IA-37: la historia fallida del jet supersónico creado por un ingeniero de la Luftwaffe que emigró a Argentina en tiempos de Perón

El prototipo fue creado por Reimar Horten y llegó a volar en 1954. Sin embargo, la iniciativa terminó suspendida con el golpe de Estado de 1955. En Argentina, el diseñador alemán se convirtió en una eminencia mundial en la aeronáutica

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El avión supersónico IA-37, el proyecto de tecnología aeronáutica de avanzada de Reimar Horten.
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Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Reimar Horten emigró a la Argentina y se radicó en abril de 1948 en Villa General Belgrano, Córdoba. Horten era un ingeniero especializado en aeronáutica en la Alemania nazi de Adolf Hitler. Junto a su hermano Walter contaban con un conocimiento codiciado en materia de defensa y aviación que, primero, desarrollaron de manera aficionada e independiente y luego en colaboración con el Ministerio de Aviación Alemán. Antes de emigrar, los hermanos construían aviones para la Luftwaffe, la poderosa fuerza área alemana que estuvo involucrada en los crímenes de guerra del Tercer Reich.

Los Horten diseñaron algunos de los aviones más avanzados de la década de 1940, incluyendo la primera de propulsión a chorro del mundo de ala volante, y el Horten Ho 229, un cazabombardero con una estructura revolucionaria futurista con la capacidad simultánea de transportar 1000 kilos de bombas y recorrer una distancia de 1600 km a 1000 km/h. La máquina incluía, además, una capa de carbono especial para volverlo invisible en la detección de radar.

Si bien ese prototipo llegó tarde para la evolución de la guerra, el diseño consagró la maestría de la dupla en la técnica aeronáutica y se convirtió en el antecesor Northrop Grumman B-2 Spirit, uno de los ala volantes militares más conocidos en actividad.

La Argentina del entonces presidente y teniente coronel Juan Domingo Perón los recibió con las puertas abiertas. Al igual que otros ingenieros, científicos y técnicos alemanes de la época, Horten negoció con el Reino Unido y China hasta que decidió reinsertarse en el país como contratado en la Fábrica Militar de Aviones (FMA). Su hermano Walter estuvo unos años pero no se quedó y se volvió a su país.

Eran tiempos de revolución aeronáutica. Durante la primera etapa, Reimar se enfocó a desarrollar dos modelos de planeadores (IA-34 “Clen Antú” e IA-41 “Urubú”), un transporte (IA-38) y un caza de reacción. El 19 de octubre de 1949, el brigadier Juan Ignacio San Martín, a cargo de la FMA (Fabrica Militar de Aviones) le presentó junto al ministro de Aeronáutica, brigadier César Ojeda, el expediente secreto 339 con el proyecto de Horten de un caza de reacción, ala doble delta, dos derivas en las alas que permita superar el Pulqui II. Ese proyecto no prosperó porque Argentina no podía construir dos aviones de reacción al mismo tiempo.

Reimar Horten
Reimar Horten, durante el período de la Alemania Nazi.

Sin embargo, Horten continuó. La apuesta fue el diseño de un avión supersónico de ala delta experimental, el IA-37.

En 1953, Reimar comenzó a efectuar pruebas. Hizo más de 200 lanzamientos de maquetas de entre 5 y 20 kg para pruebas aerodinámicas que alcanzaron los 200 km/hora. Un año después, el ingeniero construyó un IA-37 de madera a escala natural. La confección en madera era utilizada para probar la aerodinámica del diseño. Voló por primera vez un 1 de octubre remolcado con la ayuda de otros aviones. El piloto era el capitán Conan Doyle e iba acostado. Curiosamente para un avión planeado, el piloto comandaría el avión desde una posición boca abajo en la nariz del avión. En ese momento, la posición boca abajo estaba destinada a proteger a los pilotos de las fuerzas G durante las maniobras estrechas.

Según la crónica de la época, el vuelo fue excelente, con despegues y aterrizajes suaves.

Las etapas de pruebas fueron crucial, ya que las características de vuelo de los diseños de alas delta en general, y los diseños de alas voladoras específicamente, eran relativamente desconocidas. Con los años hubo algunas innovaciones y mejoras, como el cambio de la posición del piloto y los motores. Hubo dificultades en la compra y adquisición de insumos, como las turbinas de mayor potencia.

Finalmente, en 1960, cuando faltaba sólo un año para el vuelo del IA-37, el proyecto fue cancelado por falta de fondos. Así se puso terminó la chance de contar con un caza de reacción de diseño propio, algo que recién se logaría en 1984 con el IA-63 Pampa.

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Reimar tuvo otros hitos en el diseño aeronáutico. Realizó otro desarrollo, el IA-38 “Naranjero”, basado en el proyecto alemán Horten Ho VIII. La intención era utilizarlo para transportar naranjas para la exportación. Sin embargo, tanto el IA-38 como el Naranjero eran comercialmente infructuosos.

En las décadas del ’60 y del ’70 Horten continuó vinculado al medio aeronáutico mundial. En 1962 viajó a Alemania y luego en 1964 regresó a la Argentina, donde trabajó como consultor en varios proyectos extranjeros. Estuvo involucrado en iniciativas como el Avro Vulcan, B-47, B-52 y el más importante de todos, el B-2.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los científicos e ingenieros alemanes fueron reclutados al servicio de los países vencedores. Argentina y Brasil también intentaron beneficiarse con estos conocimientos. De esta manera, al igual que Horten, otros militares y técnicos alemanes que colaboraron con el Tercer Reich fueron parte de la “migración científica” que se incorporaron a la vida local en Argentina, como Adolf Galland, general de la aviación; y Kurt Tank, un experimentado piloto de pruebas que estuvo a cargo del desarrollo del modelo Pulqui. Ese caza a reacción colocó a la Argentina en una vanguardia tecnológica junto a los Estados Unidos, la Unión Soviética y Suecia. Horten había colaborado en los proyectos de Kurt Tank.

Con el tiempo, Reimar Horten se convirtió en una referencia insoslayable en el país y del Instituto de Ingeniería Aeronáutica de Argentina (IAE), donde era profesor. “Inexplicablemente no ha sido ha sido reconocida ni mencionada debidamente su enorme y fecunda actividad como docente en las áreas de Aerodinámica, Performances y Mecánica del Vuelo en la entonces Escuela Superior de Aerotécnica”, escribió uno de sus ex alumnos, el ingeniero Luis Ortíz.

En una carta mecanografiada en perfecto español, fechada del 12 de abril de 1950, Reimar Horten hizo un repaso de su extenso currículum para postularse en el ingreso al sistema científico argentino. Él mismo destacaba que, en Alemania, llegó a construir 15 modelos propios y comentó que, frente a sus colegas críticos, no desistió en crear su modelo de avión preferido, el “ala volante”. En esa misiva, aclaraba: “No he tenido participación en la política y jamás pertenecí a un partido. Desde 1948 carezco de nacionalidad”.

En sus últimos años, Horten vivió en su casa de Atos Pampa, en el valle de Calamuchita, hasta que murió el 21 de agosto de 1993.

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