
Cuando L. se enteró que su padre, el “distinguido” juez de Mar del Plata Edmundo O’Neill, había sido denunciado por la hermana de una de sus amigas, entendió todo todo lo que no le cerraba desde hacía años: sus amigas habían dejado de ir a su casa, no devolvían sus llamados hacía muchísimo tiempo y a la invitación a los cumpleaños respondían con un silencio letal.
Corría 2004 cuando L. se enteró que a su papá una hermana de una de sus viejas amiguitas lo denunció por lo que hizo con ellas. Y así como el horror tomó todo, también desató los nudos. L. ubicó a muchas de sus amigas y 12 de ellas le dijeron que sí, que habían dejado de verla e incluso se habían ido de Mar del Plata porque su padre abusó sexualmente de ellas. La hija del abusador aportó, entonces, una docena de víctimas a la causa. Pero el expediente nunca prosperó. Dos años después fue cerrado. Y una década más tarde, O’Neill murió sin pagar por sus crímenes. Sin embargo, todavía se habla de él porque la condena social es imperecedera.
Tanto, que su horrorosa historia -la de un intocable- fue llevada al cine por la directora y activista feminista Susana Nieri. “Algo incorrecto” es su primera película de ficción. Basada enteramente en la historia del magistrado abusador, de su hija L. -encarnada por Eleonora Wexler- y de las víctimas, el film busca generar conciencia sobre el drama de los abusos sexuales infantiles.
“Siento que con la película se abre una puerta que deja pasar ese dolor”, dice Nieri a Infobae. La directora, que viene de hacer una serie de documentales, siempre con la mujer en el centro de la cuestión, conoció la historia de O’Neill al leer una nota de Página 12, donde la periodista Mariana Carbajal reveló el caso. Fue en 2013, en el contexto de la Feria del Libro de Buenos Aires, cuando el juez iba a presentar allí su libro “Sancho”, editado por Dunken, y como consecuencia de las protestas de las víctimas y el pedido de repudio, la charla del abusador se canceló.
“Esperemos que esta acción sirva como condena social, al haberse cerrado la causa por la prescripción del delito, y para que otras personas que sufran abuso sexual hagan las denuncias a tiempo para que los casos no queden impunes”, le dijo en aquel momento Carolina, víctima, bióloga molecular e investigadora del Conicet a la periodista. Ese mismo sentido le busca dar ahora la película “Algo incorrecto”.
“Yo me entero del caso por esta noticia. Venía haciendo documentales y de lo próximo que quería hablar era del abuso sexual infantil intrafamiliar. Y justo aparece la nota de Mariana. Cuando la leo veo que en ese caso real había como un montón de huellas, de inscripciones, de capas de lo que yo quería hablar. Por todo mi trabajo con las violencias de género sé que los abusos no son solamente eso. Hay muchas más cosas: hay silencios, complicidades, una Justicia que no funciona, familias que miran para otro lado. Yo quería hablar de todo eso”, cuenta Nieri.
La denuncia de 2004 la ejecutó una trabajadora social de Mar del Plata, porque sus dos hermanas mayores habían sufrido abusos sexuales de parte del juez cuando iban a la casa a visitar a L. En ese momento O’Neill tenía dos nietas, de 10 y 7 años, y la denuncia se hizo también para que investigaran ese vínculo. La jueza de Menores N° 1 de Mar del Plata, en aquel entonces Silvina Darmandrail, ordenó peritajes que no establecieron pruebas de relevancia con relación con las nietas.
La reacción de L. de llamar a sus amigas armó una red de mujeres sobrevivientes a los abusos de O’Neill. Pocos meses después el fiscal del caso viajó a Buenos Aires a tomarle declaración testimonal a muchas de ellas. En ese grupo estaba Julia Augé, actriz y docente de la Universidad Nacional de Quilmes.
Ella, que de niña vivía en Ayacucho, fue abusada a sus 11 años por el juez, amigo de su familia. “El vínculo que yo tenía estaba mediado porque su mujer era del pueblo de donde soy yo, y amiga de mi papá. En un momento mi papá tuvo conexión por cuestiones laborales con él en Mar del Plata y ahí él venía mucho a mi casa”, relata Augé a Infobae.
