
Luis Rollé es un comisario histórico, ex cabeza de la división Robos y Hurtos, uno de los de más larga trayectoria dentro de la Policía Federal. Creyó que le habían hackeado la casilla de e-mail o que le hacían un chiste de mal gusto cuando recibió un respetuoso memo interno, el viernes 8 de mayo por la mañana, bajo el título de “informe muy urgente acerca de actividad aérea anómala”, el primer pedido oficial y público en la historia de las fuerzas de seguridad argentinas para saber si, efectivamente, la verdad está allá afuera.
El texto del mensaje era inequívoco, tenía todos los sinónimos posibles sobre el tema: “Atento a ello, se solicita sirva informar a esta Superintendencia, antes de horas 12:00, del día 11 de Mayo del actual, información escrita, audio, video o fotográfico, de material producto de la investigación, información, denuncia, o informes de guardia, de todo lo vinculado a Fenómenos Aéreos Anómalos, Ovni, UFO, plato volador, Objeto Volador No Identificado, Fenómeno Aeroespacial, Fenómeno Aéreo Inusual y todo aquello que se referencie con este concepto. Cumplido, torne con lo elaborado, para su prosecución administrativa”.
Con el rango de comisario inspector, Rollé está al mando de la Dirección General de Orden Urbano y Federal, dedicada al manejo de efectivos de infantería, control y confrontación en disturbios. El memo no solo estaba dirigido a él, sino a otros tres comisarios de alta jerarquía en otras divisiones estratégicas. Rollé, por las dudas, levantó el teléfono. El memo no era ningún chiste.
El pedido de información había llegado directamente desde el Ministerio de Seguridad a cargo de Sabina Frederic. No solo fue remitido a la Policía Federal, sino también a las otras tres fuerzas bajo el comando del ministerio como Prefectura, Gendamería y la PSA. El motivo era, precisamente, un pedido de acceso a la información pública, planteado de manera formal ante el Ministerio, con el código interno RE-2020-08475478-APN-DNA-IP#AAIP. Lo había hecho un grupo de entusiastas del fenómeno OVNI, CEFORA, la Comisión de Estudios del Fenómeno Ovni República Argentina liderada por la ufóloga Andrea Pérez Simondini, el pedido fue presentado durante la gestión de Patricia Bullrich.
En su planteo, CEFORA buscaba, precisamente, información sobre ovnis, casos que -según la organización con base en Victoria, Entre Ríos, con un museo dedicado a la vida extraterrestre, congresos frecuentes y miembros investigadores en todo el país- involucraron a las fuerzas federales en las años 60 y 80, como el denominado “caso Piltos Rally”, una carrera de 1978 a lo largo del sur del país donde varios pilotos habrían visto objetos o luces en el cielo.
Es tentador bajo cualquier punto de vista, el fin de la madre de todas las conspiraciones: el Estado argentino desclasifica 50 años de archivos secretos de sus fuerzas federales sobre platos voladores y extraterrestres, en un contexto global en el cual, en medio de la pandemia por el coronavirus, el gobierno de Japón confirma que prepara protocolos para un eventual ataque extraterrestre o el Pentágono mismo en Washington desclasifica videos de avistamientos.
La verdad, más allá de cualquier conspiración, parece ser mucho más sencilla. El pedido ovni en el Ministerio, bajo los términos de la Ley de derecho de acceso a la información pública, nº 27275, dormido desde la era macrista, llamó al atención de un funcionario en la Subsecretaría de Control y Transparencia Institucional del Ministerio. Así, le dio curso. Le pareció, básicamente, que la seguridad nacional no tenía mucho que ver con unas luces en el cielo patagónico vistas hace 30 años.

