
Ayer lunes más tarde, Néstor Soto realizó una de las demostraciones más viscerales de la historia criminal reciente en el juicio en su contra. Ante el tribunal que podrá condenarlo a prisión perpetua, el asesino confeso de Catalina Gutiérrez demostró cómo, según su versión de los hechos, mató a su compañera de estudios del segundo año de la carrera de arquitectura de la Universidad de Córdoba el 18 de julio de 2024.
Soto, acusado del delito de asesinato calificado por alevosía y violencia de género, relató la supuesta secuencia, que comenzó con una discusión en su departamento. “Reaccioné con un golpe y le dije: ‘Cati, me fui a la mierda, perdón’. Ella me dijo: ‘Pelotudo, me pegaste re fuerte’. Me agarró de la remera y terminamos los dos en el piso peleando”, detalló ante los jueces de la Cámara en lo Criminal y Correccional de 11° Nominación de la capital cordobesa, Horacio Augusto Carranza (presidente), Susana Frascaroli y María Gabriela Rojas Moresi, junto a un jurado popular.
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Luego, dijo, la mató.

“Ella estaba en el piso y me tocó el cuello. Era una práctica que hacíamos antes. Me apretó fuerte la nuez y ahí se me apagó la tele. Ahí arranca el Néstor Soto loco. Le agarro las manos, se las zafo y hago la maniobra del mataleón. Lo hice fuerte y lo dejé de hacer. No es que me cayó la ficha. En ningún momento paró ese estado de emoción”, continuó. La maniobra del “mataleón”, o “mataleao”, es una técnica del jiu jitsu brasileño, donde el luchador se aferra a la cabeza de su oponente.
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Así, el juicio continúa, con la familia de Catalina representada por los abogados querellantes Santiago Capdevila y Carlos Hairabedian. Hoy se escucharán los alegatos en la sala. El veredicto llegará en una fecha a definir. Soto habló de un posible estado de emoción violenta, tal vez, en una búsqueda deliberada de aliviar la calificación en su contra, que podría enviarlo preso de por vida.
La realidad del expediente, sin embargo, es un poco más fría. No solo se trata del momento en que la mata, sino de su jugada posterior. Para empezar, Soto está acusado de matar con alevosía, es decir, de matar a traición. Según el fiscal que lo envió a juicio, le tendió una trampa.
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En su requerimiento de elevación a juicio, el fiscal José Mana, encargado de investigar el caso, sostuvo que Soto “convenció a su víctima para reunirse a solas en el Patio Olmos y al ver frustrada esta posibilidad por otras tareas que tuvo que realizar Catalina, enojado y despechado manipuló a su amiga y luego víctima, para que se dirigiera a su domicilio, donde estaría a su merced y sin la presencia de terceros”.
Así, ya en su casa, “Aguilar Soto sorprendió arteramente a Catalina, propinándole al menos cuatro golpes en el rostro y cabeza, posiblemente con sus puños, valiéndose de su superioridad física y especialmente de la relación de íntima confianza que existía entre ellos, evitando cualquier tipo de reacción por parte de su víctima”.
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“No contento con ello, aprovechando que dichos golpes derribaron a Catalina al piso en un estado de inconsciencia o aturdimiento temporal para asegurar su accionar y su impunidad, tomó una cinta adhesiva de color gris (con una gran capacidad de adherencia) de 50 milímetros de espesor y le ató fuertemente ambas manos, provocándole incluso lesiones por la presión con las que las ataduras fueron realizadas”.
Tras atarla, procedió a “montarse ahorcajadas sobre ella, quien se encontraba tendida en el suelo, de cúbito dorsal, y con un elemento tipo lazo la estranguló, causándole su muerte”, continuó el fiscal Mana.
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Luego, subió el cuerpo al Renault Clio de la madre de Catalina, en el que la víctima había llegado al lugar, para descartarlo en un camino de las afueras de la ciudad.
La autopsia practicada en el Instituto de Medicina Forense reveló golpes en la zona del rostro y cabeza, “uno de ellos en la región frontal, dos de ellos en los temporales (de ambos lados de la cabeza) y el cuarto golpe en el sector del ojo y mandíbula izquierda”.
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La causa de muerte, según el estudio, fue una asfixia mecánica por estrangulamiento. Se desconoce, a ciencia cierta, si la asfixió con sus manos. Es posible que le haya quitado la vida con la misma cinta con la que la ató.
Mana detalló una obsesión de Soto, un despecho por no ser el novio de Catalina, en una “relación asimétrica de poder cimentada por cuestiones relativas a celos, desconfianza, manipulación y violencia, ubicándose Aguilar Soto como dominante”.
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