
(NOTICIA EN DESARROLLO) B.J tenía una forma inequívoca de presentarse en Instagram. “Por la esvástica, por la civilización”, escribía en sus redes, mientras reivindicaba a Hitler y a las quemas nazi de libros, mensajes que leían unos pocos seguidores. Lo hacía, literalmente, con su nombre y apellido. Luego, escribía un poco más.
El foro 4Chan, un lugar constante para mensajes de odio, era un punto frecuente para su retórica: “Estoy cansado de ver homosexuales, transexuales, pedófilos y todo tipo de mierda”, dijo una vez. Luego, prometió acción: “Si, voy a volar una gasolinera y luego ir a un banco”, continuó.
El 23 de septiembre último, B.J continuó: “Voy a comprar la maldita máscara y hacer esa mierda, yo ya tengo el arma, te juro que no estoy mintiendo... No quiero lastimar a personas inocentes, pero necesito los números ¿entiendes? Necesito muertes para que la noticia sea grande, Dios me perdone por la gente inocente, pero ya no soporto vivir en este maldito mundo”.

Anunció, incluso, que se quitaría la vida tras hacerlo. “Planeo tomar rehenes, que llamen a la prensa y hacerlo frente a las cámaras, quiero que se grabe todo”. También hizo números: “Un cargador de la pistola tiene 17 balas, aún así llevaré más. Aún no he escrito el manifiesto, lo haré pronto, mencionaré el Holocausto, los judíos, el 11 de septiembre, etcétera.”
La retórica es incendiaria, de una gravedad total. Corresponde a terroristas declarados, a las células de ultraderecha que operan en Estados Unidos y Europa, a milicias armadas con un poder de fuego temible. Estas amenazas fueron leídas en Estados Unidos, precisamente por el Federal Bureau of Investigation, el FBI, que detectó que provenían de Argentina. El 24 de septiembre envió un mensaje a la Dirección General de Seguridad de Estado del Ministerio de Seguridad de la Nación.
Anoche, tras pocos días de rastreo, B.J fue encontrado: tiene 19 años, lo detuvieron en la casa de su familia en Grand Bourg, con un operativo a cargo del Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista de la Superintendencia de Investigaciones Fedrales Policía Federal y una causa bajo la firma del juez Emiliano Canicoba, Juzgado Federal N°2 de San Martín.
En los allanamientos efectivamente se encontró un arma con varias municiones . También, una colección de literatura fascista, banderas con la Cruz de Hierro y el símbolo de la falange española, así como varios tomos sobre misticismo nórdico, una obsesión de los grupos nazis en las últimas décadas.

En la búsqueda para encontrar a B.J también participó la UFASE, el ala de la Procuración dedicada a delitos cibernéticos con el fiscal Horacio Azzolín. El del joven de Grand Bourg, en todo caso, no es un caso, sino otra figura que se repite. En la Argentina contemporánea, las amenazas de este tipo no las profieren grupos de choque, sino jóvenes que son poco más que menores de edad, alimentados por discursos de odio y una simbología tolerada por el clima de Internet en que se mueven.
En abril de este año, dos jóvenes de 21 años fueron arrestados en San Miguel de Tucumán por una situación idéntica, un expediente de la Fiscalía Federal N°2 que había sido iniciado tras una denuncia de la DAIA. Según fuentes del expediente, “los imputados utilizaban los servicios de mensajería WhatsApp y Telegram para planear actos de agresión y amedrentamiento contra personas e instituciones de la comunidad judía”. Al ser encontrados por la PFA, sus fotos revelaron que eran poco más que adolescentes. También fueron arrestados en las casas de sus padres. Tal como B.J, prometían una escalada de violencia antisemita, con un ataque durante Shabat.
Sus redes sociales y sus bibliotecas eran casi idénticas. Sin embargo, tenía un poco más una pistola con un cargador casi completo: les incautaron una decena de armas de fuego cortas y largas, municiones, numerosas armas blancas y punzantes de todo tamaño y de diseños inusuales, algunas de las cuales ya habían sido identificadas en fotografías en redes sociales.
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