Réplica de la nao Victoria, que capitaneaba Fernando de Magallanes, en Puerto San Julián.
Réplica de la nao Victoria, que capitaneaba Fernando de Magallanes, en Puerto San Julián.

Paradojas de la historia: la humanidad celebra el aniversario de la primera vuelta al mundo en tiempos en que no podemos siquiera salir de nuestras casas. La odisea tiene un destacado capítulo argentino. El 29 de marzo de 1520 la escuadra capitaneada por Fernando de Magallanes se encontró ante las costas de lo que unos días más tarde llamaría Puerto San Julián, en la Provincia de Santa Cruz. Dos de las naves ingresaron por una lengua de mar con la expectativa de encontrar al fin el paso transoceánico. Pronto llegaría la decepción: no estaban ante el estrecho que les permitiría cruzar hacia el Pacífico sino ante una bahía que se cerraba poco más adelante. Frente a un sinfín de contratiempos, Magallanes decide pasar el invierno en este lugar que, si bien no respondía a sus anhelos, representaba cierto refugio. Pasaron casi cinco meses en los que sucedieron episodios destacados de nuestra historia. Del primer encuentro entre colonizadores y nativos en territorio argentino, por ejemplo, surgiría la palabra Patagones y de ahí el nombre de toda la región. Cabo Curioso y Punta Desengaño son los extremos Norte y Sur de la Bahía. De la expectante curiosidad al desengaño: como dos paréntesis, estos nombres sintetizan los episodios dramáticos que vivió la expedición en estas costas. En tres días se conmemorará el aniversario de la primera eucaristía y de un momento fundacional.

“San Julián, origen del mito Patagónico”, dice una pintada a la altura del kilómetro 2252 en el distribuidor de acceso a esta localidad sobre la Ruta 3 donde hoy viven unas 10 mil personas. Esta suerte de marca y orgullo del lugar está bien documentada: “… un hombre de figura gigantesca se presentó ante nosotros. Estaba sobre la arena casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo, echándose polvo sobre la cabeza (…) este hombre era tan grande que nuestra cabeza apenas llegaba a su cintura. Llevaba también una especie de zapatos hechos de la misma piel”, dice en de mayo de 1520 el cronista Antonio Pigafetta, cuyas anotaciones podemos leer en el libro Primer viaje en torno del globo. El nativo tehuelche se tiraba tierra sobre la cabeza como señal de bienvenida. A su talla de por sí imponente para los pequeños europeos, se sumaba el calzado de pasto seco recubierto con piel de guanaco, lo que generaba una gran huella sobre la que rastreamos hoy el mito de origen de toda la región. “Nuestro capitán llamó a este pueblo patagones. En este puerto, al que llamaremos San Julián, pasamos cinco meses”, señala Pigafetta.

Mapa de Magallanes
Mapa de Magallanes

El acceso a San Julián va de la Ruta 3 al inicio de la San Martín, una avenida ancha, de gran boulevard con retamas de flores amarillas. Es posible recorrer esta avenida principal como una línea de tiempo. El súper de la ex Cooperativa, vinculada a una decaída y tradicional actividad ovina, una carreta de los pioneros con ruedas de dos metros de altura, la iglesia, con un destacado cartel que desde hace meses anticipa los festejos por los 500 años de la primera misa. La avenida termina con la precisión de una flecha en la Nao Victoria, la réplica de la única de las cinco naves que logró dar la vuelta al mundo, una expedición que comenzaron 275 hombres y apenas finalizaron dieciocho. El galeón español de veinticinco metros de largo y veinticuatro de alto, sobre la costa de la Bahía, es símbolo indiscutido de la localidad. El historiador y ex Secretario de Turismo Pablo “Poly” Walker fue quien impulsó la construcción de la Nao. Unos días antes de la cuarentena total, sentados a una mesa de la Hostería Miramar, con vista a la nave, Poly nos cuenta que más que con un momento repentino de inspiración, la idea de la Nao está vinculada a años de trabajo y estudio. “En su momento el proyecto tuvo mucha resistencia pero hoy la Nao es nuestro referente. En San Julián sucedieron episodios trascendentes de la historia. Y es lo que quisimos destacar”. Hasta la década del noventa, cuando Poly comenzó a soñar con la Nao, la promoción turística de San Julián se vinculaba más bien a su naturaleza. Ahora el recorrido por la Bahía permite apreciar el rico ecosistema marítimo y repasar al mismo tiempo los destacados sucesos de los que el lugar fue testigo. “En aquel momento internet estaba en pañales. Contacté al ingeniero naval que había hecho los planos para las réplicas de las carabelas de Colón, mas la Nao Santa Maria y la Nao Victoria. Hicimos una relación de amistad. Pero todo iba y venía por correo físico. Tardaban muchas semanas los paquetes, pasar por aduana y demás”, nos comenta Walker.

