En lo más recóndito de la selva amazónica del Perú, donde la naturaleza se manifiesta con intensidad y enigma, fluye un río cuyas aguas parecen desafiar toda explicación racional: su temperatura supera los 90°C y sumergirse en sus aguas puede resultar letal. Eso explica por qué no hay vida animal en su interior.
Se trata del río Mayantuyacu, que se extiende a lo largo de 6,4 kilómetros y se encuentra cerca de la localidad de Honoria, en el departamento peruano de Huánuco. A pesar de que su acceso no es del todo fácil, el influencer el argentino Coco Maggio, quien vive en Perú desde hace 8 años, se las ingenió y pudo compartir la experiencia en sus redes sociales @cocomaggio.

“Lo que más me impactó del lugar es que parecía un sauna. Se hacía muy difícil respirar entre el vapor del agua y el calor de la selva”, relató a Infobae mientras recordaba que el paisaje estaba cubierto de neblina por la condensación.
Su principal misterio radica en que, a diferencia de otros cuerpos de agua termal del planeta, este río no está cerca de ninguna zona volcánica. Los científicos creen que el agua proviene de lluvias en los Andes, que se filtran profundamente en la corteza terrestre y emergen a temperaturas elevadas gracias a un sistema geotérmico subterráneo.
La travesía de Coco comenzó en la ciudad de Tingo María, desde donde viajó en camioneta durante seis horas hasta la localidad de Honoria. Desde allí, un tramo adicional de 30 minutos a pie lo llevó hasta el Santuario de Mayantuyacu, donde lo esperaba el río hirviente.

“El acceso habitual es en bote desde Pucallpa, pero nosotros tomamos una ruta alternativa por tierra”, explicó. “No hay señales, no hay infraestructura turística ni centro de visitantes. Solo una comunidad local, y en las cercanías del río, un centro espiritual de ayahuasca que actúa como guardián informal del sitio. El río está escondido entre la vegetación, sin carteles, sin caminos pavimentados. Tenés que preguntar, y si alguien quiere llevarte, te lleva”, admitió Coco, quien hizo todo el recorrido junto a un guía local.
Durante su estadía, Coco preparó un desayuno en el agua caliente, colocando huevos en una especie de olla que preparó con piedras directamente dentro del río. “Pasaron diez minutos y todavía estaban babé, así los dejé 15 minutos en total para que alcanzaran la cocción ideal. Fue una locura”, relató.

Además de las sorpresas visuales, el recorrido incluyó advertencias. “¿Qué pasa si una persona cae al río?”, preguntó. La respuesta de su guía fue tajante: “La muerte es inevitable”.
Según el científico geotérmico Andrés Ruzo, el río es muy peligroso: “Con tocar sus aguas es posible que una persona pueda sufrir quemaduras de segundo o tercer grado". Este es el motivo por el que indica que los animales que caen en este río fallecen de forma casi instantánea.
Pese a lo extremo del ambiente, ciertas bacterias termófilas logran subsistir, abriendo una ventana a investigaciones sobre organismos adaptados a condiciones límite, con posibles aplicaciones en biotecnología.

Para las comunidades asháninkas que habitan la región, el río tiene un profundo valor espiritual. Se lo considera sagrado y está asociado a leyendas ancestrales. De hecho, el área donde se encuentra el río forma parte de un territorio ancestral y no ha sido completamente explorada ni cartografiada por el Estado peruano.
En ese sentido, el influencer remarcó que le llamó mucho la atención el contraste entre el valor geológico del lugar y el abandono institucional: “Nadie controla si la gente se acerca demasiado al agua, no hay senderos marcados. Lo cuida la comunidad que vive cerca, y un grupo que trabaja con ayahuasca, porque lo consideran un lugar energético”.

Pese a su potencial turístico, el río no figura en folletos oficiales ni forma parte de rutas promovidas por el gobierno. Según Coco, esa falta de promoción puede estar ligada a un deseo deliberado de mantener el lugar alejado del turismo masivo: “Siento que si lo hacen conocido, lo arruinan. Es un lugar especial y quizás la gente que lo cuida no quiere que se transforme en un parque temático”.
El caso de este río, también llamado Shanay-Timpishka por las comunidades indígenas locales, refleja una paradoja frecuente en América Latina: sitios naturales únicos que permanecen ocultos, lejos del turismo masivo, sin protección oficial ni estrategias de conservación. “Es un lugar que impresiona. Solo la selva, el vapor y vos”, resumió Coco.

Su nombre, en quechua, puede traducirse como “calentado por el sol”, aunque la ciencia sugiere que el calor proviene de otro origen. Según investigadores, las aguas de este afluente provienen de los glaciares andinos, se filtran a través del subsuelo y, al descender profundamente en la corteza terrestre, se calientan hasta alcanzar temperaturas extremas antes de emerger a la superficie.
Eso explica por qué el río nace de una corriente de agua fría que posteriormente se va calentando hasta acercarse a los 94 °C en su punto más caliente.

Hacia el final del recorrido, Coco mostró uno de los sectores donde el agua se mezcla con afluentes más fríos, lo que genera piletas naturales tipo jacuzzi donde es posible zambullirse. Él no se privó de la experiencia y aprovechó para destapar una cerveza mientras nadaba y saciar la sed causada por el calor.
“El río hirviente es un lugar que no se olvida. Tiene algo mágico y aterrador a la vez”, concluyó Coco al aclarar que no toda su extensión es peligrosa.
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