El 85% de los argentinos nos conectamos casi constantemente o varias veces al día. Entre los jóvenes, ese porcentaje llega casi al 95%. Además, el 81% de las mujeres somos usuarias de internet comparado con el 71% de los hombres. Esto impacta directamente en nuestras actividades culturales: el cine y el teatro pierden contra el celular y la televisión. Estos datos se desprenden de un estudio sobre consumos digitales dirigido por los investigadores Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski.

Algunos dicen que esto es positivo y que las redes sociales promueven una nueva forma de democracia. Otros, sostienen que va a pasar como con el cigarrillo. Lo cierto es que las nuevas tecnologías siempre generan algún tipo de incertidumbre. "Yo digo que hay que esperar y ver qué pasa: ni el telégrafo fue la salvación de la democracia ni fue la perdición de los vínculos sociales", explica Eugenia Mitchelstein.

Mitchelstein es directora de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de San Andrés y codirectora del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad (MESO), desde donde lideró junto a Pablo Boczkowski un ambicioso estudio sobre consumos culturales digitales de los argentinos, que incluyó 700 encuestas domiciliarias en la Ciudad de Buenos Aires y GBA y más de 150 entrevistas en profundidad. Mitchelstein  piensa en la redacción de Infobae y propone una lectura alternativa de todo este complejo entramado. Y dice: "¿No son en verdad (los celulares y las redes) como una ciudad, un ambiente en el que vivimos? Es parte de nuestra vida, de nuestra sociabilidad."

—¿Cuáles son los resultados que más te sorprendieron del estudio?

—Nosotros hicimos encuestas domiciliarias y entrevistas personalizadas, profundas. Es decir, nosotros sabemos qué hace la gente con los medios y también por qué lo hace, cómo se siente. El principal hallazgo de esta investigación es que así como la imprenta definió el horizonte social de los siglos XVI a XIX y el teléfono de línea y la radiodifusión lo definieron durante el siglo XX, en el siglo XXI –del que ya estamos terminando su segunda década- ese lugar es ocupado por la internet y las redes sociales. O sea, lo que nos diferencia es que estamos todo el tiempo conectados.

—¿Y eso cómo nos cambia la vida a los argentinos? Por ejemplo, en el entretenimiento, en el acceso a la cultura.

—Lo que nosotros vemos es que las actividades que requieren tanto una inversión puntual de dinero (ir al cine y al teatro, por ejemplo) como una inversión muy definida de atención (el cine y el teatro requieren dos horas de atención permanente en una pantalla fija, en un escenario), pierden contra las actividades culturales que uno podría llamar "ambiente", que no requieren una inversión puntual de dinero (el celular, la televisión, uno los compra de una vez y para siempre). Entonces, cuando se les pregunta a las personas por sus actividades culturales, las tres primeras son la televisión, la música y las redes sociales. Es decir, queremos estar inmersos en la cultura (la televisión, las redes sociales, son una forma de cultura), pero en una cultura que nos permita hacer otras cosas al mismo tiempo, en simultáneo.

 

—¿Y es lo mismo para las mujeres que para los hombres? ¿Hicieron una distinción de género en el estudio?

—No tanto en las actividades culturales, o de entretenimiento en general. Pero las mujeres usan más redes sociales para informarse que los hombres, que utilizan más la radio.

—¿Encontraron una explicación a esa tendencia?

—Una explicación posible es que las mujeres generalmente somos las encargadas de los vínculos sociales en la familia y con los amigos. Este trabajo de mantener los vínculos sociales que hacemos las mujeres, tanto en la vida "offline" como en la vida "online", incluye estar atentos a lo que pasa en las noticias que circulan en las redes sociales. Cuando una entra a Facebook para mantener sus vínculos sociales, también se encuentra, de manera incidental, con noticias.

—El feminismo y la lucha que muchas mujeres están desarrollando en este último tiempo, ¿influyó de alguna manera en que las mujeres se vuelquen más hacia las redes sociales que a lo que ofrecen los medios de comunicación tradicionales?

