Andrea del Boca tiene casi 53 años. Más de 52 los pasó frente una cámara. Creció, amó, triunfó, lloró y cayó frente a los ojos de todos. Pocas personas tuvieron semejante nivel de exposición en la vida pública argentina. Pudo haber sido una súper estrella. En cierto sentido, lo es.

La primera vez que apareció en televisión tenía cuatro meses. Ya con cuatro años tuvo una participación actoral en una telenovela interpretando a una chica sorda que no podía expresarse.

El gran salto llegó en 1973 con Papá Corazón
El gran salto llegó en 1973 con Papá Corazón

Pero el gran salto lo dio en 1973: con el protagónico de Papá Corazón, esa nena de segundo grado se convirtió en la gran revelación del momento. Una chica huérfana que no paraba de llorar y hacía llorar a todos.

Sucedió lo de siempre, la secuencia fue la habitual: primero las notas, los elogios, los múltiples negocios, las invitaciones a los programas de televisión. Luego, las críticas. Se acusó a su familia de explotarla, de dar un mal ejemplo a los chicos, de los peligros de exponerla a esos vaivenes emocionales para conseguir esa lágrimas, la marca registrada de su actuación.

Una tras otra, con calculada regularidad, llegaron más telenovelas, y también películas y discos. Casi no hubo rubro dentro del espectáculo argentino en el que Andrea del Boca dejó de incursionar. Muchas veces con gran éxito.

La caída de los niños prodigios es una categoría en sí misma. El deslumbramiento inicial, la simpatía del público que va mutando en hastío con el correr de los años y carreras que se apagan tan abruptamente como se iniciaron. Pocos resisten crecer a los ojos del público, casi nadie supera esa barrera. A la gente no le gustan los cambios. El medio, exigente e inclemente, se los devora. Y, lo peor de todo, a veces los olvida.

Andrea del Boca -y su familia- batalló arduamente contra esa tendencia. Y, durante una gran cantidad de años, venció. ¿Qué se necesita para permanecer en el mundo del espectáculo durante (más de) medio siglo? Determinación, talento, una dosis desmesurada de megalomanía, capacidad de transformación, estar dispuesto a todo, voracidad. Andrea del Boca tuvo todo eso.

No debe haber demasiados casos en la farándula argentina (o mundial) en el que una actriz logre tener éxitos rotundos en cuatro décadas diferentes. En los 70 además de Papá Corazón, Andrea protagonizó Andrea Celeste; en los 80, Señorita Andrea y Estrellita mía; en los 90, Celeste, Antonella y Perla Negra; en los 2000, El sodero de mi vida. Estos fueron los sucesos más resonantes. Pero todas sus telenovelas lograban cierta repercusión. Con los años supo, también, conquistar el mercado europeo.

Andrea del Boca es una actriz clásica de telenovela. Sin embargo, tiene ángel. Ese condimento inefable, indefinible, que pocos pueden blandir. La cámara la quiso, el público la siguió.

Andrea y su papá, Nicolás del Boca
Andrea y su papá, Nicolás del Boca

Ella supo, desde el principio, qué precio debía pagar para ser exitosa. Pero ella nunca estuvo sola. Los del Boca – el clan del Boca- conformaron una especie de escudería en la que todo se disponía para el triunfo de ella. Andrea era su apuesta máxima y exclusiva.

El padre era el director, la madre la acompañante y asistente principal, una de las hermanas la vestuarista, el cuñado el guionista. La casa familiar parecía un santuario de Andrea.

Retratos en óleos, fotos, premios, tapas de revistas y hasta una estatua (una célebre crónica de Gente empezaba con esta gran frase: "Andrea tiene 15 años y una estatua"). A veces viendo esos ambientes recargados con la iconografía de la joven estrella era difícil recordar que esa familia tenía otras dos hijos.

Andrea del Boca en una escena de la novela Perla negra
Andrea del Boca en una escena de la novela Perla negra

La farándula argentina no fue siempre como la conocemos actualmente. En un ambiente más pudoroso, Andrea del Boca fue mediática antes de que el término fuera inventado. El público -su público- supo de cómo lidiaba con los deberes de la primaria entre las grabaciones de sus telenovelas, cómo estaba compuesta su familia, cuáles eran sus gustos y, principalmente, cómo fueron sus primeros amores. Su primer beso tuvo casi treinta puntos de rating. Lo dio en cámara, a Raúl Taibo, en Señorita Andrea. ¿Cuenta ese beso obligado por el rodaje como primer beso?

