La fama de Milo como artista ya puede catalogarse como internacional. No solo tiene varios premios ganados y se lo reconoce como uno de "los que más venden" sino que además, haciendo lo que más le gusta ayuda a muchos otros. Por eso le sobran razones para ser una persona feliz y agradecida.

Lockett logró desde un principio darle identidad a sus cuadros. Aún gente poco cercana a la pintura puede reconocer su obra en donde esté: exuberancia de colores, líneas muy definidas, gracilidad de las figuras y hasta incluso la utilización de palabras son todas huellas que facilitan su identificación.

Nacido en Chaco, este artista autodidacta se decidió transitar por la plástica luego de descubrir que había postergado esta vocación por volcar su foco y su esfuerzo en una empresa textil que, de todos modos, lo dejaría sin un peso tras la estrepitosa caída que vivió la Argentina en el 2001.

Milo Locket
Milo Locket

Su obra es tan fácilmente identificable como su vocación solidaria. Dona un promedio de 200 obras para subastas a beneficio y participa activamente en numerosos proyectos sociales: colabora con Unicef, realizó los talleres Estampando geografía, que se llevan a cabo en pequeñas ciudades del Norte para que los chicos puedan valorar su entorno; produjo la Gira Interminable, que consiste en la confección de murales en jardines de infantes hechos por chicos con síndrome de Down, realizó talleres masivos de pintura al aire libre y trabaja junto a Juan Carr en Mundo Invisible.

Una de las obras de Milo Locket
Una de las obras de Milo Locket

Aunque parezca que su faceta solidaria nació de la fama y la crisis vivida del año 2000, su vocación de servicio venía de lejos. "Yo creo que la solidaridad no se piensa ni se siente sino que se practica. Mucha gente cree que para ser solidario uno debe irse al África. Pero uno tiene que ser solidario primero con la gente con la que uno convive" señala.

El atelier de Milo Locket está ubicado en Palermo
El atelier de Milo Locket está ubicado en Palermo

Trabaja muchas horas en su taller y habla con quien se acerca hasta su atelier. Sin dudas, en un oficio que suele ser por demás solitario, ese contacto le genera un feedback que pocos pintores consiguen. También le sirven para conocer de primera mano los padecimientos y las necesidades de mucha gente. Él lo usa para alimentar su obra de servicio: "Uno empieza a ser solidario en su casa; luego es solidario con sus vecinos y con el barrio. Después puede avanzar hacia la escuela de la comunidad. Pero siempre a la solidaridad no hay que declamarla, hay que ponerla en práctica", concluye.

SEGUÍ LEYENDO: