Karmazín al ser detenido en su casa de Tristán Suárez el mes pasado.
Karmazín al ser detenido en su casa de Tristán Suárez el mes pasado.

Jorge Alberto Karmazín siempre fue un demonio del Ascenso. "El Karma", uno de los capos de La 666, la hinchada violenta de Tristán Suárez -48 años,  panzón y lleno de tatuajes de calidad dudosa en la barriga,  la cara de Jesús en el pectoral izquierdo- había sido parte de la vieja Hinchadas Unidas Argentinas, el intento de ONG de los barras de clubes como Platense e Independiente. Estuvo preso con una condena a tres años de cárcel, se escapó de una comisaría en marzo de 2017 con ayuda de varios cómplices en una camioneta mientras se disponían a trasladarlo al penal de Sierra Chica y volvió a entregarse diez horas después.

Hubo históricas banderas en el alambrado del club con su nombre. "Karma y La 666", decía uno con los colores del Lechero, y el dibujo de San Tuca, un santo ficticio, una figura hecha de líneas con un halo sobre su cabeza y un porro en su boca.

A fines del mes pasado, "El Karma" terminó detenido otra vez por algo muy distinto a un apriete de cancha, a ser un mero matón de la B Metropolitana. La nueva causa en su contra es por abuso de armas y amenazas, radicada en la UFI Nº3 de Quilmes a cargo del fiscal Martín Conde, iniciada el 21 de marzo pasado luego de que una cajera de un supermercado en San Francisco Solano recibió un tiro en una pierna. Tres hombres llegaron en un Peugeot 3008, uno de ellos disparó y luego se fueron. Pocos días antes, el supermercado había recibido una hoja A4 con ideogramas y un pedido de 30 mil dólares, la clásica extorsión inicial de la mafia china. El dueño del supermercado no pagó. Poco después una voz lo llamó al teléfono, gritándole en un idioma oriental.

Luego llegaron los pistoleros.

La Bonaerense allanó la casa de Karmazín: las cámaras del supermercado habían tomado la patente del Peugeot, el capo barra figuraba como su titular. Hubo otros dos detenidos tras nuevas ordenes de allanamiento, entre ellos el supuesto tirador. "El Karma", según fuentes policiales, aseguró ser un simple remisero cuando lo detuvieron. Después, ante el fiscal Conde, se negó a declarar. Le incautaron un celular que será peritado: el fiscal Conde buscará en el aparato posibles vínculos con la mafia china.

Sus dos supuestos cómplices, entre ellos el acusado de ser el tirador del ataque, fueron detenidos esta semana.

El Peugeot 3008 usado en el ataque.
El Peugeot 3008 usado en el ataque.

La hipótesis principal es la de un encargo sicario, un ataque pistolero para cobrar en moneda norteamericana, el movimiento básico de la mafia china en Capital y el conurbano. En todo caso, el ataque no es una novedad. No es la primera vez que una tríada oriental contrata a un argentino para una extorsión violenta. Rolando Nicolás Faeda, "El Gordo Nico", un joven oriundo de Caseros con un duro prontuario, terminó preso en el penal de Ezeiza por servir de "bolsero", ser el enlace con un segunda línea de una temible banda para ataques armados. Las víctimas en estos casos siempre eran chinas, supermercadistas de su propia comunidad.

Pero los supermercadistas de San Francisco Solano no eran chinos, sino argentinos.

Esto no es algo nuevo tampoco: hace tiempo que los mafiosos chinos comenzaron a empapelar con extorsiones a comerciantes del conurbano fuera de su comunidad. De vuelta en su despacho, el fiscal Conde se pregunta el por qué de la extorsión. ¿Acaso los mafiosos chinos querían sumar al comercio a su nómina de víctimas? ¿O querían quedarse con el supermercado directamente? Hay algo curioso entre la información comercial de Karmazin: el capo está registrado en la AFIP desde 2009 en el rubro de venta en minimercados.

Que Karmazin aparezca en medio de todo este problema es algo enervante: nunca en la historia criminal reciente se había sugerido un vínculo entre barras y la mafia china, uno de los fenómenos delictivos más crueles, ambiciosos y veloces en todo el país. Con el tiempo, los mafiosos chinos se convirtieron en empleadores asiduos para los delincuentes argentinos o de nacionalidad peruana, pistoleros en motos enduro que operan en la Ciudad y en el conurbano bonaerense. Son algo ambivalentes, clientes paradójicos, plata fácil y a la vez complicada. La mayoría de los contratados lo entiende sin vueltas: con ellos no se jode.

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