
Vivía en París, exactamente en el renombrado barrio Fontenay-sous-Bois junto a su madre. Con apenas 23 años, daba sus primeros pasos en el mundo de las artes plásticas en el Museo du Louvre, pero salir al mundo le parecía aún más atractivo. Y así lo hizo
“Tenía un gran deseo de ver qué había más allá de Paris”, confiesa Ligeïa Ozanne (27). “Empecé a soñar. Siempre me llamó la atención la Argentina y Uruguay”, reconoce a Infobae. Tal vez fue por su historia personal: sus bisabuelos eran uruguayos, en su casa siempre tomó mate, pero había mucho de necesidad de lanzarse a lo desconocido, a lo lejano. Entonces, no perdió el tiempo.
“Mientras hacía mis prácticas junto al artista danes Bo Halbirk, le comenté mi deseo de meterme de lleno en el mundo del arte del grabado. Entonces él me contactó con Zulema Maza, una artista argentina especialista en obras gráficas”. Intercambiaron mensajes y ella le propuso emigrar a Buenos Aires para profundizar sus conocimientos en el área.
Con ese proyecto en vista, en 2016 decidió dejar su vida armada en París para aventurarse a un destino totalmente nuevo. Juntó algo de dinero que pudo ahorrar de su pasantía en el Museo du Louvre y voló a Buenos Aires con un pasaje de ida y sin vuelta. “La primera impresión fue dura dice. Ezeiza no es lo más lindo de Buenos Aires. Hacía frío, estaba húmedo, y yo estaba con jet lag... además no sabía hablar una palabra de español”, recuerda frente a su llegada hace cuatro años.

El desarraigo se hizo sentir. La distancia y el choque cultural también. Todo era muy distinto a su casa. “Me alquilé un departamento por Airbnb, y necesito un par de días para habituarme a la ciudad”, reconoce.
Zulema, que contaba con su taller en Constitución, la esperaba para insertarla en el universo del grabado. Además le brindó hospitalidad. “Me invitó a instalarse en su espacio para poder trabajar juntas. A partir de ahi todo fue más sencillo, porque íbamos a inauguraciones de museos, muestras de colegas e instalaciones. La oferta cultural es atractiva y diversa en Buenos Aires”.
Rápidamente Ligeïa se sintió a gusto con la ciudad, recorrió todos los sitios con gran atractivo cultural. “Tuve varias idas y vueltas a París, adonde regresé por unos meses para anotarme a la Universidad, aunque siempre sabía que quería volver a la Argentina”.
Desde 2017 está en pareja con el escultor Pablo Dompé y conviven en Palermo. No solo se estableció socialmente sino que además creció profesionalmente. Complementa sus ingresos con un trabajo de tres veces a la semana en una perfumería de Recoleta que la conecta con el mundo de las fragancias y paisajes de la Patagonia, destino que anhela visitar.

-¿Por qué elegís vivir en Buenos Aires?
-Me gusta mucho, no tengo una respuesta racional. Siento una especie de atracción idílica. Es un destino que además me recibió con mucha calidez, imaginate que el primer tiempo llegue a tener las llaves de la casa de tres personas que acaba de conocer, así de receptivos son los argentinos.
En estos cuatros años Ligeïa pudo conocer destinos nacionales como Salta, Jujuy y Catamarca, donde participó en un proyecto arqueológico. También disfrut de San Luis, Puerto Iguazú, Córdoba y Puerto Madryn. “Recorrer más la Patagonia es mi deuda pendiente”, dice.
-¿Hay algo a lo que no te acostumbras?
-Los precios cambian, nunca termino de entender cuánto cuestan las cosas. El clima me gusta, pero afecta mi alergia. Conseguir rico queso y buen chocolate, aunque la comida argentina es variada. La infraestructura de París, una ciudad hecha para caminar.

-¿Por qué pensás que hay tantos argentinos que quieren emigrar a Europa?
-Hay una mezcla de razones. En primer lugar la conexión familiar con el Viejo Continente, es como que buscan sus raíces culturales. También cierta idealización de que en Europa hay mejor calidad de vida, y no es del todo cierto. La inestabilidad social y política argentina sin lugar a dudas te propulsa a emigrar.
-¿Vivir en parís no es un la ciudad ideal?
-Es una ciudad maravillosa, pero eso si afrontamos muchos problemas de inseguridad por una disputa de intolerancia religiosa. Las cosas si funcionan, y los precios no son fluctuantes, es posible ahorrar, pero en cualquier lugar hay problemas.
-¿Qué destacarías de los argentinos?
-Son emocionales, y muy adaptativos. Tienen pasión en lo que emprenden, son curiosos del mundo.

-¿Lo que no destacarías?
-La impuntualidad, y que algunos tratan de salirse con la suya, los chantas. La imposibilidad del consenso que hay, veo una clara grieta política y eso genera desorden. En Francia la política también protagoniza la vida cotidiana, pero todo se debate, confronta y se analiza, hay varios grises.
-¿Tenés pensado volver a París?
-Solo de visita, por ahora estoy muy bien aquí.
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