
Daniel Davis sabía que no lo había hecho mal en el casting. Pero creía que Roddy McDowall, un actor de mayor renombre, sería el elegido para personificar a ese mayordomo tan sagaz como sarcástico de una serie que, por entonces, nadie vislumbraba como un éxito: The Nanny sumaría 146 capítulos a lo largo de seis temporadas, desde 1993 a 1999.
Fue la propia Fran Drescher quien decidió intervenir a su favor, aun sin estar del todo a su favor... A la vez interprete del rol principal -la adorable Fran Fine- y una de las productoras ejecutivas de la sitcom -con quien en esos años era su esposo, Peter Marc Jacobson-, la actriz decidió bajarle el pulgar a McDowall, inclinando la balanza en favor de Davis. ¿Se había quedado deslumbrada con lo visto en la audición? ¿Entendía que, en realidad, era el ideal para personificar a Niles? No, nada de eso. Y así se lo hizo saber al propio Daniel en una charla de pasillo: si le daban el papel al actor que había alcanzado la fama como Cornelius en la saga de El planeta de los simios, La Niñera terminaría siendo “el show de Roddy McDowall”. “Y este -le aclaró a su nuevo compañero- es el show de Fran Drescher”.
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Con la autoestima intacta pese a su selección por descarte, este artista nacido el 26 de noviembre de 1945 en Arkansas, Estados Unidos, comenzó entonces a practicar el acento británico que exigía su Niles, el histórico mayordomo de la familia Sheffield que era el confidente de los tres niños de ese hogar de clase alta de Nueva York. En un principio la idea de los guionistas no era destacar ese personaje. Pero con el correr de los episodios fue ganando protagonismo. Y mucho tuvo que ver Davis al respecto: su gesto adusto, coronado por esa mirada entornando las cejas, encantaban al público.
En la cuarta temporada comenzaron los problemas. Lauren Lane hizo saber su incomodidad a los productores por las burlas excesivas y maliciosas de Niles hacia su Señorita Babcock, la villana de la serie que seducía sin suerte al productor de Broadway Maxwell Sheffield (Charles Shaughnessy). “¡No puedo soportarlo! Necesito una respuesta”, habría bramado Lane. El giro del argumento, pensado para conformarla, desilusionaría a Davis, quien todavía hoy -a 22 años del final de la serie- considera que le resultó “muy extraño” que Babcock se terminara casando con el mayordomo, en una suerte de reivindicación. La mayoría de los fans de La Niñera no sostienen lo mismo...
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Daniel arrancó su carrera artística con apenas 11 años cuando se sumó al programa televisivo Betty’s Little Rascals. Lo que era un juego de niños se tornó serio: tiempo después se graduaría en el Centro de Artes de Arkansas y en el Conservatorio Americano de Teatro. Soñando con actuar antes que con ser famoso -circunstancias que a menudo se confunden-, supo armar una trayectoria más respetuosa que estelar. No obstante, alcanzaría cierta popularidad en la serie Texas, a principios de los 80. Poco después tendría una participación en Camino al Cielo, la recordada serie de Michael Landon, y también en Viaje a las Estrellas: La Nueva Generación. En cine, se dio el gusto de actuar con Sean Connery en la película bélica La caza del Octubre Rojo, en 1990.
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Recién en el umbral de sus 50 años llegaría su consagración con The Nanny. Y el dinero, la fama espontánea, el éxito de una sitcom que llegaría a más de 30 países y cuyas repeticiones siempre lo mostrarán detenido en el tiempo -la crueldad de la pantalla chica-, mucho más joven que los 74 años que ya suma, conservando -eso sí- la chispa jovial de la actuación: Davis quiere seguir subiendo a los escenarios, como cuando en el 2000 fue nominado como mejor actor en los Premios Tony por su papel en la obra Wrong Mountain.
De su paso por La Niñera, Daniel conserva mil anécdotas y una en particular, según contó hace poco en una entrevista: el día que conoció a Donald Trump. Como ocurre con muchas otras series de cierto suceso, las celebridades -sin importar su procedencia- querían aparecer junto a Fran Drescher. Y mucho antes de que siquiera se sospechara que llegaría a la Presidencia de los Estados Unidos, el magnate de la construcción hizo un cameo en 1996, en la que expresamente pidió como condición que no lo llamaran millonario: “Él es billonario”, advirtió uno de sus asistentes.
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En un alto en las grabaciones, el bueno de Davis se acercó a conversar con Trump. Casi como al pasar, lo felicitó por el imponente edificio que estaba construyendo por entonces frente al Columbos Circle de Nueva York: el Trump International Hotel and Tower. “Algún día, me gustaría vivir ahí...”, deseó en vos alta el actor. El empresario hizo gala de su diplomacia: “No te lo podrías permitir...”.
No era la primera vez que alguien no confiaba en Daniel Davis. Cuatro años antes lo había hecho él mismo, justamente. El resto, es historia televisiva.
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