
Tras los alegatos finales, donde la fiscalía y la defensa pidieron la condena de prisión perpetua, el martes próximo el Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de La Matanza dará a conocer la sentencia contra Leandro Daniel Suárez (30), acusado de asesinar a balazos al kiosquero Roberto Sabo en noviembre de 2021 durante un asalto en Ramos Mejía.
Así, el fiscal Sergio Antín pidió al TOC N°2 que condenara a Suárez a la pena de prisión perpetua por los delitos de homicidio agravado criminis causae y robo agravado por el uso de arma de fuego y por la participación de un menor de edad.
Del mismo modo, los abogados Fernando Burlando y Humberto Prospero, quienes representan como particular damnificada a la familia de Sabo, pidieron la máxima pena para Suárez. La defensa del acusado, por su parte, solicitó una condena de 15 años de cárcel por homicidio en ocasión de robo.
Luego, llegó el turno de las “últimas palabras” del imputado y la familia ante los magistrados Diego Burgueño, Arturo Gavier y Lucila Pacheco, quienes el martes próximo a las 10 darán a conocer su veredicto en una audiencia que se realizará de manera virtual.

De esta manera, Suárez dijo: “Le quiero pedir disculpas a la familia, no fue mi intención, no lo quería matar pero todo se tiene que pagar. Muchas cosas se hablaron que no son así, por los gestos que hice a la prensa, y me quieren hacer ver cómo un asesino a sangre fría. Vine a dar la cara porque no fue como dicen, me hago cargo, pero fue un forcejeo”, dijo Suárez. Y agregó: “Salí a robar, no a matar”.
Después, fue el turno de los familiares de la víctima. Primero habló Nicolás, uno de los hijos de Sabo. En un relato emotivo, contó quién era su padre y cómo todos en la zona lo querían y lo respetaban. También descartó que Suárez no haya tenido intenciones de matar a su padre.
Luego de las palabras de Nicolás fue el turno de Pedro, el padre de Sabo. En una relato similar y sensible, contó que lo que más quería su hijo era vivir y concluyó: “No tenía ningún sentido quitarle la vida”.

Ahora, resta esperar la decisión que tome el tribunal frente a los dos argumentos que brindaron las partes. Por el lado del imputado, la estrategia es clara. Intentan demostrar que Suárez disparó por error en medio de forcejeo con Sabo cuando estaba saliendo del comercio con lo robado. Así lo dijo él mismo cuando pidió declarar al inicio del juicio en su contra.
Según su versión, cuando escapaba del kiosco, Sabo se le abalanzó y lo agarró de sus piernas. En ese momento, y siempre en base a los dichos del imputado, se produjo un forcejeo y fue ahí que disparó en varias oportunidades contra el comerciante.
Sin embargo, las pruebas en su contra lo complican. Una de ellas es el resultado de la autopsia. Determinó que uno de esos proyectiles, de calibre .22 y disparado a corta distancia, lesionó el lóbulo de la oreja izquierda y después ingresó por el costado izquierdo del cuello y en la clavícula de la víctima. La bala quedó en el hombro. Otro de los disparos entró por el labio superior y salió por la encía. El tercero también fue desde cerca: le dio en el tórax y le perforó los pulmones y el corazón, donde quedó alojado. Finalmente, el último tiro lo encontraron cerca del colon.

Para los abogados de la familia, hubo una clara intención de matar, ya que no explica por qué disparó en cuatro oportunidades y dos tiros fueron a la cabeza.
El asesinato de Sabo ocurrió el domingo 7 de noviembre de 2021. Suárez y una adolescente de 15 años llegaron hasta el kiosco a bordo de un remise que tomaron en Ciudadela. Armado con una pistola semiautomática calibre 7.65 y un revólver .22, el imputado le robó 10 mil pesos al comerciante y le disparó a quemarropa.
Al momento de la fuga, el presunto asesino y su cómplice le robaron el auto al remisero que los había trasladado, pero lo chocaron a los pocos metros. Luego, decidieron ingresar a un supermercado de la zona para esconderse entre la gente y le sustrajeron la moto a un repartidor, pero no lograron concretar la huida: finalmente fueron detenidos en la zona.

Así, Suárez volvió a la cárcel a poco más de un año de haber recuperado la libertad tras haber cumplido en agosto de 2020 una condena de casi seis años de prisión en un penal federal por dos robos.
Durante la indagatoria, el imputado lloró ante el fiscal Federico Medone, que esclareció el caso, y se negó a declarar: pidió que no le den perpetua. En tanto, para la adolescente, que en ese momento cursaba un embarazo, el fiscal del fuero Juvenil de La Matanza pidió que le apliquen una medida de seguridad, y la Justicia resolvió alojarla en un instituto de menores.
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