“La secuencia es muy tremenda”, comenta Julia, y sigue: “En mi caso personal lo dije en el momento a mis padres, que le prohibieron la entrada. Mi papá habló con su cuñada y nunca más lo quiso ver. Pero vivíamos en una sociedad que nadie se metía, todos sabían que era ‘mano larga’, pero nadie lo agarró a las trompadas, nadie lo denunció, era otra época”.
“Algo incorrecto”, comienza con el cumpleaños del personaje de L. La imagen es muy simbólica de la época. Es 1978 y en la puerta de la casa está estacionado un Falcon verde. Adentro hay un militar. También un sacerdote.
“Él fue juez durante la dictadura. No me meto en la cuestión política partidaria en la película pero sí es interesante que yo pongo marcas temporales. Es importante el tema del tiempo. Lo que quiero mostrar es que el tipo estuvo abusando durante 30 años. Cuando se juntan las víctimas hay de tres generaciones”, explica Nieri.
Augé cuenta que cuando empezaron a juntarse había mujeres de 40 años, la edad de las amiguitas de L. en la infancia, pero también de 50 y hasta de 60. Muchas mujeres no quisieron hablar. Pero se sabe, siempre se supo, que cuando O’Neill fue camarista en Necochea se tuvo que ir por el abuso a una mujer. “Se pasó décadas haciendo esto. Calculamos que ya a los 24 abusaba de mujeres. Y quizás lo hizo hasta su muerte”, dice Julia.
“Me sentaba a caballito de espalda y me empezaba a contar historias y a besar por el cuello. Y me empezaba a mover sus genitales, en forma bastante violenta. Yo usaba media can-can. Edmundo me las bajaba, me bajaba la bombacha y luego sentía que ‘me ensuciaba’. Ahora sé que eyaculaba sobre mi cuerpo. Entonces no sabía si eso que me mojaba y me ensuciaba era algo mío, de mi cuerpo o de él. Luego me limpiaba muy rápidamente y me volvía a subir la bombachita y las medias con toda delicadeza”, contó una de las víctimas a la Justicia, según reveló en su momento Carbajal.
Una de las mujeres que declararon en la causa hace casi 20 años detalló que comentó los abusos con su madre, pero que la respuesta fue que se alejara de O’Neill porque era “enfermo y no podía controlarse”. Otra de las víctimas declaró en la Justicia que el ex juez le manoseó la cola mientras la luz estaba apagada para soplar las velitas de un cumpleaños de la familia. Y que la sostenía firme, para que ella no se pudiera mover, con una de sus manos apoyada en su hombro. Esa imagen eligió la directora para sugerir los abusos en una de las primeras escenas de “Algo incorrecto”.
“La película no solo habla del abuso sexual infantil, también habla del poder, del ocultamiento y también de la red de las mujeres, de recuperar la memoria”, explica Nieri.
“Siguen apareciendo víctimas sobrevivientes”, dice Augé. En la avant premier en Mar del Plata, una sobreviviente fue con una vecina que contó que también ella y la hermana habían sido abusadas por O’Neill. Esto ocurrió hace apenas una semana. “Y seguirán apareciendo. Siempre eran niñas, menores. Abusaba de ellas desde los siete, ocho años, hasta 15″, agrega la sobreviviente.

“Esto ya está. El tipo se murió”, reflexiona Augé, quien admite que sintió que “la película fue el juicio”. Y explicó: “Me pasó en el 80. En 2004 pude declarar. Un fiscal me escuchó. Pero la película vino a ser una especie de juicio con condena social. Y algo que es muy fuerte es la palabra y la credibilidad en la palabra, sobre todo cuando sos niña. Me gustaría que no le ocurra a ningún niño o niña más y que nos repensemos el adultocentrismo. Los niños son sujetos de derechos y las palabras de les niñes siguen sin ser escuchadas. Es muy difícil que un niño mienta”.
Augé admite que cuando habla de O’Neill un frío le recorre la espalda: “Yo hablo para que no pase más. Para que los adultos y adultas que tuvieron estas situaciones en la infancia hablen. La impunidad vive en el silencio. Mientras los adultos podamos hablar esa práctica se verá erosionada. Es algo muy enorme y muy cotidiano. La mayoría de los casos de abuso sexual en las infancias es intrafamiliar”.
A pesar de salir impune, O’Neill llegó a declarar en la Justicia. Lejos de rechazar las acusaciones, el juez habló con el fiscal del caso. “Yo sé que he hecho algo incorrecto pero no siento culpa”, dijo. Murió a los 86 años. Libre. En su casa.
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