
Agustina Poch tenía una estrategia para no cruzarse a su vecino de al lado, al entonces diputado José Orellana, diputado nacional por Tucumán del Frente para la Victoria, en los despachos del anexo H del Congreso de la Nación. Siguió trabajando a poca distancia de Orellana meses después de denunciarlo en la Justicia penal, no se había dispuesto el cambio de su despacho a otro anexo, la salida de Orellana, hoy intendente de Famaillá, del lugar donde Agustina cumplía sus funciones como secretaria de la diputada Gabriela Troiano.
“Lo evitaba en los pasillos, mis compañeras me avisaban cuándo salía, hacía todo lo posible por no cruzármelo. Si él tomaba el ascensor, yo iba por la escalera. Con el tiempo, dejé de ir a las sesiones de los jueves en el reciento. Me causaba un gran nerviosismo”, dice Poch.
Recuerda taquicardias, el pulso elevado. Orellana se negaba a mudarse. La causa penal en su contra existía, pero el diputado tardó meses en irse a otro anexo. No había casi nada que la protegiera. La diputada Troiano presentó un pedido para que Orellana sea suspendido, algo que no prosperó.
Con el tiempo, Orellana se fue, terminó su mandato, volvió a su provincia, fue intendente, la vida siguió. La causa, en cierta forma, también, por un delito grave, y una falta ética total para un un funcionario público, un abuso de su poder.
El 11 de noviembre de 2016, según la denuncia que Poch presentó, Orellana la invitó a ingresar a su oficina, donde le dijo: “Vos necesitás alguien que te quiera... Me encantás desde que te ví”."En ese momento Orellana se puso de pie y comenzó a besarla en su oreja. "Seguramente nadie te besó así, no?’”. Luego, comenzaron a llegar mensajes de WhatsApp de parte del entonces diputado.
Poch tenía 21 años.

Al salir, la empleada rompió en llanto. Con el apoyo de Troiano, llevó el caso a la Justicia, con querellantes como María Elena Barbagelata, actualmente en el expediente, o Carlos Cruz, y el apoyo de la UFEM, el ala de la Procuración dedicada a delitos de violencia de género, con el expediente que recayó en el Juzgado N°6 de Alejandra Provítola. La jueza dictó la falta de mérito para el diputado en un comienzo, algo que fue apelado por la UFEM, pero ratificado por la Sala IV de la Cámara de Apelaciones.
Este martes 19, con una nueva composición, la Sala IV, hoy integrada por los jueces Ignacio Rodríguez Varela y Alberto Seijas decidió revocar la decisión previa. Así, Orellana fue finalmente procesado. La jueza Provitola recibió el expediente de vuelta y podrá elevar a juicio al actual intendente tras darle vista a las partes.
Poch siente alivio.
“Es una cosa inmensa. Es una resolución que nos trae mucha esperanza para poder seguir. Fueron años muy duros en lo personal para seguir esta causa. La Justicia, siento yo, escuchó una parte del relato, hasta ahora, que han revisado”, dice hoy Agustina.
Su historia ya era pública, su nombre no. “Luz” era su seudónimo, mientras Orellana se defendía negando el supuesto abuso sexual y denunciaba una operación política en su contra. De vuelta al presente, Agustina, mientras tanto, mezcla la gratitud con el dolor.
“La diputada Troiano estuvo conmigo permanentemente, fue la que me bancó el día que me pasó esto, fue la primera a la que llamé, rompía en llanto. Desde ese momento estuvo a mi lado todo este tiempo. Luchó adentro de la Cámara para que lo suspendieran en su momento, durante el tiempo que fue diputado presentamos un proyecto para que sea apartado del cargo. Ese proyecto nunca prosperó. La Cámara de Apelaciones no supo actuar, y me llevé la peor parte. Nos costó muchísimo, fue un logro que lo corrieran a otro anexo”, asegura.
Con el tiempo, Agustina vio en su teléfono la salida de Thelma Fardín tras denunciar a Juan Darthés, el movimiento Me Too. “Después de Thelma Fardin, salí a dar mi nombre, me escondía bajo un seudónimo. Ese nombre falso era el resultado del lugar en el que yo estaba y trabajaba, eran inferioridad de condiciones ante él. Me saqué la mochila de encima y salí a decir mi nombre. Siento que no me tengo que esconder más”, continúa.

Agustina, una vez más, habla de una cultura de poder desigual, de machismo en el Congreso. No fue la única en denunciar. En 2018, Juan Carlos Marino, radical, senador por La Pampa, fue acusado por una colaboradora, luego sobreseído.
-¿Existe una cultura en el Congreso que lo permite?
-Sí, era una cultura. Compañeras me lo han dicho, no me contaron experiencias similares, pero hablaron de otro tipo de manifestaciones, violencia laboral. Por suerte tuve un cordón de contención, Gabriela Troiano, mi entonces jefa.
Si el caso es elevado a juicio, Agustina asegura que declarará en tribunales. La idea la aterra en parte, tener a la figura política que acusó por abuso frente a frente. Podrá declarar en una sala separada, lejos de su presunto victimario, una práctica común en procesos de este tipo. “Es un proceso que cuesta, emocionalmente cuesta, mucho. Pero esta resolución reivindica”, asegura.
-¿Creés que Orellana se presentará ante un tribunal de juicio?
-No sé si comparecerá, no sé, no me interesa. La discusión tiene que estar en el lado de la Justicia, fue lo primero que hicimos: salir a denunciar. Ojalá se siente ante los jueces y pague por lo que hizo. Ojalá. Esa fue mi motivación. Yo iba a seguir sí o sí. Todo lo que venga en adelante es lo correcto. Lo que más quiero es que no le pase a nadie. Los diputados tienen que dar el ejemplo. Eso es lo que no pasó. Quiero que esto siente un precedente, hay cosas que no hay que normalizar.
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