Hallaron y erradicaron más de 40 caracoles gigantes africanos en Misiones

Ocurrió en la localidad de Eldorado

Personal del Senasa encontró y erradicó más de 40 caracoles gigantes africanos considerados una plaga en la localidad misionera de Eldorado
Personal del Senasa encontró y erradicó más de 40 caracoles gigantes africanos considerados una plaga en la localidad misionera de Eldorado

Personal del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria y de la Secretaria de Ambiente del municipio de Eldorado encontró y erradicó más de 40 caracoles gigantes africanos considerados una plaga ya que por su capacidad de reproducción pueden llegar a producir graves daños en ecosistemas y cultivos.

Los ejemplares de Lissachatina fúlica, según su nombre científico, fueron encontrados en el barrio El Colono de esa ciudad, a unos 200 kilómetros al norte de Posadas.

Los técnicos del Senasa mantuvieron reuniones con los vecinos a quienes informaron acerca de los peligros que acarrean y capacitaron sobre el reconocimiento y erradicación de los caracoles gigantes africanos.

Este tipo de animal puede reconocerse porque tiene un caparazón o conchilla grande, de hasta 20 cm de largo y 10 cm de ancho, su color es castaño o marrón, en general, y bandas longitudinales a lo largo de la caparazón castaños claras y oscuras irregulares.

Su forma es cónica, con un truncamiento o corte en la base de la columna y el borde de la apertura del caparazón es filoso, es decir que si lo sentimos con los dedos es factible poder diferenciar este borde cortante.

Entre los métodos de control más adecuados, y que el Senasa recomienda, es la recolección manual con guantes, colocarlos en un recipiente como por ejemplo un tacho de pintura, una lata de pintura o un frasco, volcarles sal y taparlos. Luego de 2 días, enterrarlos, sin el recipiente, se informó.

Este tipo de caracol gigante africano puede reconocerse porque tiene un caparazón o conchilla grande, de hasta 20 cm de largo y 10 cm de ancho, su color es castaño o marrón, en general, y bandas longitudinales a lo largo de la caparazón castaños claras y oscuras irregulares
Este tipo de caracol gigante africano puede reconocerse porque tiene un caparazón o conchilla grande, de hasta 20 cm de largo y 10 cm de ancho, su color es castaño o marrón, en general, y bandas longitudinales a lo largo de la caparazón castaños claras y oscuras irregulares

En noviembre pasado el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación resolvió declarar a este tipo de caracol como dañino y perjudicial para la conservación de la biodiversidad, las actividades productivas y la salud humana, por ser una especie exótica invasora y hospedadora de nematodes potenciales causantes de enfermedades zoonóticas.

La novedad se conoció con la Resolución 417/2020 publicada en Boletín Oficial, la cual prohíbe la importación, el tránsito interjurisdiccional, la cría y el comercio en jurisdicción federal de animales vivos, productos o subproductos de la especie caracol gigante africano (Achatina fulica).

La medida también establece adoptar las acciones y protocolos elaborados a partir de un proyecto piloto desarrollado con la especie en la provincia de Misiones, según informaron desde el ministerio que conduce Juan Cabandié.

La iniciativa para la contención y erradicación del caracol gigante africano fue elaborada en el marco del Proyecto para el “Fortalecimiento de la gobernanza para la protección de la biodiversidad mediante la Formulación e implementación de la Estrategia Nacional Sobre Especies Exóticas Invasoras (EEI)”, que busca minimizar el impacto de las mismas sobre los recursos naturales, la diversidad biológica, los servicios ecosistémicos, la economía, la salud pública y la cultura.

En Argentina, el caracol gigante africano fue registrado por primera vez en 2010 en la localidad misionera de Puerto Iguazú y años más tarde fue detectado en la ciudad de Corrientes, siendo éstos los únicos dos focos reconocidos hasta el momento.

El caracol gigante africano se desplaza y coloniza el hábitat de moluscos nativos, que deben ser preservados para mantener la biodiversidad y la sustentabilidad del ecosistema. Además del impacto que puede ocasionar sobre la agricultura y la fauna de caracoles de la zona, también puede transmitir parásitos perjudiciales para la salud humana y la de otros animales. Dichos parásitos están presentes en la baba del caracol y pueden contaminar frutas y verduras, que en el caso de no ser lavadas correctamente pueden causar enfermedades de origen zoonótico a las personas.

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