La periodista Mercedes Ninci, de eltrece, lo abordó en la puerta de su domicilio para consultarle, de manera directa: “¿Fuiste quien asesinó a Diego Fernández?“.
Graf, que llegaba junto a su pareja, guardó silencio, intentó apartar el micrófono y, finalmente, soltó un enérgico “¡Noooo!”. La periodista insistió: “Pero el principal sospechoso sos vos”. Como respuesta recibió silencio y un portazo.
Según confirmaron fuentes judiciales, Graf vivió en su juventud en la propiedad de avenida Congreso donde, tras un derrumbe parcial del terreno durante una obra, se hallaron los huesos de la víctima.

La identificación se logró gracias a un estudio de ADN realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense, que determinó además que Diego murió de forma violenta, con lesiones compatibles con un arma blanca y posibles intentos de descuartizamiento.
Pese a la contundencia del hallazgo, el crimen de Fernández Lima prescribió hace casi dos décadas, ya que la ley argentina establece un plazo de 25 años para investigar delitos de este tipo que no son de lesa humanidad.
Por ello, aunque el fiscal Martín López Perrando evalúe citar a Graf, no habrá consecuencias penales para el presunto autor o encubridor. El objetivo, señalan desde la Procuración, es reconstruir lo ocurrido y ofrecer a la familia de Diego la verdad sobre lo sucedido.

La historia del hallazgo del cuerpo
En 1984, Diego Fernández Lima desapareció sin dejar rastro. Cuarenta y un años después, su historia volvió a ocupar titulares cuando, durante una obra en una vivienda de la avenida Congreso —junto a la que habitó Gustavo Cerati—, unos obreros encontraron restos óseos humanos.
El hallazgo se produjo en el jardín de la familia Graf, vecinos históricos del barrio. La sorpresa fue aún mayor cuando un testigo, tras la mediatización del caso, señaló a Norberto Cristian Graf, de 58 años, como alguien que habría conocido a la víctima y que residió en la casa donde aparecieron los restos. Graf, empleado de una multinacional y con dirección fiscal en esa propiedad, no figuraba en el círculo cercano de amistades o compañeros de actividades deportivas de Diego.
La ecuación parecía evidente: cadáver encontrado en el jardín del sospechoso. Pero la investigación enfrenta un obstáculo insalvable: la prescripción de la causa.

En Argentina, los homicidios que no son de lesa humanidad tienen un plazo de prescripción. El crimen de Diego, cometido presuntamente en 1984, quedó legalmente prescripto. Esto significa que, aunque existieran pruebas contundentes que señalaran al responsable, no podría ser juzgado ni condenado.
Ante esta limitación legal, la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°12 sostiene que su objetivo principal es reconstruir los hechos y esclarecer qué sucedió, para al menos brindar a la familia de Diego una respuesta que durante más de 40 años les fue negada.
La investigación, por tanto, se concentra en obtener testimonios, corroborar datos históricos y entender cómo el cuerpo de un adolescente terminó enterrado en el jardín de una familia que, hasta ahora, no había sido vinculada al caso.


El EAAF determinó que Diego sufrió heridas cortopunzantes en la cuarta costilla derecha y en algunas articulaciones, lesiones que podrían ser producto de un ataque directo o parte de un intento posterior de desmembramiento. Estas evidencias refuerzan la hipótesis de un homicidio violento y deliberado.
La pregunta que ahora domina la escena es inquietante: ¿qué ocurrió entre Diego y la familia Graf en 1984?, ¿cómo llegó su cuerpo a ser enterrado en ese jardín?, ¿qué supieron y callaron durante más de cuatro décadas? Aunque el fiscal López Perrando podría citar a Graf para obtener su versión, no existe obligación legal que lo fuerce a declarar, ni riesgo de que enfrente una condena penal.
El caso enfrenta así una paradoja dolorosa: por un lado, la ciencia y la investigación periodística acercan respuestas que antes parecían imposibles; por otro, el sistema judicial impide que esas respuestas se traduzcan en justicia efectiva.
Para la familia Fernández Lima, la única expectativa es que la reconstrucción de los hechos les permita, finalmente, conocer la verdad sobre la desaparición y muerte de Diego.
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