“Siempre tenemos la posibilidad de transformarnos, de ver las cosas de diferente manera. De seguir”, dice Laura Miller, y busca transmitir ese mensaje en su nuevo disco, Mi viaje, en el que habla sobre superar el dolor. Y es imposible no pensar en su propia experiencia como víctima de violencia de género y con un ex marido que fue preso por estafa.
“Lo más complicado es sanar el alma, pensar que no está todo terminado y que hay otro camino que podés tomar, que te puede llevar a algo maravilloso”, afirma la cantante, que agradece todo lo vivido por el aprendizaje que logró en el camino.

—“Todo el dolor se fue”, dice en un momento el corte.
—Exactamente, sí. “Y sigo y vivo”, que es otra de las frases que a mí me fascinan de la canción. Todos tenemos como un pequeño ave fénix adentro nuestro. Hay gente que piensa que no es capaz o que no encuentra la fuerza o el coraje. Pero yo creo que sí, lo tenemos todos.
—En tu caso, ¿de qué te agarraste para salir adelante? ¿De dónde salió esa fuerza?
—De todos lados un poco. Fue un horror, un infierno. Lo primero que tenés a mano son tus seres queridos, la gente que te quiere, que está incondicionalmente para vos, que sabés que van a estar ahí frente a cualquier situación. Eso es una parte. Obviamente, el tener la contención necesaria es súper importante. Pero después es todo un trabajo interno que tenés que hacer. Eso es muy personal, esas son cosas que hacés en soledad no lo lográs en una terapia, que también la tuve. Es como empezar a poner curitas en todas las partes que están dañadas, y eso lo hacés cuando estás solo. Esa fue la última parte de todo el proceso que viví, la última parte que me regeneró.
—¿Hay que terminar de caer para poder salir?
—Sí, claro.
—¿Cómo fue? ¿Una mañana te despertaste y dijiste: “Basta, quiero estar bien”?
—Primero es la intención, después son las ganas, y después es llevarlo a cabo y ponerlo en funcionamiento. Todos somos sobrevivientes. No sé si fue un día en particular porque no lo tengo muy presente, pero me acuerdo que de un momento para el otro, de ver todo negro empecé a ver luz. Lo que más me importaba era revivir mi carrera, que la tuve desde que tengo ocho años. Ahí empecé, en Festilindo, a los ocho años, y nunca paré de laburar. Esa era la parte que me dolía tanto: que te dañen a vos personalmente es una cosa, pero dañar el laburo de toda una vida era lo que más me tiraba abajo.
—¿Siempre supiste que ibas a salir o en algún momento sentiste que no se podía?
—En algún momento sentí que no. Al principio.

