
Hernán Bello Arias hoy tiene 43 años, pero muchos días de su vida su memoria se vuelve a clavar en el 8 de octubre de 1988. Durante esa mañana su mamá lo levantó y le contó que tenía un paseo con los organizadores de la caja PAN (Plan Alimentario Nacional) de Rafael Castillo, su barrio. Bello Arias habla con Infobae y recuerda cada minuto de esa jornada, cuando tenía 7, en la que una osa del zoológico Mundo Animal le arrancó el brazo izquierdo en pocos segundos. “Esa mañana cuando me levanté creía que nos iban a llevar al Italpark. De hecho en el micro durante gran parte del viaje creía que íbamos hacia el parque de diversiones. Recién cuando vi el cartel de entrada y los primeros animales me di cuenta donde estábamos”, empieza a relatar Hernán sobre ese día trágico para su vida.
“A mi me gustaba dormir y me acuerdo que esa mañana cuando me despertó mi mamá no quería ir. Prefería quedarme en la cama -cuenta Bello Arias-. Lo primero que nos pasó cuando llegamos a Mundo Animal es que unos guanacos que estaban cerca de la entrada nos escupieron. Nosotros, con mis amigos, salimos corriendo”.
El paseo por Mundo Animal
El día transcurría con normalidad. Hernán había ido al paseo junto a su hermana. “Al mediodía nos sentamos en una especie de montecito, desde donde veíamos a unos patos - explica Bello Arias-. También había un burro cerca y uno de los chicos recuerdo que lo montó”.

Con el grupo de amigos, Hernán se subió al tronco de un árbol que estaba dentro del predio. En un momento, los coordinadores del grupo los llaman, pero el chico que sufría de vértigo no se animaba a saltar. “Me quedé solo arriba hasta que tomé fuerza y salté. De ahí salí corriendo para alcanzar a mis amigos que estaban cerca de la jaula de los osos”, cuenta Hernán.
Antes de los alambres que separaban a los animales de la gente había unas especie de vallas que estaban caídas. Los chicos pasaron esa parte de la seguridad y quedaron pegados a la jaula. De un lado había un oso con cachorros y del otro la osa que le destrozaría el brazo a Hernán minutos más tarde. “Los chicos le tiraban comida y los osos la agarraban. Yo intenté tirarle un sándwich y el animal estaba de espalda y no lo vio. Entonces empezamos a gritarle”, recuerda Bello Arias.
Cara a cara con la osa
Entonces, Hernán agarró uno de sus sándwich de miga que no se había comido en el almuerzo y pasó su mano derecha al otro lado del alambrado para mostrarle el alimento a la osa. El animal seguía sin reaccionar. “En ese momento para estar más cómodo me lo pasé a la otra mano - cuenta Bello Arias, como si relatara una película-. Ahí, se me acercó por sorpresa y me agarró el brazo. Fue un segundo y yo ni me di cuenta”.

La osa empezó a tironear del brazo del chico. En la cara y el cuerpo de Hernán quedó impreso el dibujo del alambrado, mientras intentaba zafar de las garras del animal. “En la zona no había seguridad. Quedé pegada y sentía su olor y la veía enorme. Era como una gigante que me succionaba el brazo. Yo no podía moverme. Ni gritar me salía”, relata Bello Arias.
Hernán no perdió la conciencia en ningún momento. Sus ojos de niño estuvieron frente a la osa. “En ese momento no sentía ningún dolor. Lo que sí recuerdo exacto el momento en que se me rompe el hueso. Sentí el trac, la osa se aleja y yo me veo el cuerpo sin el brazo”. En ese momento, llegan los cuidadores y con unos palos separan al animal de la zona en la que estaba el nene ya sin su brazo izquierdo.

“Una mujer me cargó en brazos y llevaron en un Fiat 128 blanco. Me sentaron sobre una tela, aunque el brazo me goteaba muy poca sangre. Casi nada. Todo ese tiempo no sentí dolor. Recién cuando me desperté y vi las luces del hospital. Ahí si me largué a llorar”, recuerda el hombre que hoy ya tiene dos hijos y una nieta recién nacida.
Durante la internación, Hernán sentía la mano y hasta le picaba la zona del antebrazo cuando estaba acostado en la cama del hospital. Aún hoy, los días de humedad siente los tendones del brazo izquierdo, el que quedó para siempre en la jaula del zoo de Jorge Cutini. Tras el incidente, Bello Arias tuvo sus cinco minutos de fama mediática, aún así la Justicia avanzó en forma lenta. “Vinieron a mi casa Martín Karadagian y otros luchadores de los Titanes en el Ring - cuenta-. Navarro Montoya, arquero de Boca de ese momento, me regaló una camiseta y entré a la cancha como mascota ese año”. Bello Arias también estuvo en los programas periodísticos de ese momento. “Me entrevistó Chiche Gelblung y Franco Bagnato”, sostiene.

Ponerle el pecho a la vida
Pero las luces de las cámaras se apagaron y Hernán tuvo que enfrentar la vida sin su brazo izquierdo. Cuando terminó la primaria, Bello Arias no siguió con sus estudios. “Todo el mundo me señalaba y no me sentía cómodo. Me costaba relacionarme con las chicas. Pensaba que nunca iba a tener novia”, recuerda. Además, en esa época el chico pasó por otras cinco operaciones ya que los huesos le seguían creciendo. Entonces, empezó a trabajar con su tío como pintor. “Empecé como ayudante y luego ya me largué solo con mis propios clientes. Después, también vendí ropa. Hice todo tipo de rebusques para mantenerme”.
Hernán tuvo dos hijos que hoy ya son grandes. y hasta tiene una nieta recién nacida. Se separó y volvió a estar en pareja con Silvia. “Ella es una gran sostén para mi vida diaria. Me ayuda a seguir para adelante en todo momento”, explica.
La causa judicial penal se cerró sin condenas, ni culpables. Al mismo tiempo, el juicio civil determinó una indemnización para Hernán que le alcanzó para comprarse una casa. “Me quedé a vivir en Rafael Castillo que es el barrio de toda mi vida, desde mi infancia”, asegura. El juez Gabriel Di Matteo responsabilizó a Cutini a la coordinadora del programa alimentario PAN Silvana Montera, organizadora de la actividad y al Estado Nacional.

En algún momento, un programa lo cruzó con Cutini en un estudio. “En ese momento me prometió ayuda, pero cuando se apagaron las cámaras se fue y nunca más lo vi”, explica. El zoo Mundo Animal cerró y de su dueño se supo poco durante todos estos años. Algunos animales tardaron varios años en salir del predio de General Rodríguez para llegar a algún santuario de Brasil en el que recuperaron la libertad.
A Bello Arias le costó mucho tiempo volver a entrar a un zoo. “Lo hice cuando mis hijos eran chicos. Fuimos al de Palermo. Y la verdad, al principio sentí temor. Pero lo pude superar - explica Hernán-. Hasta el día de hoy cuando voy por la calle a veces me da miedo cuando se acerca un perro. Es como que no le tengo confianza. No le acercó mi mano y siempre tengo la sensación como que me va a saltar para atacarme”.
Hernán juega al fútbol y al pádel. Y pese a relatar con detalle el incidente con la osa que le ocurrió hace casi 36 años, dice que intenta “cambiar el chip”. Dejar ese tema atrás, para poder seguir viviendo. Sin embargo, muchas noches de humedad antes de dormirse le pica el brazo que le falta. “Ahí pienso que hubiera sido de mi vida si ahora tuviera mis dos manos. Creo que hubiera tenido más oportunidades”.
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