No lleva capa ni pipa pero sus dotes de investigador no distan mucho de los de Sherlock Holmes. Al igual que el detective inglés, sabe que la clave para atrapar a los criminales es prestar atención a los detalles. Se trata del doctor Horacio Azzolin, abogado, apasionado de las nuevas tecnologías y encargado de dirigir la Unidad Fiscal Especializada de Ciberdelincuencia (UFECI) .

Azzolin y su equipo se encargan de combatir el ciberdelito, que en el último tiempo fue creciendo en volumen y sofisticación. Los más usuales, dice, son los fraudes bancarios y el uso de las redes sociales para cometer delitos que afectan niños: grooming, acoso y la difusión de pronografía infantil.

Hackers buenos

Tal como en cualquier otra fiscalía, en la UFECI trabajan con expedientes y papeles, aunque, como es de imaginar, gran parte de su tarea se desempeña en el mundo digital. ¿Cuentan con el apoyo de hackers? "Hacker no es una mala palabra en sí. Tenemos
técnicos que trabajan para nosotros y de otras áreas del estado con los que trabajamos en investigación. Usamos internet para investigar, siempre partimos de que toda actividad en internet deja rastros", destaca Azzolin.

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Atención a las huellas

Si ocurrió, algo quedó. Nada desaparece por completo. Si bien es posible navegar sin dejar rastros, lo cierto es que a la larga o a la corta el criminal se conectará "de forma tradicional" y esto generará una dirección IP "que identifica una conexión determinada y por lo general es rastreable", dice el fiscal. Y añade: "también están los patrones de conducta, cierta información que la persona deja cuando accede a internet".

Ladrones que caen por ego, codicia o necesidad

La persona que comete un delito lo hace movido por algún tipo de motivación que puede ser de tipo político, económico o afectivo, como ocurre en el caso de la venganza. Y esa motivación suele dejar rastros. "Quien tiene que ganar dinero tiene que cobrar esa plata y si
hace anónima su conexión no puede hacer lo mismo con la forma de cobro", analiza el especialista.

En otros casos las huellas surgen del deseo del cibercriminal por mostrar sus habilidades. "En parte es una competencia de egos. El que vulnera el sistema lo hace para decir que es mejor que el sistema o que el que programó el sistema y eso deja una marca. En algún lugar se van a vanagloriar de eso", dice.

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Pensar fuera de la caja

Si bien el cifrado dificulta el trabajo de investigación, Azzolin está a favor de este sistema porque, dice "hay que proteger la privacidad de los usuarios". Claro que el límite está dado por los requerimientos legales. Cuando media una orden judicial todo cambia. De todos modos y más allá de eso, Azzolin dice que, a la hora de buscar datos hay que "pensar fuera de la caja".

"Si uno está con una investigación que afecta comunicación con cifrado hay otras formas de nutrirse de información alrededor de eso. Vos podés no acceder al teléfono pero capaz esa data se replica en un sistema en la nube donde hay un back up de todo, por ejemplo", analiza.

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Los tiempos para resolver conflictos

¿Cuánto se tarda en desentrañar los ciberdelitos? La tecnología no siempre es el peor enemigo en estos casos. Si bien la forma de cometer delitos se sofistica cada vez más, la traba muchas veces pasa por cuestiones burocráticas ligadas al lugar donde se cometió el ilícito. Y en el universo digital eso es cada vez más complejo de situar. "Lo bueno y lo malo de internet es que es internacional. Podés tener la víctima en un país, el victimario en otro y los datos en un tercer país", detalla Azzolin.

La facilidad o dificultad con que se lleva eso adelante depende mucho de la fluidez en las relaciones y los acuerdos que haya entre las distintas naciones involucradas. "Si es dentro del país en la región de Latinoamérica y el Caribe se puede resolver en pocos meses, cuando depende de la colaboración con países del hemisferio norte se tarda más", concluye.