En el interior de la nave, los visitantes pueden apreciar la vida cotidiana de la tripulación con figuras de logrado realismo. Se destaca la intuitiva cartografía de aquella época, los animales que llevaban como alimento, los utensilios y la impactante figura de un tehuelche. Si bien el primer contacto entre nativos y conquistadores fue amistoso, todo terminó muy mal. Magallanes capturó a tres nativos para llevarlos ante el Rey de España mediante un engaño que dejó inmortalizado Pigafetta: “…les dio una gran cantidad de cuchillos, espejos, y cuentas de vidrio, de modo que tuvieron las dos manos llenas; enseguida les ofreció dos grillos de hierro, de los que se emplean para los presos, y cuando vio que los codiciaban (les gusta extraordinariamente el hierro) y que, además, no podían cogerlos con las manos, les propuso sujetarlos a los tobillos para que se los llevasen con mayor facilidad… En cuanto se dieron cuenta de la superchería se pusieron furiosos”. Todo se complicó aún más cuando Magallanes quiso llevarse mujeres. “Tres cronistas dicen que Magallanes mandó matar a todos los Tehuelches que había en la zona. Lo que empezó con una relación amistosa, con el bautismo de un indio al que llaman Juan, terminó pésimamente. Yo prefiero hablar de conmemoración antes que celebración. Muerieron diez tripulantes. De los tres tehuelches capturados por Magallanes uno murió en huelga de hambre en la Bahía. Sería el primer mártir del genocidio sufrido por los aborígenes”, señala Walker.

Representación de los gigantes patagónicos durante el viaje de Magallanes
Representación de los gigantes patagónicos durante el viaje de Magallanes

A unos cien metros de la Nao, el caminante se encuentra ante un Mirage emplazado como monumento. Fue el primer avión que combatió en Malvinas y por tanto protagonista del bautismo de fuego de la Fuerza Aérea. Desde este monumento, que forma parte del recorrido costero, se alcanza a ver uno de los dos islotes de la Bahía: Banco Justicia, que tomó ese nombre porque allí Magallanes ordenó decapitar al oficial Gaspar de Quesada el 4 de abril. Es que al día siguiente de amarrar en San Julián, Magallanes tuvo que desactivar un motín. El Capitán había dispuesto racionar provisiones, llegaba el invierno, y la travesía liderada por un portugués al mando de una mayoría española se demoraba mucho más de lo previsto. Los rebeldes pretendían dar marcha atrás. El malestar por la disminución al mínimo de los alimentos fue aprovechado por los líderes del motín. Magallanes, mediante rápidas maniobras, logró retomar el control. Envió una carta a Mendoza, uno de los capitanes rebeldes, a través de seis hombres que llevaban armas escondidas. Mientras el capitán leía la propuesta de Magallanes, los marineros lo sorprendieron con cuchilladas. Otro capitán amotinado, Gaspar de Quesada, fue decapitado y descuartizado mientras que otros dos sublevados tuvieron el destierro como sentencia. Uno de los tantos misterios es qué habrá sido de los condenados a caminar tierra adentro en la desolada estepa patagónica. Al menos diez integrantes de la expedición murieron entre el motín y los enfrentamientos con los nativos tehuelches.

Poly Walker nos aporta detalles que describen estos episodios tan sangrientos como novelescos: “Cincuenta y ocho años después, cuando aparece Drake en esta misma Bahía, le mataron de un flechazo a un tripulante y le gritaron ‘Magallanes vete, esta tierra es mía’. Cinco décadas más tarde aún estaba la horca que había dispuesto Magallanes. Medio maltrecha pero todavía de pie y rodeada de huesos humanos. Un castigo habitual era no dar cristiana sepultura a los ejecutados”.

A metros de la Nao y del Muelle Viejo, está la casilla donde se coordinan las navegaciones. Apenas termine la cuarentena, los turistas tendrán la suerte de encontrarse como guía con la bióloga y decana de Unidad Académica San Julián de la UNPA, Natalia Collm, que transmite con pasión sus conocimientos sobre el entorno natural. “La bahía es muy cerrada. Es un lugar muy protegido. No es casual que Magallanes haya elegido este lugar para invernar como no es casual que lo elijan muchas especies animales para reproducirse. En la isla de los pingüinos hay una pingüinera muy grande, la más importante de la provincia luego de la de Cabo Vírgenes. Están las toninas overas que son los delfines más chicos del mundo”. Más allá de la presencia de la localidad, el entorno natural es prácticamente el mismo que hace 500 años, ya que las costas están preservadas. La incógnita por los desterrados vuelve a instalarse en la conversación con la bióloga. Difícil imaginar un buen destino en un contexto en el que para empezar no hay agua dulce a la vista en muchos kilómetros alrededor. Atardece, en el rato que tomó la navegación, los islotes triplicaron su tamaño. Es que la Bahía tiene una gran amplitud de mareas. El agua sube nueve metros en altura y cientos de metros en distancia horizontal en apenas una hora. “El Banco Justicia es donde hoy anidan los cormoranes. La superficie se achica muchísimo con la marea pero el islote no llega a quedar por completo bajo el agua; justamente por eso es lugar elegido de las aves”. El Banco Justicia, mientras tanto, se puebla de recuerdos a medida que el islote crece y su vegetación mínima, superficial, toma el color de la caída del sol.

