
Mañana irán a la cárcel. Los diez rugbiers serán trasladados luego del fin de las ruedas de reconocimiento en la Jefatura Distrital de Villa Gesell, cuando los testigos terminen de marcarlos por el brutal crimen de Fernando Báez Sosa. Los diez acusados estaban todos juntos en la Comisaría 1º de Pinamar, donde sus padres y madres les llevaban bolsas con ropa y comida. En prisión, los diez detenidos seguirán juntos, al menos según las previsiones del Servicio Penitenciario Bonaerense. Pero el mundo al que entran es totalmente distinto, nada que hayan visto antes, ciertamente. Ninguno de ellos tiene más de 20 años de edad, sin antecedentes penales previos -apenas dos causas por tenencia simple de drogas que terminaron archivadas-, ninguno de ellos cayó preso antes.
El lugar que los espera es el penal de Dolores, la Unidad Nº6, la cárcel más sobrepoblada de la provincia según la Comisión Provincial de la Memoria, 875 detenidos tras los muros con plazas para poco menos de 350, un penal viejo, 350 años de historia. Hay, irónicamente, un equipo de rugby dentro del penal, se llama “Los Dragones”, uno de los más reconocidos en el circuito penitenciario.

Los presos esperan a los rugbiers también. Hablan entre ellos, en Dolores, en otros penales. Tienen celulares clandestinos, televisores en los pabellones, ven las noticias pero no les gusta lo que ven, algunos hasta hicieron videos desafiantes que terminaron siendo un hit viral.
Rubén de la Torre, “Beto”, ex ladrón de bancos y blindados, es uno de los hombres detrás del Robo del Siglo. “Tengo un amigo en Dolores al que le pregunté si esperan con cubiertos a estos pibes. Me dijo que ni los detenidos que juegan al rugby los bancan. Porque son logis, nenes de mamá. Pero no los van a cruzar”, dice De la Torre.

Es cierto, no se los van a cruzar. En su pedido de cupo firmado a comienzos de la semana pasada, el Juzgado de Garantías Nº6 no había explicitado ninguna medida de seguridad para los diez rugbiers acusados, pero el Servicio Penitenciario Bonaerense no piensa correr riesgos. Ni siquieran serán “refugiados” en alguno de los pabellones evangélicos en el lugar. Fuentes en el SPB afirman que se decidió que los diez acusados de Zárate permanezcan en el sector de alcaidía, sin contacto con ningún otro detenido y que la decisión ya fue notificada al juez Mancinelli.
Que jueguen al rugby en Dolores parece difícil: los programas deportivos de rugby en el Servicio son para presos con buena conducta o con tiempos avanzados en sus penas, acceden al equipo tras una estricta evaluación. Para los presos, esos equipos son una fuente de orgullo, se lo toman en serio.

Hubo presos célebres en la cárcel a dos horas de Villa Gesell, sobre la calle Riobamba. Rubén Darío Castiñeiras, “El Pepo”, fue el más reciente. Sergio Cammaratta, uno de los policías implicados en el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas, murió en 2015 en una celda del lugar. Gustavo Prellezo estuvo ahí también.
Pero los diez de Zárate no permanecerán allí mucho tiempo. Seguirán presos en Dolores, aseguran las mismas fuentes, hasta que se firme el pedido de prisión preventiva en su contra. Entonces serán trasladados a otro penal, posiblemente la Unidad Nº57 de Campana, un penal nuevo inaugurado el año pasado para jóvenes de 18 a 21 con acusaciones de robo o en su primera condena. El 58% de los presos jóvenes, aseguraba el Ministerio de Justicia a fines de 2018, está procesado por delitos contra la propiedad, robos y hurtos, un índice mucho mayor si se compara al número general de todos los presos argentinos, con un 40% detenido por robo y delitos similares.

La administración anterior del Ministerio de Justicia hablaba de la Nº57 como una cárcel modelo, hablaban al lanzarla con sus obras en proceso de revinculación familiar en el lugar, un espacio para tratar adicciones a las drogas, cupo escolar garantizado con lugar para 480 internos, talleres laborales para que trabajen más de 200 detenidos, un polideportivo para practicar fútbol y basket, capilla, huerta. Rugby también, hasta una pequeña planta de reciclaje de residuos.
En todo caso, los diez estarán más cerca de sus familias en Campana, se tendrán que acostumbrar a verlos en las restricciones de las visitas, con los tuppers requisados y la prohibición de vestirse de negro porque así se visten los penitenciarios y no se los puede confundir con ellos, pero que hagan amigos es difícil. El crimen del que se los acusa es una letra escarlata. Entre ladrones y asesinos de pistola, matar a un chico a patadas de manada en la cabeza no va.

“El Gordo” Valor, que purgó los últimos ocho años de su condena en la Unidad Penal 24 de Campana, dice: “Puede pasar que al transa quieran tenerlo de lavatupper y al que mató pegando, lo desafían a pelear. A mí un pibe me quiso pegar para bajarme el cartel. A veces es la ley del Talión o simplemente desafiar”.
Ariel Luna, “El Colo”, el ex barra de River preso de por vida en Devoto por matar a Gonzalo Acro, afirma que el de los diez es un crimen de cobardes, que Fernández Laborda, el ex mano derecha de Arquímedes Puccio, le contó que cuando Alejandro Puccio fue detenido en Devoto lo querían atacar los otros internos, que Schoklender lo refugió y se metieron en el CUD, el Centro Universitario, para salvarse la vida.
En otro penal provincial, un histórico con tres condenas que prefiere reservar su nombre vinculado a pesados famosos dice: “La gente en los penales está más que nada por robo y están en contra de lo que hicieron estos pibes, no duran ni un minuto. No los acepta el que lleva el pabellón y no los va a aceptar el director del penal para no comerse un garrón. Si piensan que tienen guita los presos los van a apretar. Imposible. Pibitos así son inviables."
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