
Ayer por la tarde, el juez de Garantías Diego Agüero dictó la prisión preventiva para Patricio Lautaro Nehuel Sosa (19) y Juan Guillermo Flores (43), los dos acusados de uno de los delitos sexuales más aberrantes de los últimos tiempos.
El hecho ocurrió el 21 de mayo pasado en Florencio Varela. La víctima, de 15 años, fue violada en grupo por seis desconocidos mientras se dirigía a un kiosco para cargar crédito para su teléfono en la esquina de 507 y 572, zona del Barrio Libertad, a ocho cuadras de la cancha de Defensa y Justicia. Afirmó que, tras acosarla, la interceptaron, le envolvieron la boca con un trapo, que la “durmieron”. Luego, la llevaron a un rancho abandonado, abusaron de ella tras una puerta de chapa y la abandonaron allí.
Cinco días después, la Policía Bonaerense arrestaba a los dos sospechosos. Sosa fue entregado por su propia madre. Agüero los imputó por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas.
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La madre de la víctima fue quien realizó la denuncia. El propio hermano de la menor relevó cuentas de Instagram para intentar reconocer a los sospechosos. Así, la víctima señaló las fotos. Le dijo varios alias, nombres del barrio: “Nico, Juan, Nahuel, el Gordo Patri y El Plancha”. “El Plancha”, precisamente, es Juan Flores, un hombre en situación de calle que solía juntarse con los otros acusados en el barrio Libertad.
Las pericias posteriores a la denuncia determinaron lesiones claramente compatibles con abuso sexual de acuerdo al análisis médico-legal, una prueba clave en la causa, motorizada por el secretario Martín Grizzuti.
La otra prueba elemental en el expediente fue la declaración de la víctima en cámara Gesell, realizada el viernes 23 de junio. Allí, la menor relató en detalle el tormento que sufrió.

“A la mañana fui a comprar al ‘Pachi’ -el kiosco en cuestión- y en la esquina había como cinco pibes. Uno me dijo: ‘Eu, hermosa, vení'. Yo ni bolilla le pasaba y cuando él fue y volvió donde yo estaba, me tomó de la mano. Yo le decía ‘déjame’, hacía fuerza para atrás. Ahí se enojó, llamó a los otros, le dijo: ‘Eh gato, Nicolás, vení'.”, comenzó.
Así, “otro me tomó de la mano, sacó una botella de alcohol, le pasó al otro y le dijo al otro que me tenga la otra mano también. Sacó ese alcohol del bolsillo y me puso en la boca y yo me quedé casi dormida, estaba a punto de dormir. Ví a un señor pasar a donde estaban los otros y sentí que me agarró la pierna y se la puso arriba”.
“Cuando yo me levanté, estaba en una casa en el piso, el hombre estaba acá arriba, tocando”, concluyó. La violación fue también descripta. Sus manos, dijo, fueron atadas con cinta. Luego del abuso fue liberada. La falta de consentimiento, notó Agüero en su decisión de ayer, atraviesa todo el relato.
Según la imputación de la UFI N°8, al menos uno de los hombres presentes violó a la menor. Flores habría habilitado el rancho donde ocurrió el hecho.
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