
La Sala II de la Cámara de Casación confirmó la pena dictada al sacerdote Manuel Fernando Pascual, condenado en diciembre de 2022 a 12 años de cárcel por el delito de violar a dos monjas durante cuatro años, un caso de abuso sexual gravemente ultrajante, con episodios de tocamientos y sexo oral. La imputación estuvo agravada por su rol como ministro de fe: el cura lideraba la congregación a la que las religiosas pertenecían.
De acuerdo a sus relatos, incluso, llegó a abusarlas en plena misa, mientras consagraba la eucaristía.
Pascual estuvo preso en la cárcel de Ezeiza. El 30 de abril de 2020, Mario Poli, cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires, se presentó en el Tribunal N°3 que lo juzgaba con un documento firmado por él mismo. Allí, Poli se propuso como “fiador personal para la concesión de su exención de prisión, a fin de ofrecer al Tribunal -para el caso en el que se considere inadecuado el domicilio aportado por la Defensa-, de cumplir la prisión domiciliaria en un domicilio del Arzobispado de Buenos Aires, del que soy el titular”.
Es decir, uno de los hombres más poderosos de la Iglesia argentina intentó convertirse en su garante. El cura ya había sido procesado por abuso en aquel entonces.

Así fueron los abusos
Manuel fue condenado tras un proceso de dos años, con una acusación encabezada por el fiscal Andrés Madrea. Los relatos de las monjas abusadas fueron la clave.
Entre 2012 y 2016, el cura, de acuerdo a la acusación en su contra, atacó a las religiosas integrantes de la congregación Hermanas de San José que tenía a su cargo. Los hechos, de acuerdo a los testimonios, ocurrieron en un campo en el partido de Capitán Sarmiento llamado La Ermita, donde la orden realizaba retiros espirituales, o en una obra a cargo de las Hermanas en la calle Ernesto Bavio en Núñez, el Hogar Amparo Maternal, que alberga a mujeres en situación de calle junto a sus hijos.
Hay momentos denigrantes en el expediente, provenientes de los relatos de las víctimas. Una de las religiosas, según su testimonio, habría sido abusada en el campo de las Hermanas de San José, mientras el cura daba misa en privado, en el momento exacto de la consagración de la Eucaristía.
En la privacidad del campo, con el pan en su mano, Pascual tomó a la religiosa y la acarició. Luego, sin soltar la Eucaristía, subió con su otra mano hasta su entrepierna. La monja, al sentirlo, rompió en llanto.

En su fallo maratónico de 156 páginas, los camaristas Daniel Morín, Horacio Días y Eugenio Sarrabayrouse valoraron la contundencia de la prueba presentada por Madrea.
“Lo primero que cabe resaltar es que en el caso los relatos de las damnificadas encuentran corroboración externa a través de la comúnmente denominada prueba indirecta, que en este caso se constituye, por los aportes de las psicólogas”, afirmó Morín en su voto.
Y siguió: “Las profesionales en psicología dieron cuenta de las experiencias narradas por las víctimas, destacando la ausencia de signos de fabulación en sus relatos, los cuales emergieron de forma progresiva debido al impacto psicológico que los hechos les ocasionaron”.
No solo se trató de las psicólogas, por otra parte: varios testigos que declararon en la causa corroboraron las acusaciones. Varios audios también fueron presentados, en donde Pascual trataba a una de sus víctimas como “bonita”, despidiéndose con un “chau, mi amor”.
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