“Los tipos que escribimos canciones en general siempre envidiamos mucho las canciones de los demás”, admite Iván Noble, que por momentos se reconoce aburrido de sus propios temas. Buscó un respiro en el disco Mujer & Ego, donde puso su voz a distintas canciones de mujeres que le hubiera gustado componer a él. Lo presentará el 7 de diciembre en el Teatro Ópera.

“En mi oficio hay canciones todo el tiempo, y la mayoría de las que uno escucha te hubiera gustado que sean tuyas -se explica-. Además, quería descansar de las mías: hay momentos donde uno se cansa de lo que hace. Era uno de esos momentos, tenía canciones y estaba intentando otras, en un momento me sentí un poco aburrido”.

La placa tiene hits pero también temas no tan conocidos, con autoras que van desde María Elena Walsh hasta Shakira, pasando por Julieta Venegas y Celeste Carballo, entre otras. ”Me parecía un desafío intentar ponerles impronta personal a canciones de mujeres. Estamos acostumbrados a escuchar canciones de hombres en voces de mujeres, pero al revés, es raro”, señala el ex Caballeros de la Quema, que no teme decir que el disco se pudo haber llamado Canciones que envidio.

Sin embargo se llamó Mujer & Ego. Sería posible interpretarlo como una alusión a su personalidad, pero no es así. “Podría ser la deconstrucción de un mujeriego, si querés”, dice Noble, y agrega que a la hora de elegir el título pensó que se trataba de un disco de mujeres y que para hacer canciones que no fueran propias un autor debe sacarse el ego de encima: “Correrlo al costado y decir: ‘Esta vez no se trata de vos y tu pluma, tenés que ponerte al servicio de canciones que hicieron otros’”.

—¿Te hartaste de alguno de tus temas?

—No de un tema en particular, pero por momentos siento cansancio de mis propias limitaciones. Después de muchos años de escribir canciones, más de cien, son demasiadas, y en realidad llega un momento en que no se te caen los anillos por decir: “Che, ya no me gusta mucho lo que estoy haciendo”. Lo que pasa es que este es un oficio en el que no podés salir a decir eso. Es como si un actor dijera: “No me gusta tanto cómo estoy actuando”.

—Uno tiene que estar siempre maravilloso, como en Instagram.

—Bueno, no es el caso. Yo, a mis 51 años, puedo decir que hace un tiempito que no me gustan las canciones que me estaban saliendo, no las que están en los discos. Hasta el último disco está fenómeno. Entonces dije: “Lo que está acá arriba de la mesa mucho no me entusiasma, ¿para qué voy a hacer un disco con esto si no voy a poder sacarlo de acá? ¿Solo para poder mantener andando la rueda?”. Ahí pensé en tipos de otros oficios, que por ahí hacen películas una vez cada cinco, seis años, cuando suponen que tienen algo que contar. O tipos que sacan una vez muy de vez en cuando. E incluso tipos que no sacan más discos. Y no sacan más canciones.

—¿Alguna canción te sorprendió por cómo funcionó?

—Bueno, sí, obviamente “Avanti morocha”, que es la canción más popular que tuve; nunca imaginé que iba a tener esa popularidad. Después, le escribí una canción a Benito, a mi hijo, cuando recién había nacido, “Bienvenito”.

—Hermosa.

—Es una canción que nunca pensé… No es una canción muy popular, no es una canción que suena en la radio, pero no pasan dos o tres días sin que yo salga a la calle y que me cruce con madres con cochecitos diciéndome: “La canción que le hiciste a tu hijo la usamos para hacer dormir a nuestro hijo”.


—Tu hijo está muy grande.

—Demasiado para mi gusto. 14 años. No hay más pre adolescencia ahora, se pasa de la infancia a la adolescencia digital.

—¿Y cómo te estás llevando con eso?

—Pésimo (risas). No, me llevo como puedo. Estoy asustado, azorado por el paso del tiempo. Lo que me pasa es que cuando él era más chico yo pensaba que la relación entre él y yo, conforme él crezca y yo envejezca, no iba a tener mucha grieta comunicacional porque soy un papá que usa zapatillas. Una tontería. Porque las grietas empiezan a estar igual. Esta generación, de alguna manera, repite o replica lo que también hicimos nosotros con nuestros viejos. Que casi de un día para el otro pasan de ser superhéroes a tipos que no entienden nada del mundo, ¿no?

—¿Ya te tocó ser el papá que no entiende?

