
Raúl Martín Maylli Rivera, alias “Dumbo”, escribió su futuro con las reglas del pasado. Parte de la vieja guardia narco del Bajo Flores y la Villa 1-11-14, condenado por homicidio hace 19 años, expulsado a Perú tras su sentencia, volvió al país de forma ilegal para hacerse rico con el mismo modelo comercial que todos los capos narco de su país desde “Marcos” Estrada González llevaron adelante: tomar un lugar de clase trabajadora y coparlo a fuerza de cocaína y pistolas. Es la misma historia, una y otra vez, hace casi 25 años. Hasta los capos mismos son fusibles en esta narrativa: si no es “Dumbo”, es otro. La verdadera riqueza de este modelo comercial es el territorio, la barriada que controla. Los adictos vienen solos, o se generan.
Hoy, “Dumbo” está prófugo, con una recompensa de 5 millones de pesos para quien lo traicione, luego de haber tomado el control del barrio Padre Mugica en Villa Lugano, con una banda armada que traficaba en las calles, que controló dos monoblocks y que hizo que los vecinos se lanzaran a cortar esquinas y autopistas en violentas protestas luego de que un pistolero le disparara a un perro. Tras los estallidos, su banda comenzó a ser desmembrada tras una investigación de la fiscal porteña Celsa Ramírez, que clamaba en los tribunales del fuero contravencional y penal para que autoricen arrestos.
Luego, tomó el control la Justicia federal con la PROCUNAR, el ala de la Procuración dedicada a investigar delitos de narcotráfico con el fiscal Diego Iglesias, su colega Alejandra Mangano y el juez Julián Ercolini.
Bajo nuevas directivas, “Dumbo” mismo fue allanado en dos ocasiones, para fugarse horas antes de caer, primero en Moreno, en su quinta con zoológico y granja, o en Martínez, donde los policías de la Federal encontraron una pava tibia. Mientras tanto, el Bajo Flores y Villa Lugano eran golpeados en busca de transas y lugartenientes, con un mapa definido de puntos de venta. Algunos cayeron.
Hoy por la mañana, Ercolini procesó a 9 de ellos, entre ellos el segundo al mando de la banda, Arturo Andia Ormeño, por comercio de drogas, con prisiones preventivas. Los agravantes en la imputación cuentan la historia misma: empleo de menores en el negocio, venta cerca de instituciones deportivas, canchitas y potreros.
Para formar a su banda, “Dumbo” reclutó a chicos, muchos de ellos de la comunidad peruana. Entre esos nueve imputados hay uno en particular, marcado como coautor: T., hoy de 17 años, nacido el 16 de junio de 2003, con domicilio en la Villa 1-11-14, alumno de cuarto año de un colegio secundario según él mismo, defendido por una defensora oficial. Su historia es la prueba de cómo el narco se renueva a sí mismo, con la vida y la culpa de chicos. Comenzó como menor en la banda, luego cumplió su mayoría.
El submundo también se renueva con las generaciones. El padre de T. tiene su historia en el Bajo Flores también: fue detenido años atrás como cómplice de “Marcos” Estrada González, a cuya banda perteneció incluso el padre de “Dumbo”, elevado a juicio en la megacausa federal contra el capo que incluyó a otros 38 acusados, con una ficha de extradición de Interpol en su legajo.
En el mundo de “Dumbo”, según la causa en su contra, T. es un arriero de almas.
La Federal lo encontró en la calle Helguera en Floresta, en un aguantadero junto a otros cuatro de los acusados. Al ser indagado, negó ser parte de la banda. Sin embargo, un trabajo de campo de la PFA en la causa lo ubica en un lugar específico. La banda tenía su propia terminología. “Pierna” era el custodio del transa, “pulpo” el transa mismo, “chalecos”, la mano de obra armada en general. T. ocupaba otro puesto: seguía en la cadena a los marcadores, que derivaban a los compradores de droga.
“Luego mediante señas, este les indicaba que se acercaran al sector donde se encontraba para dirigirlos hacia las vías del ferrocarril que separa los barrios Bermejo e INTA donde se encontraban (por ejemplo) con T. y otras personas, quienes ordenaban a los compradores en una sola fila y posteriormente procedían a perfeccionar las ventas, concluyendo a los pocos minutos. Seguidamente, T. y sus consortes contabilizaban el dinero obtenido”, asegura el procesamiento firmado por Ercolini.
En esa jugada, según la investigación, solían acompañarlo sus hermanos, acusados de trabajar como marcadores en la avenida Castañares, el núcleo duro del territorio de “Dumbo”. No solo eso: T. fue acusado de vender él mismo. El 5 de febrero de este año, policías encubiertos lo vieron en las mismas vías de tren sobre el barrio Bermejo. Allí lo vieron con sus hermanos, uno de ellos hoy de 15 años, traficando y contando.
No es el único nacido después de 2001 identificado en la causa: hay, al menos, otros tres adolescentes mencionados en el expediente como miembros de la banda, junto a sospechosos como “El Rolinga”.
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