
Tony Janzen Valverde, alias “Pequeño J”, detenido en la noche del martes en la autopista Panamericana Sur, a 70 kilómetros de Lima, acusado de ser el cerebro del infame triple femicidio de Florencio Varela, sabía muy bien a dónde venía cuando llegó de forma ilegal a la Argentina para probar suerte con una Glock calibre .40 y convertirse él mismo en un capo. Otros delincuentes oriundos de Perú, en cierta forma, le marcaron el camino.
“Pequeño Jota”, si es que es culpable, no es el primer pandillero de su país acusado de matar mujeres en la zona sur del conurbano. Tuvo un predecesor: Luis Gustavo Valderrama Pac, oriundo de Trujillo tal como “Pequeño J”. Su alias era “Ben 10″.
En su país, Valderrama integraba una banda que la prensa peruana llamó “Los Injertos”. Irónicamente, Janzen Valverde, el padre de “Pequeño J”, era parte de una banda del mismo nombre; un pandillero rival lo mató a tiros en 2018, según un artículo del periódico peruano La República. Su hijo, a través de un mensaje en su muro de Facebook, juró venganza.
El 20 de septiembre de 2022, “Ben 10″ fue condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Florencio Varela a 27 años de prisión por tres asesinatos, entre ellos, un doble femicidio. El trasfondo de ese crimen fue el negocio narco, en una historia idéntica a la de Brenda, Morena y Lara.

El hecho ocurrió a fines de junio de 2018. Magalí Otranto, 28 y Denise Rosana Sudera, de 30 años, madre de un hijo, pareja del primo de Magalí, fueron masacradas en una pieza de una casilla en la Villa Itatí de Bernal. La madre de una de ellas había recibido un audio amenazante por WhatsApp semanas antes. Allí, un hombre decía: “Ahora van a ver la mierda que soy”.
El responsable de ese audio, en los pasillos de la Itatí, era conocido como “Ben 10”.
Cerca de las víctimas creían que "Ben 10″ se había instalado en la zona hace poco tiempo junto a un cómplice argentino para vender cocaína y pasta base, que aterrorizaba a gente del barrio, que habían venido para copar. La casilla del cómplice de “Ben 10” fue allanada y derribada. “Pequeño J”, irónicamente, también tuvo su cómplice argentino, Matías Ozorio, detenido en Perú junto a él.
Denise y Magalí fueron asesinadas, creían sus familias, porque el narco peruano y su cómplice argentino sospechaban que vendían droga para una banda rival. La Bonaerense finalmente detuvo a “Ben 10” en mayo de 2019. Cayó en Florencio Varela, en la zona de Ingeniero Allan. Allí, les mostró a los policías un documento trucho.

Dos policías muertos
A Valderrama Pac no lo condenaron en 2022 solo por el doble femicidio: también se lo acusó de ser parte de la muerte a tiros del subteniente de la Bonaerense Andrés Arnaldo López, ocurrida el 30 de diciembre de 2018.
López fue baleado en plena noche la zona de La Capilla, una parte rural de Florencio Varela. López había acudido al lugar, un descampado, luego de que vecinos reportaran al 911 que un grupo de personas intentaba tomar el lugar. Los usurpadores combatieron a la Bonaerense a tiros. El subteniente sufrió disparos en el diafragma y en el hígado. Murió nueve días después.
Peor todavía: Valderrama Pac había cruzado a la Argentina con una circular roja de Interpol en su contra. “Frente amplia, cejas ralas, cabello corto lacio negro, ojos alargados, orejas medianas, 1,72 de estatura”, decía su ficha. El delito: otro asesinato de otro policía, esta vez en Perú.
El comandante Pedro Pablo Guerrero de la Policía Nacional se llevó un tiro en la cara por evitar que le robaran en la víspera de Año Nuevo de 2014, cuando hacía la fila en una pollería de la zona limeña de El Cercado, para comprar un pollo a la brasa. “Los Injertos” llegaron al lugar para robar el lugar. “Ben 10″ fue, según la acusación en su contra, el chofer del asalto.
En 2017, cinco miembros de la banda de “Los Injertos” recibieron penas de prisión perpetua por el delito de homicidio y robo seguido de muerte. Varios de ellos usaban apodos coloridos, algunos inspirados en la grilla del viejo Cartoon Network, tal como Valderrama Pac. A uno de ellos, Alexander Cortez, le decían “Johnny Bravo”.
A Nelson Reyes Hernández, limeño, le decían “Galileo”. Y “Galileo” Reyes Hernández, igual que escurridizo que sus compañeros, también terminó en una celda bonaerense.
Cómo las autoridades lo encontraron es una historia al menos interesante.

Los investigadores que le siguieron el rastro a ”Ben 10″ conectaron los puntos de la banda y llegaron hasta Reyes Hernández. Descubrieron que había entrado de manera ilegal, bajo identidad falsa.
Estaba detenido bajo otro nombre en una celda en la comisaría 6º de Tigre por una causa por drogas, tras ser arrestado en la zona de Virreyes, junto a otros seis sospechosos y algunas bandas tumberas. La comparación con las huellas dactilares en la base de Interpol terminó por confirmar su verdadera identidad.
Tanto Reyes Hernández como Valderrama Pac terminaron presos en penales federales, donde recibieron documentos argentinos provisorios, números 62 y 63 millones, otra ironía de tantas. “Galileo” hasta trabajó en blanco en prisión. La defensora oficial de Valderrama Pac intentó lograr su arresto domiciliario en 2020 con la excusa de la pandemia del coronavirus. La Sala III de la Cámara Federal de La Plata le negó la chance.
La Justicia peruana requirió la extradición de “Ben 10″ al Estado argentino por el crimen de la pollería, bajo las calificaciones de robo seguido de muerte y asociación ilícita. Sin embargo, es difícil que el sanguinario hampón vuelva pronto a su país: su pena bonaerense, de efectivo cumplimiento, a la que se sumó otra condena de un tribunal porteño, vencerá en diciembre de 2047.
“Esta circunstancia motivó que el Poder Ejecutivo Nacional -a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto- postergara la entrega de Valderrama Pac a las autoridades de la República del Perú hasta el momento en que se encuentre en condiciones de ser trasladado”, asegura otro fallo de la Sala III de la Cámara Federal de La Plata, firmado en 2023.
“Pequeño J”, por lo pronto, no fue acusado de narcotráfico: no se halló droga, por ejemplo, en los más de diez allanamientos realizados en el expediente en su contra. “Ben 10″, su coterráneo, el hombre del cual copió su historia tan vez sin saberlo, tampoco fue condenado en la Justicia argentina por ese delito.
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