A menos de 24 horas del meteotsunami que azotó las costas de Mar Chiquita, la tragedia persiste. Yair Amir Manno Núñez perdió la vida y otras 35 personas resultaron heridas.
Infobae recorrió las áreas más dañadas y recogió los testimonios de quienes vivieron el horror, incluido el hombre que intentó reanimar al joven fallecido.
Con la vista en el mar, a metros de donde falleció el turista que vivía en Francia, Pedro, de San Miguel, relata las sensaciones que dejó la tragedia: “Estoy muy mal. Apenado, porque no lo pudimos salvar. Nada más que decir. Los guardavidas no llegaron. La masa de agua que había era tremenda y no llegaban. Yo fui el primero que les grité a los salvavidas, deberían haber tenido una moto de agua, así podrían haber salvado la vida del chico, y la vida de otros, si llega a pasar algo más adelante”.
Luego, el visitante se refiere a su grupo de amigos, los cuales vivieron en carne propia el fenómeno dentro del agua: “Ellos estaban con el agua pisando arena, no tenían agua en los pies, y de repente vino una ola de un metro y después vino otra y otra que los tapó por completo. Ellos son amigos míos, pescamos todos los días juntos acá. Es más, no estábamos nosotros ahí porque no había pesca. Este año, la diferencia fue que bajó rápido y nunca asimilamos que podía venir semejante ola. Hoy vinimos a hablar, a tomar mate, ni siquiera queremos pescar. Yo hace 17 años que vengo acá, como todos ellos, nos conocimos pescando acá, nos hicimos amigos”.
En su relato, Pedro se refiere a Rubén, un policía retirado que integraba el grupo de pescadores y que intentó salvar la vida del joven. Durante tres años, el oficial compartió la pasión por la pesca de lenguados junto a Yair Amir Manno Núñez, pescaban juntos en un grupo de cuatro personas. Si bien comenzaron como desconocidos, a lo largo de estos años, las largas jornadas de pesca y las charlas íntimas a metros del mar los fueron uniendo.
Rubén habla con mucha pasión de cómo era pescar lenguado juntos, de los años que compartieron. Pide respeto por la memoria del joven, por su familia, y se quiebra. “Ayer no pude dormir, cerraba los ojos y veía la cara de Yair. También me acordaba de mis padres, que fallecieron hace un tiempo”, expresa entre lágrimas. El hombre reflexiona sobre la finitud de la vida, cómo todo puede terminar de un momento al otro. “No puedo soportar el hecho de no haberlo podido salvar”, resalta. Como si estuviera reviviendo una película de terror, el hombre relata paso a paso la cruda situación que vivió y los instantes de angustia que sintió al realizarle RCP al joven, intercambiando con otro pescador, durante 20 minutos.
En su cabeza, uno de los momentos que más le pesan fue el inicio de la tragedia. Destaca que tanto él como sus compañeros habían desistido de la pesca ya que no conseguían nada. Por esa razón se habían alejado de la orilla del mar. Sin embargo, Yair seguía firme en su posición, decidido a atrapar un pez.
Fue en ese momento que vino la ola, de un momento al otro. Instantáneamente, el mar arrojó a todo el grupo de pesca al mar. En ese momento, Rubén intentó resistir la embestida clavando la caña en el piso y aferrándose a ella. Sin embargo, el agua lo derribó. Después de dar varias vueltas debajo del agua logró salir a flote, y tomar una bocanada de aire, pero una segunda ola de más de dos metros lo volvió a hundir. “Ahí pensé que me iba a morir, no podía salir, y estuve a punto de darme por vencido, hasta que alguien me gritó que siguiera nadando”, recuerda. Desde la orilla, otro de los pescadores le advirtió que le faltaban unos metros para salvarse. Desde el lugar, Rubén y su compañero comenzaron a buscar a Yair. El medio se apoderó de ellos al no ver que el joven saliera del agua. Segundos después vieron su cuerpo flotando, intentaron reanimarlo, pero el esfuerzo fue en vano.
