
Isaac Chemaya, empresario, comerciante, patriarca de su familia, falleció en Buenos Aires en 2020, a los 88 años de edad. Fue sepultado en el Cementerio Sefaradí, sobre la Ruta 202. Alcanza con leer su lápida para conocer la guerra que estalló entre sus hijos. Isaac fue padre de tres. Allí, en la piedra, lo evocaron solo “tus hijos, José y Héctor”. Judith, la tercera, abogada y escribana, quedó fuera, junto con su hija Florencia.
La guerra entre los tres, en los hechos, había estallado mucho antes de la muerte. El motivo: la herencia.
En un expediente iniciado en la Justicia porteña en 2019, José y Héctor Chemaya querellaron a Judith y a su hija, la también abogada Florencia Zvik, por supuestamente engañar a su padre un año antes mediante la firma de un contrato de fideicomiso para quedarse con el control de seis departamentos en zonas como Palermo. También, la acusaron de vaciarle una cuenta en un banco israelí y una caja de seguridad en un banco porteño, con más de 2,5 millones de dólares. Con el dinero, habrían comprado cuatro departamentos más.
El expediente -impulsado por Diego Sznurewicz, el abogado querellante de los hermanos- tuvo un camino al menos interesante. Comenzó en el Juzgado N°48; el juez Javier Sánchez Sarmiento finalmente sobreseyó a Judith y a su hija en noviembre de 2023. La fiscalía del caso ni siquiera impulsó la acusación.
Al año siguiente, la historia se revirtió, cuando, el 23 febrero de 2024, tras otra apelación de Sznurewicz, la Sala VII de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, integrada por los jueces Juan Cicciaro y Rodolfo Pociello Argerich, revocó el sobreseimiento y procesó a Chemaya y Zvik.

A comienzos de este mes, el Tribunal N°3, integrado por el juez Gustavo Valle, aprobó la oferta de las acusadas para acceder a la suspensión de un juicio a prueba, con un monto de $200 millones. Era su segunda oferta, en realidad: habían ofrecido apenas cinco millones en marzo último. La Sala VII, irónicamente, las había embargado por $300 millones. La querella de los hermanos -que pidió excluir a Judith del expediente de la sucesión de Isaac- no está de acuerdo y podrá apelar.
Infobae reveló la historia del caso este domingo. Hoy, revela la prueba del caso para acusar a madre e hija: la pericia psiquiátrica que una experta del Cuerpo Médico Forense le realizó a Isaac Chemaya un año antes de su muerte.
Allí, concluyó la Sala VII, se determinó que “Chemaya, al suscribir los documentos con efecto patrimonial que se describieran, no contaba con la capacidad cognitiva suficiente para comprender los efectos jurídicos que producían y ello fue aprovechado por las encausadas”. La calificación del caso, precisamente, es el delito de defraudación a un incapaz.

El 19 de diciembre de 2019, una especialista del Cuerpo Médico Forense se presentó a pedido del juez Sánchez Sarmiento en la clínica Ulme de Núñez, dedicada a neurorehabilitación, donde Chemaya padre se encontraba internado.
“Las facultades mentales de Chemaya Isaac no encuadran dentro de la normalidad desde el punto de vista médico legal. Presenta cuadro compatible con síndrome psicoorgánico que le ha producido la debilitación global de sus funciones psíquicas bajo la forma de deterioro cognitivo moderado-grave. En el aquí y ahora, no se encuentra en condiciones de declarar”, apuntó la especialista.
“Hay constancias de cuadro de angustia por limitaciones físicas y dolores intensos desde 2014, que le impiden realizar actividad física y descansar, lo que aumenta su malestar anímico”, continuó.
Para la especialista de la Corte Suprema, el plazo temporal, con un estudio realizado un año después de la supuesta defraudación, no era cuestión de polémica:
“Si bien no constan en autos historias clínicas de 2018, es posible inferir, por los datos de deterioro cognitivo que presenta en los estudios del 05-02-19 que llevara un tiempo padeciendo dicha patología, que se corresponden con las imágenes de RCM de cerebro relacionado a daño isquémico crónico, atrofia cortical difusa”.
En enero de 2020, se incorporaron historias clínicas de internaciones en otros dos centros médicos porteños, que aportaron datos similares.
“No hay forma de cotejar que las imputadas actuaran dolosamente”, aseguró Sánchez Sarmiento en su sobreseimiento, que razonó que Judith Chemaya actuó para proteger las propiedades de su padre, evitando la ejecución de una propiedad en la calle Scalabrini Ortiz por falta de pago de expensas.
Sin embargo, la perito del Cuerpo Médico Forense relató en su reporte enviado a Sánchez Sarmiento un episodio un tanto desagradable ocurrido con Judith Chemaya en la clínica Ulme.

Según su relato, la escribana la increpó cuando se identificó, asegurando: “No voy a permitir que toques a mi padre. Seguro venís a matarlo. ¿Cómo sé que no te envía la otra parte?“, en referencia a sus hermanos querellantes.
Finalmente, accedió a que la perito analice a Isaac en presencia de un médico de guardia, “pero la señora interfería en el examen contestando por su padre, o apretándole los brazos induciéndole la respuesta”.
“¿Qué? ¿No puedo acariciar a mi padre?“, gritó la escribana ante la objeción de la perito.
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