
Una advertencia bajo reserva, un tormenta eléctrica que cambió la rutina del aeropuerto de Ezeiza y la confesión de uno de los imputados acusando a otro detenido fueron las claves para que el juez en lo penal económico Javier López Biscayart dictara el procesamiento con prisión preventiva de dos empleados aeronáuticos por el fallido envío de 87,55 kilos de cocaína con destino a Amsterdam el pasado 14 de enero. El juez también procesó a la firma Martinair Cargo, responsable del avión y vinculada a KLM. La causa, sin embargo, continúa en secreto de sumario porque todavía es un misterio quiénes estaban detrás de esta operación de narcotráfico, los dueños de la droga.
“Me siento usado, pisoteado y humillado por un hijo de puta”, admitió V.G., el técnico aeronáutico que quedó procesado y preso por el contrabando. Aseguró que no sabía qué había en las cajas y que su compañero de trabajo, A.A., despachante, le pidió ayuda para cargarlas en el avión. “Hace diez años que lo conozco y no esperaba que me hiciera esto, no solo a mí sino a mi fuente de trabajo, y no solo a mí sino también a todos mis compañeros (…) Me siento usado de una manera terrible, es como si fuera un papel higiénico que te limpiás el culo y te tira solo como provecho de él. Ese tipo no se merece pisar la Tierra, tiene que estar en la Luna, nunca conocí una persona tan mala en la vida”, aseguró en su indagatoria.
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A.A., de 33 años, en tanto, se negó a declarar. Su rol en la causa parece clave. Sin embargo, López Biscayart no solo lo procesó a él por “contrabando de exportación de sustancia estupefaciente, agravado por el destino inequívoco de comercialización”, sino también a V.G., de 47 años y una amplia trayectoria en el rubro aeronáutico.
Es que, más allá de sus explicaciones, los dos aparecen en el video de cámaras de seguridad del aeropuerto cargando la droga en el avión y son identificados por testigos. Hay un detalle que se desprende del fallo al que accedió Infobae: hubo una persona, testigo bajo reserva, que se acercó a personal de Aduana y aseguró que, durante la alerta meteorológica, vio a dos personas subir al avión con tres cajas y no dudó en señalar a A.A. y V.G. Si no hubiera estado lloviendo, el cargamento lo habría tenido que hacer el personal de Intercambio.
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Además de procesar a A.A. y a V.G. y a la firma Martinair, el juez ordenó dejar en libertad a los otros seis detenidos del caso: eran los tripulantes del vuelo y los otros operarios; aseguró que no hay pruebas en su contra que acrediten que estuvieran al tanto de que la droga fue colocada en el avión, se les dictó la falta de mérito. Según lo dejó asentado el propio López Biscayart, por el momento “se desconoce la procedencia de la mercadería, el origen y, por supuesto, la existencia de terceras personas involucradas y, por el momento, desconocidas”.
El caso se conoció el 14 de enero pasado. Ese día, a las 10:40, la aeronave matrícula PH-CKA que debía cumplir el vuelo MP 6912, con destino a la ciudad de Amsterdam, estacionó en la Terminal de Cargas Aéreas, ubicado en la posición número 54 del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Había una tormenta eléctrica ese día y todo el funcionamiento del aeropuerto estaba demorado. Por cuestiones sindicales, la empresa Intercargo, la compañía de rampa, no opera cuando hay fuertes lluvias.
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La tripulación se quedó arriba del avión. A.A. y otro de los implicados pusieron la escalera, saludaron al comandante y le explicaron que por la lluvia y la tormenta eléctrica iba a haber que esperar para la descarga. En el avión viajaban caballos de competición, pero insólitamente se sumaron tres cajas. Allí había algunas latas de aceite, pero también 83 ladrillos de cocaína. La modalidad se conoce como “rip off”, un aprovechamiento, ocultar la droga como un polizón dentro del envío de otro. La investigación quedó en manos del juez López Biscayart y el fiscal Emilio Guerberoff, con la participación de la PROCUNAR, el ala de la Procuración dedicada a investigar delitos de narcotráfico. La droga fue encontrada por personal de Aduana: los operativos y detenciones estuvieron a cargo de la PSA.

“Lo único que puedo decir es que me siento usado, pisoteado y humillado por un hijo de puta como A.A. Lo digo así. Lo conozco de trabajar ahí conmigo. De verlo y haber sido un pedazo de pelotudo y haberme puesto en este lugar en el que me puso. Me partió el corazón y me pisoteó y no lo esperaba de él”, afirmó V.G. en su indagatoria. “No tengo palabras para decir lo que me hicieron. Lo que me humillaron y me trataron como un delincuente y yo no me merezco esto, nadie se merece esto, no me merezco pasar dos años en un calabozo, ¿dónde voy a conseguir laburo después?”. “Solamente quiero dejar en claro que ese día solamente ayudé a una persona que me pidió una mano para mover unas cajas las cuales eran pesadas y que realmente desconocía su contenido y su peligrosidad. Cabe aclarar que en caso de que hubiese sabido su contenido hubiese negado mi ayuda rotundamente”, añadió.
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Para López Biscayart, “lo que surge con claridad es que V.G. no desconoció el hecho; parecería, al contrario, que sus dichos lo confirmarían, solo que, según podría interpretarse de su relato, habría sido inducido o engañado por A.A.”.
Los otros detenidos explicaron lo que había sucedido ese día. Todos se declararon inocentes. “Nosotros no estamos en contacto con la carga nunca, salvo cuando hay un problema mecánico en el depósito de carga y descarga, en cuyo caso nos convocan a reparar el problema mecánico e ingresamos a la bodega”, dijo otro técnico aeronáutico que ya fue liberado. Los miembros de la tripulación explicaron que solo estuvieron allí esperando, sin saber lo que se ponía en la bodega, que desconocían el contenido de la carga y que se enteraron al ver lo que sacaban de las cajas, sin poder creerlo.
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¿Que se ve en las filmaciones? A dos personas, primero, que suben una caja entre los dos (presumiblemente, la que pesaba más de 40 kilos). Luego, bajan del avión y suben, cada una, una caja. La droga se guardó en una oficina, en donde sólo debería haber aceite para el avión, y se subió a la nave haciendo creer que era aceite de avión.
“Estando el aeropuerto bajo alerta roja meteorológica, A.A. y V.G. no debieron, no solo subir al avión; no solo subir cajas a un avión; no debieron, lisa y llanamente, acercarse al avión”, sostuvo el fallo. “Si hubo una circunstancia que posibilitó el ascenso de las tres cajas con droga al avión secuestrado, esa circunstancia fue, en principio, la deficiencia sistémica de los mecanismos de control que, se entiende prudente y razonable, debió establecer y ejercer la compañía a cargo del vuelo”, advirtió además el juez.
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A la hora de responsabilizar a la empresa, el juez añadió: “No se trata solamente de un caso de infidelidad de sus dependientes. Martinair no estableció y ejerció medidas idóneas para velar por la seguridad de su operatoria y, en concreto del avión. Es ilustrativo el video y las fotografías del momento en que suben las cajas al avión. No hay nadie visible en los alrededores. La pista había quedado convertida en una verdadera zona liberada, y el avión, a la deriva”. El fallo añadió: “los imputados han puesto en crisis la seguridad misma del principal aeropuerto internacional del país, con el daño que eso representa para el comercio internacional y el turismo, por el que deberán también responder civilmente en caso de condena”.
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