En el año 82 se produjo uno de sus grandes sucesos. Los cien días de Ana, una telenovela convencional, que no se diferenciaba demasiado del resto de la oferta televisiva de la época y con un coprotagonista masculino sin demasiados antecedentes, un cantante melódico del montón, se convirtió en tema obligado.

El romance traspasó la pantalla. Esos besos de ficción se convirtieron en realidad y el escándalo ocupó cada tapa de revista. Silvestre, más de una década mayor que Andrea, esperaba su tercera hija de la que era su esposa. Sin embargo, abandonó todo por la joven estrella.

Andrea del Boca cambió radicalmente su imagen. Los periodistas especulaban con la fecha y las circunstancias en las que había perdido la virginidad, mientras ella se mostraba sensual en las revistas de actualidad: el pelo mojado, pose provocativa sobre una cama ochentosa con cabecera ovalada y recubierta de una colcha de algodón, muy probablemente Palette.

(NA)
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Silvestre, un personaje difícil de asir, sin demasiado talento, con una oscuridad digna de otra historia y una ex esposa embarazada, abandonada y con ganas de hablar, fue su pareja durante casi cinco años. Un novio que el público de Andrea nunca terminó de aprobar. Fue su primer gran amor y su primer enorme escándalo.

Luego vino un cambio de perfil. Estudios en Nueva York y un romance con el director de cine Raúl de la Torre, cuya última pareja había sido Graciela Borges. Las películas de De la Torre siempre estuvieron muy por debajo de sus enormes ambiciones. Las dos que protagonizó Andrea, Un tal Funes y Peperina, resumen las debilidades de su filmografía: morosas y pretenciosas no lograron ese aura de prestigio que Andrea creyó que podía conseguir.

Protagonista de célebres culebrones no pudo evitar que varios momentos de su vida adquirieran esas características. Luego de un romance con un financista norteamericano, amigo de los Kennedy, hubo separación en buenos términos y, tiempo después, un nuevo amor. Andrea conoció a un empresario argentino y quedó embarazada. Cómo no podía ser de otra manera, la noticia de la llegada de su hija, tuvo visos de escándalo.

Mirtha Legrand la emboscó en un almuerzo y pareció que Andrea, por primera vez en su vida, no sabía cómo responder en cámara. Después vino la separación, el nacimiento de la niña, la épica de la madre soltera, los reproches públicos, las acusaciones cruzadas, las causas judiciales, los arranques de furia y un gran escándalo.

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Ya en un medio más voraz, las consecuencias mediáticas fueron más profundas para su imagen. El escándalo con Ricardo Biasotti mostró otra faceta de Andrea. Menos angelical, más batalladora, con mayores matices de los que estamos acostumbrados a soportar.

En los últimos años, gracias a su cercanía con el gobierno de los Kirchner, Andrea del Boca se convirtió en productora. La novela que nunca nadie vio, Mamá Corazón, con presupuesto millonario, le trajo su último dolor de cabeza.

Este viernes 13 fue procesada, acusada del delito de defraudación a la administración pública. Entre otros compañeros de elenco en el procesamiento se encuentra Julio de Vido.

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A la actriz también se le trabó un embargo por 50 millones de pesos. Desde hace tiempo se conocen algunas de las irregularidades que se suscitaron en el proceso de creación de la telenovela.

Un ejemplo: quienes algunas vez trabajaron en el sector audiovisual saben que una práctica frecuente es firmar contratos por debajo del valor pautado pero dentro de los parámetros exigidos por el gremio de actores, suscribiendo en paralelo un contrato privado por un monto mayor. De esta manera los productores hacen menos aportes al sindicato y se ahorran unos pesos.

En esta novela, varios de los contratados declararon que el modus operandi fue exactamente el inverso. Firmaron contratos por montos superiores a los que en realidad percibían. Todavía no se determinó quién se quedaba con la diferencia.

Andrea del Boca con Cristina Kirchner, Guillermo Moreno y Daniel Scioli
Andrea del Boca con Cristina Kirchner, Guillermo Moreno y Daniel Scioli

El poder la atrajo. Era una nueva forma de estar activa, de seguir teniendo brillo y atención a casi cincuenta años de su inicio. La búsqueda permanente, incansable, de atención y de lucimiento la puso de demasiado cerca del calor del poder. Y se quemó.

Andrea del Boca hoy ocupa nuevamente los titulares de todos los diarios. Cómo lo viene haciendo desde hace décadas. Esta vez es un escándalo. Uno más. Pero, más allá de las derivaciones de esta causa judicial, no será la última vez que la prensa hable de ella. Andrea del Boca, de alguna manera, volverá a la tapa de los diarios, volverá a conocer el éxito o el escándalo. Esa es su historia, esa es su vida.