Me di cuenta de que tenía que contarlo. Me dije: “No quiero ser mezquina con esto”. Porque hay mucha gente que le pasa lo mismo que yo y quiero compartirlo. Hay muchas personas ayudando, haciendo cosas buenas y yo quiero ser parte de ese grupo. Hubo gente que me ayudó y finalmente uno también está ayudando a otras personas. Así se hace una cadena de buenas intensiones. Una red. Es decir que Simple y Consciente empezó como un llamado a compartir las experiencias de transformación y aprendizajes que me ayudaron a ganar poder personal y confiar en mí.
—Después de años de búsqueda, ¿qué aprendiste desde lo personal y ontológico?
—A vivir simple y consciente. Que todos tenemos la posibilidad de transformarnos y ampliar nuestro modelo mental. De permitirnos “ser” diferentes a través de “hacer” diferente. Que nuestra historia no nos define, sino quién queremos ser. No nos han enseñado el inmenso poder que tenemos para crear nuestras experiencias de vida. Hemos delegado el poder de sentirnos bien en otros. Aprendí a responsabilizarme y a ser protagonista de mis elecciones, diseñando el mundo que quiero vivir.
—¿Cómo es un día de tu vida en Panamá?
—Vivo con una amiga. Tengo mi rutina y mis hábitos. Soy bastante organizada y disciplinada. Me levanto sola con el amanecer, a las seis de la mañana. Arranco haciendo alguna práctica, meditación o yoga, caminata o entrenamiento. O simplemente a contemplar la naturaleza… Hay mucho que aprender de ella. Me organizo también la alimentación de ese día. Me cocino saludable. Luego me siento en la compu y con el teléfono a planificar mi día. Tengo conversaciones de coaching, vivos en Instagram, estudio y escribo. Me armé un home office con una linda vista. Ceno temprano y termino el día compartiendo con amigos. Hoy elijo todo lo que me hace bien.
—¿Es decir que tenés amigos que te acompañan en el día a día?
—Sí, estoy rodeada de gente maravillosa que me nutre y de quien aprendo. La simplicidad de su día a día, de lo poco que se necesita aquí para pasarla bien. Gente alineada a valores que estaba buscando. Y, ¡claro que muchos de ellos son argentinos! Estamos en todos lados…
—¿Es cierto que te enamoraste nuevamente?
—Estoy conociendo a alguien. Es una relación nueva, a distancia… No vive aquí, pero disfrutamos de cada encuentro.
—¿Extrañás algo de Argentina?
—¡Todo! Allá están mis afectos, mis raíces, mi historia... Y mis ganas siempre de volver.
—¿Tenés planes de hacerlo o pensás seguir instalada allá?
—Hoy disfruto de este presente.
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