Por momentos es difícil separar a Sarah Jessica Parker de Carrie Bradshaw, el personaje de la serie Sex and the City que interpretó desde 1998 hasta 2004, sin contar con las dos películas basadas en la serie que se estrenaron en 2008 y 2010 y la nueva temporada televisiva, que se grabó entre 2020 y 2023 bajo el nombre de And Just Like That. Y es que, al verla en las alfombras rojas más importantes del mundo, es imposible no prestar atención a su devoción por la moda y, en especial, por los zapatos. Sin embargo, la vida de la actriz que este martes 25 de marzo está cumpliendo 60 años, no siempre fue tan glamorosa. Muy por el contrario, su infancia estuvo marcada por las carencias.
“Aún recuerdo esa pobreza, porque no había manera de esconderlo. A veces no teníamos electricidad y tampoco podíamos festejar la Navidad o los cumpleaños”, reconoce la actriz. Parker nació el 25 de marzo de 1965 en Nelsonville, un pueblo de poco más de cinco mil habitantes ubicado en Ohio, Estados Unidos, como fruto del matrimonio entre un escritor y periodista, Stephen Parker, y una enfermera y profesora, Bárbara. Era la menor de cuatro hermanos: los mayores eran Rachel, Timothy y Pippin. Y, cuando ella tenía apenas 3 años, sus padres se separaron y su madre quedó sola al cuidado de los niños. De manera que, desde que tuvo memoria, Sarah tuvo que lidiar con las necesidades económicas.
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Al abandono de su padre se le sumó el poco tiempo otro problema. Su mamá tuvo que aceptar trabajos extras de limpieza para solventar los gastos de la familia. Así. tenía poco tiempo para estar con sus hijosa. De manera que Sarah sufrió no solo por cuestiones materiales, sino también por la falta de atención que le prestaban dados los apremios cotidianos. Para colmo, al poco tiempo su progenitora volvió a formar pareja con un camionero, Paul Foster, con quien tuvo cuatro hijos más: Megan, Aaron, Andrew y Allegra. Y con tantas bocas que alimentar, no les quedó más remedio que solicitar ayuda estatal para poder llevar comida a su mesa.
“Los cobradores solían presentarse en casa y la compañía de teléfono llamaba para avisar que cortarían el servicio por falta de pago. Entonces, ya teníamos edad suficiente para atender las llamadas o ver las reacciones de mi madre, o a mis padres haciendo malabares con la plata”, explicó Sarah. En ese entonces, no podía imaginar lo que era ir a una tienda a comprar ropa de marca. Tenía que conformarse con prendas de segunda mano. Y se avergonzaba cada vez que la maestra de su escuela la llamaba para entregarle el ticket de almuerzo gratis frente a sus compañeros.
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De todas formas, fue en aquellos duros años cuando se formó la personalidad arrolladora de quien luego se convertiría en una estrella de Hollywood. Nunca abandonó sus estudios. Y tomó el ejemplo de su madre, quien jamás bajó los brazos y siempre luchó para salir adelante y darle lo mejor posible a sus hijos. “Ella era muy trabajadora e intrépida a la hora de averiguar qué había disponible para nosotros. Así que íbamos al teatro, al ballet y a la ópera, porque nada de eso tenía costo”, señaló.
Gracias a esto, desde muy chica Sarah empezó a descubrir su vocación actoral. Su madre le pagó con trabajo sus primeros talleres, hasta que ella consiguió una beca por su talento. Y con apenas 8 años, en 1974 fue seleccionada para protagonizar la adaptación cinematográfica de La niña de los fósforos, para la señal televisiva NBC. A partir de ese momento, supo que tenía que hacer todo lo que estuviera a su alcance para convertirse en una estrella del espectáculo. Y, finalmente, su familia decidió mudarse a Nueva York para ayudarla a cumplir su sueño. En 1978, logró el papel principal en Los Inocentes, obra con la que se presentó en Broadway. Y luego encabezó La novicia rebelde.
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A esa altura, la actriz sabía que no solo su futuro sino también el de sus seres queridos estaba en sus manos. Y no se amedrentó. Enseguida fue seleccionada para el rol principal en el musical Annie, con el que obtuvo su primer ingreso importante. Y, desde entonces, nunca dejó de trabajar. Tras su paso por el American Ballet Theatre y la New York Professional Children’s School donde se perfeccionó, fue convocada para debutar en la pantalla grande con Rich Kids. Luego llegó la sitcom Square Pegs de 1982. Y las producciones de Hollywood como Footloose en 1984, Las chicas sólo quieren divertirse en 1985, L.A. Story en 1991, Luna de miel para tres en 1992, Abracadabra en 1993 y Mars Attack! en 1996.
Sin embargo, fue esa periodista que escribía sobre los vaivenes amorosos tanto de ellas como de sus amigas, la que la catapultó a la fama a nivel internacional. Junto a Kim Cattrall como la relacionista pública Samantha Jones, Kristin Davis como la corredora de arte Charlotte York y Cynthia Nixon como la abogada Miranda Hobbes, Sarah logró traspasar fronteras con una ficción basada en la novela de Candace Bushnell: Sex and de City. Sus desventuras con Mr Big, en la piel de Chris North, tuvieron en vilo a las mujeres del mundo entero. Y sus romances con Aidan Shaw, encarnado por John Corbett, Jack Berger, por Ron Livington y el ruso Aleksandr Petrovsky, por Mijail Baryshnikov, fueron fuente de inspiración para los artículos en los que intentaba entender algo de las relaciones de pareja y con los que la mayoría de las televidentes se sintieron identificadas.
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Es verdad que la carrera de Sarah no terminó con el fin de la serie. Se lució en films como La joya de la familia de 2005, Soltero en casa de 2006 y la exitosa comedia Y... dónde están los Morgan de 2009. Entre 2016 y 2019 formó parte de la serie Divorce, entre otros trabajos. Y creó sus propios emprendimientos de moda. Sin embargo, cada vez que llega a una gala, el público ve en ella a una referente fashionista que, sin lugar a dudas, se asemeja mucho más a su personaje de Carrie que a la niña de origen humilde que alguna vez supo ser.

Claro que, por suerte, la vida personal de Sarah no tuvo tantos altibajos como la de Bradshaw. Sí es verdad que tuvo varios romances resonados al comienzo de su carrera. Pero, en 1991, conoció a Matthew Broderick haciendo una obra de teatro en Broadway y fue el hombre definitivo. Primero entablaron una amistad, pero al tiempo él decidió pedirle una cita mediante un mensaje grabado en el contestador automático de la actriz. Y, desde entonces, nunca más se separaron. Se casaron en 1997 y tuvieron tres hijos: James Wilkie que nació en 2002 y las mellizas Tabitha y Marion, que llegaron al mundo en 2009 a través del método de subrogación de vientre. Y seguramente será junto a ellos, que hoy estará celebrando su nuevo cumpleaños.
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