—¿El momento más duro tuvo que ver con la carrera, con la decepción personal?
—Era parte de todo porque eran ataques por todos lados. A nivel personal, como mujer; a nivel profesión, la exposición pública. Fueron muchas cosas.
—¿Sentís que se ensañaron con vos?
—Sí, claramente. Era la que llevaba el nombre. Es un juego macabro si te lo ponés a pensar, pero me la banqué, acá estoy.
—Hiciste una nota en Morfi en la que te preguntabas: “¿Por qué quiero a personas que no tengo que querer?”. ¿Hoy te querés más a vos como para poder cuidarte? ¿Hubo un trabajo de fortificarte?
—Por lo general las mujeres que atravesamos por este tipo de situaciones tenemos la autoestima adonde no tiene que estar. Cuando lo podés ver y lo podés visualizar, y empezás a valorarte, a quererte y a ponerte primera, ya no te pasa más.
—¿Hoy estás enamorada?
—Hoy estoy enamorada, sí.
—Ay, contame todo.
—Hace poquito (risas). Estoy bien, en una relación. Es re normal (risas). No tiene nada raro. Estoy muy contenta. Estamos yendo de a poco, pero igual es una relación intensa. Y encontré un compañero, nos escuchamos mutuamente, nos entendemos, nos apoyamos. Es una relación totalmente normal, de cariño.
—¿Están conviviendo o cada uno en su casa?
—No, no, no, cada uno por su lado.
—¿Tenés ganas de volver a casarte?
—No, me parece que es innecesario. Removería… (Risas). No, no.
—¿Nunca más hablaste con tu ex marido, Nicolás Traut?
—No, no.
—El fiscal te mencionó. ¿En algún momento te imputaron en la causa por el hackeo al Municipio de 25 de Mayo?
—Nada, nada, nada. Fueron todos dimes y diretes. Nada, nunca nada. Yo entiendo porque soy de este medio, pero me parece que fue demasiado. No podés atacar a una mujer, sobre todo si ves que la mujer ya está siendo atacada. Es una locura. Es el mensaje totalmente opuesto del que esa misma gente estaba vendiendo en una cámara. Fue raro. Lo que pasa es que claro, funcionó el rating, el escándalo funcionó, les midió, y lo siguieron, tiqui, tiqui, tiqui.
—Vos contaste que estabas sufriendo adentro de esa relación, ¿te sirvió lo que pasó para poder abrir los ojos o crees que de todas formas hubieras podido salir?
—Ya hacía tres meses que venía todo un desastre. Lo que se escuchó fue cuatro días antes de que pase todo lo que pasó. Ya era un desastre y yo venía soportando cosas. Era prácticamente por mi lado una decisión tomada, y bueno, justo pasó lo que sucedió. Gracias a Dios.

—Si te invita, ¿volvés a ir a la mesa de Mirtha Legrand?
—(Risas) Yo sí. Cuando pasó lo que pasó, estábamos con el tema del Ni Una Menos, y yo promocionaba la marcha porque era muy importante, iba a ser un movimiento totalmente transformador para toda la sociedad argentina. Me acuerdo que cuando pasó lo que pasó todos los medios me llamaban, buscaban que yo agitara la olla, que ya estaba hirviendo. Y la verdad que no me pareció el camino. Se iba a desvirtuar en lo que me dijo (Mirhta le preguntó: “¿Vos qué hacías para que te pegara?”) y no en realmente convocar a la gente para la marcha Ni Una Menos que era lo más importante de todo. Después, obviamente, Mirtha me ha perdido perdón.
—Sí, pero hace poco vos tuiteaste porque no te llamó por tu nombre.
—Nunca lo hacía: “Esta chica... Esta chica...”. Qué sé yo, tengo un nombre, me lo dio mamá. Me sonaba medio despectivo, en algún punto.
—Pero si te invita, vas.
—Yo creo que sí porque yo no hice nada. Me parece que sí. No sé si me invitaría porque a lo mejor le remueve…
—Si charlamos en cinco años y salió todo genial, ¿cómo te encuentro?
—Me vas a encontrar haciendo lo que amo, lo que hice toda mi vida: cantar o actuar. Y hay algo que había dejado a un costado en mi vida que era el tema de la maternidad. Hoy por hoy ya estoy medio jugada con el tiempo, es la realidad, pero…
—La ciencia nos ayuda un montón.
—A lo mejor puede ser que... quizás me anime. Es una responsabilidad muy grande.
—¿Te dan ganas con esta pareja, te dan ganas sola? ¿Cómo te imaginás?
—Me dan ganas aunque esté sola, sí.
—¿Averiguaste en algún momento o todavía no?
—Sí, el año pasado se me había dado porque hablé con una amiga, una charla muy linda que tuvimos. Me dijo que tendría que empezar a hacer todos los arreglos para el día de mañana. Lo que me quería transmitir es: “No te lo podés perder”.
—Y te despertó las ganas.
—Y me despertó las ganas, sí. Esas cosas pasan si Dios lo elige. Yo creo que es así. Y a lo mejor este es el momento y no lo fue antes.
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