Una casa discreta, en una calle de tierra, al borde de un barrio tranquilo. Allí, en Florencio Varela, fueron encontrados los cuerpos de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, las tres jóvenes que estuvieron desaparecidas durante cinco días antes en La Matanza. La escena generó conmoción en los vecinos, que aún intentan entender cómo pudo ocurrir algo así en una zona que describen como segura, donde todos se conocen y rara vez hay sobresaltos.
La vivienda en la que fueron encontrados los cuerpos de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez está ubicada en el barrio Mayol, en Florencio Varela, en una zona atravesada por calles de tierra, fábricas y galpones, con pocos registros de videovigilancia. Allí, sobre la calle San Nicolás, se desarrolló un intenso operativo policial que incluyó la participación de la Policía Científica y peritos forenses.
Según se informó, los cuerpos fueron hallados descuartizados dentro de una vivienda que, hasta hace poco, pasaba prácticamente inadvertida para muchos vecinos.
Los testimonios recogidos por TN ofrecen un retrato del entorno inmediato. Una vecina que reside a cinco cuadras del lugar donde aparecieron los cuerpos expresó su sorpresa por lo sucedido. “Me impresiona para mal. No lo podemos creer. No conozco a ninguna de las personas que habitaban esa casa, ni antes ni ahora, conozco la casa de pasar por ahí solamente”, aseguró.
La vivienda en cuestión, descrita por los vecinos como un lugar silencioso y sin movimiento visible, se encuentra en un área que, pese a sus limitaciones en materia de infraestructura urbana, es considerada segura por quienes viven allí desde hace años.
Según su descripción, la calle San Nicolás —en la que se encuentra la vivienda peritada— conecta con dos avenidas y es transitada a diario por personas que se dirigen a distintos puntos de Florencio Varela. “No es un descampado ni está alejado de todo. Por acá hay mucho tráfico, mucha gente pasa por acá”, agregó.
La intervención policial alteró por completo la dinámica del barrio. En simultáneo con los peritajes, se cortaron accesos a varias calles aledañas y muchos comercios debieron cerrar sus puertas, ante la imposibilidad de que los clientes llegaran hasta los locales.
En particular, se trazó un perímetro amplio alrededor de la calle Sarmiento, una arteria de tierra que divide a Villa Bateone y marca el final de la consigna policial.

“Hace cuatro años que vivo acá, en esta casa. Voy y vengo tranquilo, para mí es un barrio seguro, nunca había pasado nada”, relató el dueño de una barbería ubicada sobre la misma calle San Nicolás. Al igual que otros vecinos, dijo no conocer a quienes ocupaban actualmente la vivienda investigada. “Escuché que alquilaba un muchacho peruano por las noticias, pero no lo conozco. Alquileres hay un montón por la zona. Nunca supe cómo era”, explicó.
En la misma línea, otra residente dijo: “No conocía a ninguna de las personas que vivía ahí, para mí era un lugar abandonado, nunca vi entrar ni salir a alguien de ahí”.
La percepción de seguridad se repite en varios de los testimonios, pese al horror generado por el hallazgo. “Desde los 8 años que vivo en el barrio y siempre caminé por la calle, y no vi nada como lo que pasó”, sostuvo el barbero. Otro vecino, con más de dos décadas en el lugar, añadió: “Hace 21 años que vivo en el barrio. Los vecinos tenemos mucho contacto entre nosotros, nos conocemos”.
Según información de Infobae, la vivienda había comenzado a ser habitada hacía aproximadamente cuatro o cinco meses por personas que, de acuerdo al relato de algunos residentes, serían de nacionalidad peruana. No obstante, esa información aún no fue confirmada de forma oficial. Antes, vivió allí una pareja durante cinco años; tras su separación, la propiedad fue puesta en alquiler a nuevos inquilinos.

El operativo policial se desarrolló luego de que se detectara la activación del celular de una de las jóvenes en la zona. A partir de ese dato, la Policía de la Provincia de Buenos Aires montó un despliegue que incluyó la recolección de testimonios y el análisis de posibles rastros dentro de la casa. Algunas versiones indicaron la presencia de manchas de sangre y un fuerte olor a lavandina.
Además del hallazgo, dos personas fueron detenidas en el marco de la investigación, que es encabezada por el fiscal Gastón Duplaá, del Departamento Judicial de La Matanza. La causa sigue en curso, bajo estricta reserva, y las autoridades trabajan para reconstruir los últimos movimientos de las víctimas.
Mientras tanto, el barrio intenta reponerse del impacto que dejó el crimen en un entorno donde, hasta ahora, los vecinos se sentían protegidos por la rutina cotidiana y el conocimiento mutuo.
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