Ya hay respuestas. Prefectura dijo que no tiene nada, negativo, ningún registro. Gendarmería afirmó lo mismo en una prolija nota institucional en la que explica que pasó demasiado tiempo, que los efectivos que intervinieron, si es que lo hicieron, están muertos o retirados, que no existen documentos oficiales sobre los casos requeridos que los confirmen o los desmientan. En su respuesta, Gendarmería mencionó a un organismo más pertinente para la consulta de CEFORA que depende de la Fuerza Aérea Argentina, el Centro de Identificación Aeroespacial que hace siete años refuta aportes de supuestos avistajes con análisis detallados, abejas y pájaros y reflejos internos de lentes confundidos con naves del otro lado de la Vía Láctea. Todavía se espera la respuesta de la Federal, que se cree dirá lo mismo que el resto, que no hay nada en sus archivos.
Sin embargo, para la ufóloga Andrea, todo esto se siente como un triunfo. Alguien la escuchó, o la tomó en serio. Pérez Simondini, oriunda de Caleta Olivia, dice que CEFORA, su organización, fundada en abril de 2009, tiene cinco mil miembros, con su comisión directiva y representantes en varias provincias del país, como San Juan, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, la Capital y Entre Ríos, que son muchos.
En diálogo con Infobae, Pérez Simondini explica la agenda. “Nosotros buscamos que se expongan las actuaciones donde las fuerzas hayan intervenido y que después la gente haga lo que quiera con eso. La idea es demostrar y construir un camino institucional y fundamentado sobre estos temas", asegura.
Andrea entra en su historia, su epifanía familiar de los platos voladores: “Todo comenzó cuando vivíamos en Caleta Olivia, yo tenía más o menos 2 años. Fue en 1968. Allí, un objeto redondo, oscuro, de apariencia metálica, se posó sobre la casa donde vivíamos y despidió cinco objetos más pequeños exactamente iguales al grande. Se alinearon por detrás del más grande y luego desaparecieron. A partir de ver eso, mi mamá, que era un ama de casa, empezó a leer sobre el tema, a ir a conferencias y como en nuestra familia todos veníamos del mundo de la ciencia comenzó a seguir un camino detrás de la investigación científica sobre esos hechos”, recuerda.

Luego le tocó a ella experimentar su primer avistamiento. Ocurrió frente al viejo predio del Club Comunicaciones en el barrio de Agronomía: "Cuando estaba en cuarto grado vi un trencito volador. Ahí ya vivíamos en Capital. Lo recuerdo como si fuese hoy, a plena luz del día lo vi. Ahí estaba, era un trencito volador, que hizo un serpenteo en el cielo. Fue increíble”, relató. Su madre se instaló en Victoria, Entre Ríos, supuestamente una zona caliente de avistamientos. Su madre, dice, experimentó fenómenos en el agua, en la tierra, en el aire, encuentros cercanos del primer tipo.
Luego, en 2005, Simondini fue allí y en la casa de su mamá fundó su Museo Ovni, el disparador de la creación de CEFORA, con un congreso anual en el cine-teatro de la pequeña ciudad entrerriana con invitados especiales. “El año pasado vino Travis Walton, el caso más conocido de abducción de un ovni en el mundo”, contó. Según el relato del propio Walton, un leñador de Estados Unidos, un objeto volador lo “secuestró” y apareció a los 5 días en una estación de servicio cerca de donde había sido visto por última vez.
El sitio web de CEFORA, con más de dos millones de visitas en su contador, revela esta subcultura, lejos de la estética hippie del cerro Uritorco y Capilla del Monte, más cerca de los agentes Mulder y Scully de Los Expedientes Secretos X: sus archivos muestran registros de ganado muerto con la sangre supuestamente succionada y con mutilaciones que parecen antinaturales, círculos en el suelo, relatos y registros. El grupo habla de rigor investigativo, método científico aplicado. En una nota dirigida a Sabina Frederic el 6 de febrero pasado, reclamando la desclasificación de los expedientes, Simondini aseguró nuclear a “investigadores, militares, científicos de Argentina y de Latinoamérica”. El último avistaje registrado en el sitio data de abril de este año: un objeto en la costa de Rosario, en la bruma de la mañana gris.
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