—Sí, claro. Ya me está pasando. El otro día me dijo: “Nosotros somos sobrevivientes”. Le digo: “¿Sobrevivientes de qué?”. “Y... del otro siglo. Pero por suerte en este siglo hay un montón de cosas nuevas que nosotros inventamos. Y los vamos a cuidar”. Porque yo estaba leyendo un libro que habla de la mega colonización de lo digital en la vida cotidiana. Entonces trataba de contarle, a raíz de su adicción a los aparatos, y cuando yo le explicaba todo eso me decía: “¿Y a vos te parece mal?”. “¿Qué cosa?”. “Eso que decís”. “Y... me asusta un poco hijo que la vida esté tan regida y que sea tan difícil salir de ahí”. Me dice: “Pero ustedes porque son sobrevivientes, porque no entienden”. Y le dije: “¿Cómo sobrevivientes? ¿Y ustedes qué son?”. “Y... nosotros, con todas esas cosas que se inventan, que vos decís, los vamos a cuidar a ustedes cuando sean viejos”. Y le dije: “Okey, más te vale. Por ahora te sigo llevando el desayuno a la cama, así que el que te sigue cuidando soy yo”.

—Volviendo a la canción que mencionabas, hay una frase que dice: “No tomarse en broma jamás a los hijos de puta”.

—Sí, más que nunca. Si tuviera que darle un consejo hoy a mi hijo de todos esos que están en esa canción, le diría: “No te tomes en broma a los hijos de puta”, porque aparentemente hay temporada alta en el mundo. Está complicado.

—¿Ese “más que nunca” hace referencia a un contexto mundial y político?

—Sí. A a riesgo de hacer filosofía política barata, la historia de la humanidad está plagada de épocas oscuras, muchas, por no decir casi todas, pero tal vez este sea el momento donde nos enteramos de todo eso más rápido, más instantáneamente; en eso mucho tienen que ver las redes. Lo bueno es que como está el asunto con muy poquito quedas del lado de más o menos la gente que trata de andar por la vida sin joder a los demás.

—En este sentido, ¿sí te parece que las redes funcionan?

—Sí, creo que eso es lo mejor. De esa manera yo creo que se democratizó la información, que en épocas como estas no es poco.

—Sin embargo en los últimos días te mostraste enojado en Twitter, o con ganas de irte.

—No, me enojo conmigo. Para qué estoy ahí. En realidad, la pregunta era esa: “¿Qué carajo hace uno acá?”.

—¿Y te diste de baja o al final te quedaste?

—No, estoy ahí. Pero imagino que lo voy a usar mucho menos. Tengo esas épocas. Después me dedico a ver memes, a leer sobre fútbol o sobre música, a leer a gente que es interesante. Al fin y al cabo las redes sociales son un recordatorio de lo que somos y a veces uno no tiene ganas de acordarse tan seguido de lo que somos.

—En ese sentido, ¿qué fue lo que últimamente te impactó? ¿Tuvo que ver con algunos comentarios que surgían sobre todo lo que se está viviendo en América Latina?

—Sí, eso me pareció impresionante. Uno puede tener diferencias políticas, muchas, con un montón de gente. Pueden ser diferencias de grado. O diferencias de miradas, de proyecto de un país o de una región, eso lo podés tener, podés discutir mucho. Pensé que había dos o tres cosas sobre las que no se discutía más. Cuando cuatro militares le ponen la banda de presidente a una señora en una cámara legislativa donde hay seis personas y eso significa ser presidente de un país, yo pensé que estábamos de acuerdo que es un golpe de Estado. Con la historia que tenemos en este país al respecto... Y que lo diga un pibe de 17, 18 años me asusta, pero hasta puedo llegar a comprenderlo, no la pasó, tal vez no se lo contaron. Pero que lo diga gente grande, y que lo diga gente grande formada, o que lo relativice o que diga: “Sí, pero…”. Hay líneas que no se cruzan, y sobre todo de las que no se vuelve. Esa es una.

—¿Y que lo diga quien nos representa?

—¿Quién nos representa?

—El Presidente.

—No, para mí ya está. El Presidente es el que viene y en ese sentido estoy tranquilo.

—¿Vas a estar en la plaza en diciembre?

Voy a estar ahí, sí. Ojalá que seamos muchos. Voy a estar con mi hijo, tengo muchas ganas de que venga. Yo estuve en la plaza en el 83, el otro día le contaba a él. Tenía 15 años en el 83, y fue un momento que atesoro hasta hoy. Tenía 15 añitos. Yo por lo menos voy a ir el 10 de diciembre, y ojalá que él me quiera acompañar.

—¿Lo vivís con esa misma alegría, con la del 83?

