
El presunto sicario uruguayo Rodolfo Nicolás Caraballo Escobar, acusado de los homicidios de Fabián Sturm Jardón, en Recoleta, y Marcelo Nicolás González Algerini, en Pilar, se negó la mañana de este lunes a declarar ante el juez federal de Campana Adrián González Charvay, indicaron fuentes del caso a Infobae.
En la indagatoria estuvieron presentes el fiscal federal Sebastián Bringas de Campana, Matías Álvarez, fiscal de Procunar, la defensora oficial de Caraballo Escobar y una fuerte custodia de personal de grupos especiales de PFA y del Servicio Penitenciario Federal.
Durante la audiencia, se le informó a Caraballo Escobar sobre las pruebas en su contra y los derechos constitucionales que lo asisten. El killer eligió no prestar conformidad, es decir, que no asumió su responsabilidad en los hechos imputados. “No realizó gestos ni dijo palabras de más. Se mostró muy autocontrolado y tranquilo”, precisaron las fuentes.
Tras el cara a cara con los investigadores, será trasladado a una prisión federal acorde a su perfil criminal, donde será alojado de forma definitiva. En tanto, el juez cuenta con diez días hábiles, desde hoy, para definir su situación procesal.
Charvay le imputa los homicidios de Sturm Jardón y de Algerini, también uruguayos, y de otros delitos relacionados: el robo de la riñonera de Sturm Jardón, falsificar una cédula de identidad a nombre de otro recluso uruguayo y haber suprimido y alterado la numeración del arma de fuego calibre 9x19 mm marca Glock, que habría utilizado para asesinar a las víctimas.
Caraballo Escobar llegó el miércoles por la noche a la Argentina, extraditado de Brasil, a donde se había fugado. Arribó escoltado por agentes de Interpol y de la División Investigación Federal de Fugitivos y Extradiciones de la Policía Federal Argentina, en un vuelo comercial, tal como reveló Infobae ese mismo día.
Luego de las fotos que sacaron del capturado en el aeropuerto de Ezeiza, frente al Duty Free, el sicario fue alojado en un calabozo de la PFA en CABA, donde permanece detenido bajo una estricta vigilancia y hermetismo.
La saga de crímenes que protagonizó
De acuerdo a los registros, su carrera delictiva comenzó en agosto de 2022.
En ese entonces, Caraballo Escobar cumplía una condena en la Unidad N°4 de Montevideo por los delitos de coautoría de homicidio y posesión de arma de fuego, cuando se fugó de la prisión ocultándose dentro de un contenedor de residuos mientras realizaba tareas de limpieza. La Oficina Central Nacional (OCN) Interpol Montevideo emitió una Notificación Roja para su captura internacional.

Los investigadores lograron establecer que se había refugiado en Brasil, pero no lograron localizarlo con exactitud. Ingresó a Argentina en 2023 con una identidad usurpada a otro recluso uruguayo. Joaquín Andrés Amoros Sanguinetti, se podía leer en la identificación que llevaba su fotografía.
De alguna manera, Caraballo Escobar se mantuvo bajo el radar de las autoridades por varios meses. Hasta el 12 de octubre de 2024: Marcelo Nicolás González Algerini, también nacido del otro lado del río de La Plata, fue acribillado bajo el inconfundible sello mafioso del narcotráfico. Ocurrió en inmediaciones de un kiosco de la calle San Cayetano al 800, en Monterrey, un barrio de casas bajas de la localidad de La Lonja, en el partido de Pilar.
De acuerdo a la acusación, cerca de las 18:15, una camioneta Jeep Renegade, color oscuro, con patente apócrifa, se puso a la par de una Chevrolet Tracker, conducida por González Algerini.
Sin bajarse del vehículo, el sicario disparó al menos diez veces con una pistola 9x19 mm, modelo Glock, con numeración erradicada y supresor de sonido incorporado.
El calibre, especial para el sicariato, y el arma, la más sofisticada y utilizada por grupos de élite, apta para enfrentamientos, top para combates de corto alcance. Claro que el tirador debe estar capacitado para utilizarla.
Entre seis y nueve proyectiles impactaron en el cuerpo de la víctima. Caraballo Escobar escapó en la Renegade que abandonó en el barrio Los Tilos.
Otra vez, permaneció agazapado, aunque por poco tiempo. Dos meses más tarde, en diciembre, también el 12, a varios kilómetros de distancia de La Lonja, otro compatriota, Fabián Sturm Jardón, fue ejecutado en pleno Recoleta, frente a un kiosco de la calle Paraguay al 2900.
Cuando lo vio pasar, a las 00.51, Caraballo Escobar bajó de una Volkswagen Suran estacionada y, por la espalda, le disparó siete veces a escasa distancia. Mientras la víctima agonizaba en el suelo, el killer tomó la riñonera que llevaba colgada. Toda la secuencia quedó registrada por una cámara de seguridad.
Luego, escapó caminando en dirección a la calle Agüero, donde abordó un Fiat Cronos. Anduvo varias cuadras, se bajó y desapareció.
En el interior del auto, la Policía encontró un par de guantes y el arma de fuego utilizada en el homicidio: una pistola calibre 9x19 mm, modelo Glock, con numeración erradicada y supresor de sonido incorporado.
Hubo otro violento episodio que lo tuvo como personaje central, aunque no ya como autor de un delito, sino como víctima de un ataque a tiros. El 25 de septiembre del 2024, alrededor de las 22.30, una Jeep Renegade de color oscuro se aproximó a la puerta de la casa de Derqui (Pilar) donde residía. Uno de los ocupantes de la camioneta se bajó y le efectuó al menos 17 disparos. Ninguno dio en el blanco. ¿Casualidad? ¿Milagro? Es probable que haya sido más una advertencia de la organización para la que trabajaba.
Aunque no figura en el expediente, no hay dudas de que los movimientos y la actividad de Caraballo Escobar en Argentina pusieron de manifiesto un cambio de paradigma en los últimos años, relacionado con la presencia de grupos uruguayos del crimen organizado en Argentina, con una logística y gerenciamiento del narcotráfico de alta escala.
En ese universo aparece, casi exclusivamente, el nombre de Sebastián Marset, el capo narco uruguayo señalado como el autor intelectual del asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en 2022 y que es buscado por múltiples países.
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