—No investigamos eso en particular, pero es un excelente punto. A mí me queda la duda de si tal vez no sea al revés: como estamos más las mujeres en las redes sociales, dedicamos ese espacio a temas más propios nuestros, el feminismo. Mientras que los hombres, más volcados, por ejemplo, a la radio –uno de los medios más tradicionales, si se quiere- se sienten más identificados ahí. Además, la radio es un medio bastante poco feminista: si uno escucha los chistes de la radio, los humoristas de la radio, hasta sus comentaristas, no sorprende que las mujeres estén más lejos de la radio. Entonces podría ser que estamos más en las redes sociales porque son más amigables para las mujeres; pero también que como estamos más tiempo en las redes es en ellas donde se plantean justamente esos temas, los vinculados al feminismo o a los temas de género.

—¿Y qué pasa cuando nos desconectamos de la tecnología?

—Lo primero que detectamos es que nos desconectamos muy poco. El 85% de los encuestados, sin que importe la edad o el nivel socioeconómico, dice que se conecta casi constantemente o varias veces al día. Entre los jóvenes, ese porcentaje llega casi al 95%. Y en algunos casos, la desconexión es vista como una pérdida. Una chica que se había olvidado una vez el celular en su casa materna dijo en la entrevista que había sentido que sin el celular se moría. Otra chica dijo: "tengo el teléfono prendido todo el tiempo. Si voy a trabajar y me lo olvido, vuelvo a mi casa a buscarlo. El único momento en que lo apago es cuando voy a misa".

—Más allá de los beneficios de estar conectado, también suele hablarse de lo negativo, de la dependencia excesiva de lo digital. Algunos especialistas hasta hablan de adicciones. ¿Qué conclusiones sacaron ustedes en el estudio?

—La pregunta que yo me hago es otra: si el celular y las redes son el medio en que vivimos, ¿por qué pensarlos como algo separado de nuestra vida? ¿No es en verdad como una ciudad, un ambiente en el que vivimos? Es parte de nuestra vida, de nuestra sociabilidad. Las fotos que tomamos están en nuestro celular, por ejemplo. Eso es parte de nuestra vida cotidiana. Entonces, pensarlo en términos de adicción no me parece lo más adecuado. ¿Podemos estar adictos a nuestra ciudad, por ejemplo? No, simplemente es el medio en que vivimos.

—Hace unos días entrevistamos en Infobae a un especialista en seguridad informática y dijo que, en su opinión, el uso del celular y de las redes iba a entenderse dentro de pocos años como se entendía hasta no hace mucho prender un cigarrillo en un avión.

—Yo soy de las generaciones que vieron cigarrillos prendidos en aviones.. Las nuevas tecnologías generan temor y celebración en simultáneo. Algunos dicen que son geniales, que promueven una nueva forma de democracia, que todos vamos a poder participar; esos son los tecnoutopistas. Y otros especialistas, los tecnopesismistas, dicen que no, que va a pasar como con el cigarrillo. Yo digo que hay que esperar y ver qué pasa: ni el telégrafo fue la salvación de la democracia ni fue la perdición de los vínculos sociales; tampoco la radio ni la televisión. Todo este discurso sobre la adicción ya lo vivimos con la televisión. Alguna entrevistada nos decía: "Yo creo que dentro de algunos años va a pasar lo que pasó con el cigarrillo: nos van a decir que usar el celular genera cáncer."

—Esperar a ver qué pasa, entonces, al mismo tiempo que trabajamos sobre un consumo responsable, ¿no?

—Claro. Estar las 24 horas del día haciendo lo mismo no es bueno; todos lo sabemos. Que alguna gente mira todo el día televisión es una realidad; ¿pero es la mayoría la que hace eso? Obviamente no. Lo mismo ocurre con el celular. No se puede generalizar a partir de unos pocos casos.