En el año 2017, Claudio Perusini fue a Santa Fe por un tema de familia. Estaba en su casa y de repente su mujer María Laura lo encontró desmayado. Claudio había sufrido un accidente cerebrovascular. Su esposa y sus hijos Juan Francisco e Ignacio lo llevaron en ambulancia al hospital público Cullen de la ciudad. Cuando llegaron, el cuadro era gravísimo. Con el correr de las horas les informaron que Claudio tenía un ictus isquémico con infarto hemorrágico en varias zonas, sepsis, coma profundo, shock séptico resistente con fallo multiorgánico. La tomografía mostró un infarto extenso del tronco encefálico. Era una situación desesperante. Tenía un pronóstico reservado, con pocas posibilidades de volver a la vida normal, debido a las lesiones cerebrales irreparables.
Los médicos comunicaron a la familia que a Claudio le quedaban pocas horas de vida, tanto que una enfermera le dijo a su esposa: “Preparate chiquita. Si se muere es largo, pero si vive va a ser más largo aún” y le entregó la alianza y la ropa de su marido. Así lo expresó María Laura en exclusiva para Infobae: “Cuando lo recibieron los médicos, a mi y a mis dos hijos nos dejaron afuera. A los 45 minutos apareció una enfermera. Nunca me voy a olvidar de ella. Me trajo la alianza y la ropa de mi esposo y me dijo ‘preparate chiquita, porque esto es largo. Si se muerte es largo, pero si vive va a ser más largo aún’. La verdad, no tenía dimensión de lo que ella me estaba diciendo. Luego nos hicieron pasar a la unidad coronaria para despedirnos, porque Claudio se moría, no tenía ni 24 horas de vida. Bien, Claudio pasó las 24 horas. A las 48 me dijeron también que se moría. Pasó las 48 horas y en ese ínterin es que vino Ernesto de Buenos Aires, que trajo esa estampita que empezamos a rezar ahí. Al tercer día me hablaron del estado vegetativo y de mantener sus parámetros hasta donde se pudiera”
Durante estas horas desahuciadas, María Laura recibió una estampita de Mama Antula de la mano de un muy amigo de Claudio, un jesuita, Monseñor Ernesto Giobando, que había viajado desde Capital hasta el hospital de Santa Fe para acompañar a su amigo.
María Laura cuenta: “Yo no la conocía a Mama Antula, pero el padre Ernesto Giobando me dijo que le rezara a Mama Antula y ¿cómo no lo iba a hacer? Claudio era mi vida, mi compañero, mi amor, y se estaba muriendo”.
Desde ese momento María Laura empezó a rezarle a Mama Antula junto a sus hijos pidiendo que Claudio sobreviviera. Pasaron las primeras 48 horas, que se preveían terribles, y el pronóstico trágico de los médicos no se cumplió. Continúa María Laura “Comenzó ese derrotero de que un día tenía infección pulmonar, otro día no respondía otro órgano, otro día mejoraba. Entonces había como una pequeña luz de esperanza. Y así continuamos durante aproximadamente diez días, hasta que no había nada más que hacer allí en la terapia. Ese era el estado de Claudio, pero había recuperado signos vitales. Es decir, podía mover la mano, apretar una mano, mover una pierna, pero la otra estaba totalmente paralítico. Y el otro brazo también. Seguía el dedo con la mirada, pero no podía hablar tampoco. De esa forma lo sacaron a terapia intermedia.
Luego de algunos días Claudio retomó sus funciones vitales. El proceso de recuperación fue largo y tuvo que pasar por rehabilitación y fisioterapia. Hoy en día, Claudio lleva una vida normal y puede contarnos su historia.
El matrimonio está convencido de que la intercesión de Mama Antula fue fundamental para la recuperación de Claudio y quieren destacar que es Mama Antula la verdadera protagonista de esta historia y no él. “Creo que también Dios puso, con Mamá Antula, la mano allí, porque el día lo vinieron a evaluar y él pudo responder a esas mínimas órdenes que le pedían. Por eso es que a veces narro esto, estos episodios, porque no es mágico lo de un milagro. Personalmente creo que Mamá Antula se involucró y que Claudio fue obediente a todas las órdenes médicas, pedidos y cosas que debía hacer, porque la pasamos muy mal”, dice María Laura.
Perusini, por su parte, cuenta la emoción que sintió al enterarse que el Papa Francisco reconoció su curación como un milagro: “A la noticia la estabamos esperando. Sabíamos que iba a pasar de un momento a otro, monseñor Giobando nos había adelantado algo. Pero la cabeza ciertamente estaba en otro lugar. Me lo comunicó mi sobrina desde Canadá”.
Antes de sufrir el ACV, Claudio no conocía la historia de Mama Antula. “Me empecé a interesar por ella ahora -le dice a Infobae-. Es más, el primer artículo que leí fue sobre ella y tardé mucho, porque mis primeras lecturas eran terribles, tenía que leer dos veces y por cada página tardaba una hora, fue una aventura.

El vínculo del milagro con el papa Francisco
Claudio conoció a Jorge Bergoglio en el año 1976 a los 17 años, siendo un estudiante de la secundaria, cuando Jorge Mario era el provincial de los jesuitas en Santa Fe. El primer encuentro entre ambos tuvo lugar cuando Perusini acompañó a un sacerdote hasta esa ciudad. Bergoglio, que por entonces era superior de los jesuitas, los recibió a todos con mucha cordialidad y los invitó a comer a su casa. Bergoglio “sacó de la heladera un maple de 30 huevos, cebollas, papas, condimentos e improvisó una gran tortilla de papas, la cortó en seis porciones que compartieron entre todos”. Así recordó Perusini este hecho divertido, que guardó de manera imborrable en su memoria.
Después de ese encuentro que lo marcó, Claudio decidió ingresar a la Compañía de Jesús e hizo el noviciado. Tenía asignada la tarea de cocinero, y todos los sábados y domingos Bergoglio lo ayudaba a preparar la comida. En el ‘80, cuando Claudio empezó la Universidad, Jorge Mario era rector de esa institución y pasó a ser su confesor y dirigirlo espiritualmente para trabajar sobre su vocación. Claudio cuenta que tenían discusiones terribles, hasta con insultos, porque él quería ser sacerdote y Jorge le decía que eso no era para él, que quería que fuera feliz y que ahí no lo iba a ser. Hasta llegó a palmearle la espalda y decirle que buscara otro rumbo y que seguramente en el futuro le bautizaría a sus hijos. El Papa le marcó el camino.
El martes 24 de octubre de 2023 el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto relativo a este milagro para que Mama Antula se convierta en la primera santa argentina de la historia.
María Antonia de Paz y Figueroa -Mama Antula- fue una mujer santiagueña laica, fundadora de la Casa de Ejercicios Espirituales que difundió el espíritu jesuita tras la expulsión de América de la Compañía de Jesús en 1767. Dedicó su vida a los otros, a los más postergados, en particular a las mujeres y los más humildes.
Gracias a ella se mantuvo vivo en esta parte del mundo el legado ignaciano que permitió que la Iglesia tenga hoy un papa argentino y jesuita.
Ahora sólo les queda esperar el día que en el Vaticano pronuncien el nombre de la Santa y que resuene el nombre de Claudio Perusini, de Santa Fe, Argentina, como el hombre del milagro. Claudio, con humildad y el agradecimiento, sólo puede decir que “la emoción va a ser muy grande”.
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