En otra línea, Andrea Lezcano, Directora de seguridad en playa, dialogó con Infobae y relató cómo se vive el día después del hecho: “Quedó un clima de tensión por todo lo vivido, algo no esperado. Nunca sucedió esto en nuestras costas. Hoy está la bandera roja. La recomendación es no meterse. Ayer, esto no fue esperado, era bandera dudosa, el mar estaba calmo, hacían más de treinta grados. Fue un avance, como un empuje de agua. Si bien acá en lo que es la laguna se hizo una ola, fue por el hecho de que acá la albufera tiene treinta y siete kilómetros de agua dulce y salada”.
Y siguió: “La laguna tendrá unos cincuenta metros de ancho, pero la profundidad tiene como mucho dos metros de profundidad en el centro, tendrás como mucho quince metros. Ahí es donde la ola empuja a la gente y quedan flotando. Las familias se trataron de ayudar entre sí, los guardavidas también ayudaron. Desgraciadamente, el chico quedó flotando solo, no sabía nadar. Él tenía mucho respeto por el mar pero la ola lo arrastró más cerca del canal y terminó yéndose contra la reserva, que es adonde los pescadores del otro lado intentaron sacarlo enseguida. Inmediatamente, los chicos comienzan el RCP, los pescadores se cruzan, los guardavidas que ya venían cruzaron nadando, después llegó una de las lanchas, que trajo el desfibrilador del puesto de guardavidas y no indicaba desfibrilar. La lancha municipal acudió a traer a los médicos y enfermeros que habían venido en la ambulancia, pasaron para el otro lado, continuaron las maniobras de rescate con los médicos incluso”.
Para cerrar, Lezcano se refirió al trabajo en equipo entre las diferentes áreas: “Tenemos que agradecer que contamos con desfibrilador de playa de por medio, que automáticamente tenemos handy, comunicaron rápidamente a la unidad sanitaria, a Defensa Civil, en donde Defensa Civil trabajó excelentemente tanto de provincia como municipal, para dar las órdenes desde Salud”.
A cientos de metros del lugar, en Santa Clara, la situación fue distinta. El fenómeno dejó un internado, el cual sufrió un infarto al ser arrastrado por el agua. “Fue una subida abrupta, la ola se llevó lo típico de la orilla: ojotas, reposeras, etcétera. Pero no grandes sobresaltos. No había una previsión de esto, hemos tenido la suerte de que esos fenómenos, 99% pasan de noche. Entonces, al pasar de noche al otro día, lo que encontrás es que se llevó algún camino de madera o algún poste o alguna carpa. Hoy, el día después. tenemos la aprehensión de mar peligroso, por las condiciones, pero sabemos que ese fenómeno no es previsible. Esto deja una experiencia muy grande de acá en adelante. Ahora, uno ya va a tener ciertos recaudos cuando ve al mar comportarse de otra manera. Vos tenés un momento que tenés la playa controlada y en cuestiones de minutos se te descontrola”, asegura Gustavo Molina, guardavidas del municipio de Santa Clara.
En el mismo lugar, una familia reflexiona sobre lo vivido y la suerte de no haber atravesado una tragedia. “Yo justo estaba dentro del agua, estaba con mi mujer y de repente le digo: “Guarda”, porque vi el mar muy bajo. A los cinco segundos apareció una ola que nunca vi, enorme. Y yo me asusté porque no la veía a ella. Dimos no sé cuántas vueltas adentro. Y de repente, lo primero que hice cuando salí es ver a mi señora. “¿Estás bien?“, le digo. Después vi a la gente toda asustada, empezaron a salir del agua y no quedó nadie. Yo estaba a 30 metros de las piedras. No sé si por casualidad, pero yo tenía un medio mundo y dije, ”voy un rato a las piedras a pescar”. Pero me arrepentí y me volví. Y 15 minutos después pasó esto. Si me hubiera quedado en la piedra, me pegaba. Si me agarraba esa ola, me pegaba, me tiraba contra las piedras. Y ahora no sé si meterme, estábamos mirando las banderas, soy ignorante en ese tema. No sé cuáles son los colores. Y habría que hablar con el bañero para saber cuándo realmente te puedes meter", asegura Juan Manuel, oriundo Banfield.
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