—No hago ese paralelismo porque claramente de lo que se salía en el 83 era de una dictadura militar. Ahora no se está haciendo de una dictadura militar. Pero lo vivo con ilusión y con esperanza.

—Te bancás que Benito escuche trap. Pero si te sale de derecha, ¿qué hacés?

—No, no, no creo que haya muchas chances de eso. Será lo que quiera ser, pero…

—Lo vas a seguir queriendo igual.

—Un poco menos (risas).


—Con el cambio cultural y social que estamos viviendo, ¿te encontraste repensando tu recorrido y pensando si alguna vez te podés en algo?

—Sí, muchas veces. Soy un tipo de 51 años y como todos los tipos de 51 años hemos crecido hijos de de la cultura Olmedo, Hugo Moser… Porque si no es muy hipócrita todo. Probablemente hoy esa gente no resistiría un programa de televisión.¿O el sketch de “Me trajiste a la nena” lo pondrían al aire hoy? No estamos hablando de degenerados, estamos hablando de íconos culturales de una cultura machista, retrógrada, si querés absurda, mirada desde hoy, ¿no? Los tipos de mi edad sobreactuando, sobreactuando pañuelo verde, desconfío un poco de esos aliados sobreactuados. Desconfío. Son tipos que no están revisando sus conductas. No me gustan los caballeros full time. Esos tipos que no tienen manchas, que aparentemente todo el tiempo han sido impolutos. La historia nos enseña que toda esa gente, desde los políticos hasta los domésticos, y, viste…

—Si Alberto Fernández te invita a una guitarreada vas contento.

—Claro, sí, es un tipo con el cual comulgo en muchísimas cosas, incluso desde hace un tiempo, desde cuando muchos kirchneristas estaban enojados con Alberto. Yo lo defendí siempre puertas adentro, en sobremesas de amigos lo defendía a Alberto, hace dos años ponele. Es un tipo muy formado, muy interesante, y al cual le deseo lo mejor. Hay que ver qué pasa en el ejercicio del poder, que es bravísimo, y será complejo y probablemente entre en contradicciones. Una cosa es estar en el llano y otra cosa es estar ahí, activando.

—¿Creés que el presidente va a ser él y no esa fantasía que tienen algunos?

—Él es un tipo con el suficiente carácter, temperamento y convicción… Es mi lectura política del asunto. Que va haber tensiones, sí, claro; en todas las alianzas políticas hay tensiones. El peronismo es un movimiento enorme que va desde Grabois hasta Manzur. ¿Va a haber tensiones? Por supuesto, siempre las hubo en el peronismo. ¿Cómo las resolvió el peronismo? Y... a veces las resolvió mal, otras veces bien.

—¿Crees que nos vamos a amigar los argentinos?

—¿Amigar con quién?

—Entre nosotros.

—¿Con todo el mundo? No, yo no me quiero amigar con todo el mundo. ¿Qué es eso de amigarse? Eso es una propaganda de yogur. ¿Todos juntos con la bandera argentina saliendo por la calle? Eso no existe.

—¿No sentís que hoy todo se transforma en Boca River? Aborto, feminismo, golpe de Estado en Bolivia… Todo es de posiciones extremas.

Yo no me quiero amigar con alguien que quiere meter presa a una chica que aborta. Yo no me quiero amigar con esa gente; para mí, ahí no hay muchos grises. Lo cual no significa que yo no pueda entender algunos argumentos de gente que, por convicción religiosa o por convicción personal, piensa que es mejor no abortar. En la historia hay momentos donde estás de un lado o del otro en la vereda, no todas son veredas del sol. Eso de pensar una patria como un espacio donde todos vamos detrás de la bandera argentina queriendo lo mismo, es una mirada muy cándida de la historia… Yo no quiero amigarme con alguien que cree que enseñarle a un chico de 14 años lo que es un preservativo está mal. No quiero amigarme, no quiero tener nada que ver con esa gente. Por eso voy a cerrar Twitter (risas), porque hay muchos de esos. En ese sentido, está sobrestimada la tolerancia.

—Sabés que es polémico que digas “está sobrestimada la tolerancia”.

—Bueno, me corrijo… Ya sé, va a ser el título: “Está sobrestimada la tolerancia”. Yo no tolero a todo el mundo. A ver, al fin y al cabo, ¿qué es la tolerancia? ¿Respeto tu opinión de que los nazis eran nazis? ¿Respeto tu opinión de que había gente que pensaba que estaba bien tirar gente de los aviones? No respeto nada de todo eso. ¿Estamos todos locos? No respeto nada.

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