
La calificación legal por la que los fiscales federales Santiago Marquevich y Claudia Frezzini pidieron la elevación a juicio de David Nazareno Ávila, un mensajero de General Roca, de 21 años, es extensa y grave. Lo acusan del delito de haber formado parte de agrupaciones que tienen por objeto imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor, agravado por tener la finalidad de aterrorizar a la población, en concurso ideal con haber alentado o incitado a la persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas.
Los representantes del Ministerio Público no le creyeron cuando, tras su detención, aseguró en la indagatoria que sus contactos en redes sociales con grupos yihadistas eran parte de “una broma” y que no tenía intención de unirse a ellos.
Sucede que ese argumento fue considerado irrelevante frente a toda la prueba reunida en el expediente. Todo comenzó el 22 de abril de 2024, cuando la Unidad Fiscal Especializada en Criminalidad Organizada (UFECO), a cargo de Marquevich, denunció ante la Fiscalía Federal de Campana que Ávila realizaría actividades de difusión y propaganda yihadista del autoproclamado Estado Islámico a través de las redes sociales Instagram, TikTok, Facebook, Telegram y Twitter, mediante la utilización de distintos usuarios.
Además, la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal del Ministerio de Seguridad de la Nación presentó un informe que aseguraba que el mensajero había tenido reuniones en el centro comercial Portal Escobar, sobre la ruta provincial 25 y colectora oeste.
El juez Adrián González Charvay, que intervenía en ese momento en la causa, ordenó la designación de un agente encubierto digital que fue clave para el avance de la investigación. De esta manera, pudieron comprobar que el joven, que había sido expulsado del Ejército, se vinculaba con diferentes grupos afines al Estado Islámico.
Preocupaba, en ese sentido, que la mensajería para la que trabajaba desde eñ 23 de diciembre de 2024, se encontraba al lado de una empresa de una familia judía. ¿Casualidad? Los encargados de la investigación no quisieron correr el riesgo. Lo detuvieron y lo allanaron en enero de este año. Le secuestraron el celular y Ávila aportó el patrón de seguridad para su desbloqueo.
A partir de ese momento, el cuerpo de evidencia creció. Los detectives encontraron un mensaje en el que pedía instrucciones para el armado de explosivos con el fin de cometer un ataque en Argentina.
“Mamá tiene todo lo que necesitas”, le respondió un usuario en Telegram y le envió dos archivos con documentos: “Hacer un artefacto explosivo de forma preventiva.pdf” y “Hacer un artefacto explosivo de la forma más sencilla.pdf”.
En esa red social, formaba parte de dos grupos: “Archivo de la Revolución Siria” y “Eres Vladislav Roslya”. “Me presento hermano, mi nombre es Naza, soy de Argentina y quiero ser mártir en Argentina”, le dijo a uno de los usuarios, a quien le escribió por privado en octubre pasado. Esa frase reafirmó la hipótesis de que Ávila podría convertirse en un “lobo solitario”.

“En Argentina tenemos un gobierno sionista que apoya a Israel y debe pagar por sus pecados sionistas. Quiero llevar a cabo un ataque”, “quiero aprender a hacer explosivos si me pueden ayudar”, completó. La foto que usaba era la de un soldado de la yihad, con una bandera del ISIS.
En su perfil de Facebook, en el que tenía varios “amigos” con nombres árabes, compartió dos videos de los atentados conocidos como la Masacre del Instituto Politécnico de Kerch” y la “Masacre de Columbine”.
En tanto, en WhatsApp, Ávila usaba el alias “free” (antes era “aa”) y estaba suscripto a grupos de venta de armas de fuego. También participaba de “Aspirantes a la Legión Francesa”, “batalla cultural por LLA” y otros con presunto idioma árabe que fueron interpretados como “realidad de los acontecimientos” y “conducta vesical”.

En diciembre de 2024, entabló una comunicación con un abonado que correspondería a la República de Siria. Se presentó como un argentino de 21 años que quería unirse a los rebeldes sirios.
Por último, en su perfil de Instagram - que llevaba la foto de una persona frente a una pared con manchas rojas, que parecían sangre, publicaba imágenes de personas con armas de fuego o en situación de guerra. Además, estaba suscripto al grupo “Muslim group Aqida”.
Los agentes no perdieron de vista que el mensajero registraba a su nombre una línea que tenía como foto de perfil una imagen con inscripciones en el idioma árabe.

También creaba perfiles con nombres ficticios y hasta exteriorizó su deso de adquirir armas. Preguntó en un grupo de compra y venta de armas por un arma larga por la que el comprador pedía 950 mil pesos.
“Todos van a sufrir” y “estoy enfocado en ahorrar para la masacre”, reveló a “Nico” el 24 de diciembre de 2024.
El 23 de enero, Charvay procesó al joven, a quien los fiscales consideraron que podría haber sido captado y reclutado por una célula del terrorismo a través de redes sociales y que estaba en “etapa de radicalización”.
La prueba hallada en su celular, asimismo, evidencia “actividades compatibles con una persona que estaba preparándose para cometer un atentado y que, además, anunciaba deliberadamente sus intenciones de hacerlo”.
En el mismo fallo, el juez dictó la incompetencia a favor de la Justicia federal de General Roca que ahora, tras el pedido de Marquevich y Frezzini, deberá definir si llega a juicio.
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