La cruz sobre el Monte Cristo, en San Julián
La cruz sobre el Monte Cristo, en San Julián

Seguimos la caminata por la vereda de la Costanera. A no más de mil metros hacia Punta Caldera, nos encontramos ante el Monumento a la Primera Misa. El día siguiente al desembarco de Magallanes fue Domingo de Ramos, el anterior al Domingo de Pascua. Entonces se celebró la primera misa en territorio argentino. Un episodio tan de la vida cotidiana como rezar misa, más aún un domingo en tierra, no quedó documento por Pigafetta, el cronista más “oficialista” o cercano a Magallanes, sino por la relación de Ginés de Mafra: “conocida la voluntad de su gente y asegurado de los enemigos de casa, abiertamente les dijo que para aquel día de Pascua estaba concertado de matarle estando en tierra en misa, más que él por disimular no pensaba dejar de ir a oírla”. Sólo dieciocho tripulantes lograron dar la vuelta al mundo; es notable que además sobrevivieron hasta nuestros días al menos siete textos que dan cuenta de la expedición, como los de Elcano, Francisco Albo y Transilvano. El escrito de Ginés de Mafra se vuelve particularmente atractivo al narrar la Primera Misa con paralelismo temporal. Mafra anticipó por siglos la narración cinematográfica de El Padrino: mientras los capitanes comparten con pasión la Eucaristía, unos y otros, amotinados y leales, preparan la revuelta y la contraofensiva. “Estando allí el Magallanes en tierra, llegó Luis de Mendoza, capitán de una nao, y los dos se hablaron con disimulado semblante(…) Magallanes preguntó a Luis de Mendoza que cómo no venían los demás capitanes a misa: el cual respondió que no sabía, que debían estar dolientes”, dice el texto de Ginés de Mafra, que puede leerse en La primera vuelta al mundo, de Ediciones Polifemo.

“Vendrá, no vendrá” se escuchaba decir hasta hace unas semanas en los comercios de la localidad, como la panificadora de la calle Vélez Sarsfield. Es que en un momento se especuló con la visita del Papa Francisco para participar de la conmemoración por los 500 años de la primera misa. En este local muestran con orgullo fotos de las escenas de “Historias Mínimas” que se rodaron aquí. Las especulaciones por la eventual presencia del Sumo Pontífice se desvanecieron de a poco. Finalmente, ante el implacable coronavirus, quedaron apenas como un mito urbano, una historia mínima, como las de la película de Carlos Sorín. El 11 de marzo pasado los festejos por la Primera Misa fueron suspendidos ante el avance de la pandemia. El gran acto se desplazó, como todo en estos días, hacia la realidad digital. En la página primeramisaargentina.wixsite.com/1abril1520 se organizan oraciones y este miércoles primero de abril se celebrará la eucaristía para asistir mediante un doble click. Además de un pedido de perdón por la brutalidad sufrida por los tehuelches, la comunidad católica revalorizará a religiosos pioneros como José Fagnano o el jesuita Agustín Mascardi, que en la misión del Nahuel Huapi levantó la voz contra las encomiendas, que no eran otra cosa que la captura de indígenas para esclavizarlos. Como es sabido, unos años más tarde los jesuitas (congregación a la que pertenece Francisco) serían expulsados del Virreinato por enfrentar las encomiendas. José Fagnano llegó junto a un grupo de salesianos en 1885 a Puerto Santa Cruz, poco más de cien kilómetros al sur de San Julián. Aquellos primeros salesianos fueron protectores de los indígenas y fundaron colegios hoy centenarios en los que estudiaron generaciones de santacruceños y fueguinos.

En la costa, del lado izquierdo, si miramos hacia mar abierto, puede verse una Cruz sobre el Monte Cristo. Desde hace unos años se puede subir a este cerro de cima redondeada por un sendero iluminado, “Vía Lucis”, que rememora las catorce estaciones del Vía Crucis y la toma de posesión de los colonizadores. “Plantamos una cruz en la cima de una montaña cercana, a la que denominamos Monte Cristo, y tomamos posesión de esta tierra en nombre del rey de España”, dice el cronista Pigafetta. El monumento a la Primera Misa está enclavado en un punto elevado desde el que podemos apreciar toda la Bahía y a lo lejos, ya en el horizonte, el encuentro con aguas abiertas, más allá de Cabo Curioso y Punta Desengaño. El cielo sin nubes, un viento leve pero constante, las costas intactas, los montes áridos, el mar frío de un azul intenso: paisaje de ascetismo atemporal que mezcla las épocas. En un abrir y cerrar de ojos, es posible imaginar en la otra orilla o en un islote, la presencia de los colonizadores en aquellas primeras horas junto a los Tehuelches. Comenzaba a escribirse la historia de la Patagonia, una de las regiones más cautivantes del planeta.

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