Un día empezó a ver borroso. Pensó que era un simple dolor de cabeza. Se bañó y todo volvió a la normalidad. Al día siguiente ocurrió lo mismo. O algo peor: ya no podía ver los objetos. Esta situación se repitió varias veces hasta que finalmente quedó ciega. Eliana Manzo (31) tenía 24 años cuando sufrió una enfermedad neurológica que no le permitió volver a ver nunca más. “Se empezaron a ‘morir’ las neuronas del nervio y fui perdiendo la vista. Si vos me ves tengo los ojos bien pero el tema es que el nervio no transmite la imagen al cerebro. Estuve tres veces internada, me hicieron todo lo que estuvo al alcance, pero no hubo caso”, explica Manzo.

La historia de Manzo es la de la lucha contra miedos, inseguridades y prejuicios. Para seguir adelante, tuvo que aprender a confiar en ella misma y sobre todo en la palabra del otro. “Yo tengo esperanzas de que algún día voy a poder volver a ver. Hoy no veo y tengo que vivir así. Si algún día todo cambia sería mágico, pero mientras tanto tengo que desarrollar herramientas para vivir”. Bajo esta idea aprendió a vivir su nueva vida.

Crédito: Santiago Saferstein
Crédito: Santiago Saferstein

— ¿Cuándo nació tu pasión por la actuación?

— Desde siempre. De chica que amaba disfrazarme, cuando había alguna reunión familiar yo organizaba obras de teatros con mis primos, nos vestíamos, hacía de directora, y siempre le pedía a mi mamá que nos lleve a los castings.

— ¿Qué te pasó en la vista?

— Empecé a perder la vista por una enfermedad neurológica. Pero quería seguir haciendo lo que hacía y ese era mi motor. En el momento no fue más que crear yo misma las herramientas para poder seguir haciéndolo, o buscar ayuda sonora, o buscar ayuda en mis compañeros que me guíen en relación a los espacios, pero siempre con una meta que era seguir actuando.

— ¿Cómo fue?

— Me levantaba un día de dormir y veía menos, menos como todo borroso, y me acuerdo que hacía fuerza para ver si veía, me lavaba los ojos porque así con un lente sucio hasta que de repente me daba cuenta que efectivamente había tenido una pérdida visual. Que haya sido así de paulatino en parte creo que me favoreció porque me adapté en cada circunstancia a una nueva visión, entonces no fue que veía perfecto y al otro día no veía nada, todos esos años me sirvieron para ir generando en esas ciertas etapas distintas herramientas.

— ¿Que modificaste?

— Fui descubriendo primero la percepción que es muy amplia, y que uno cuando se predispone a percibir no sólo tiene en funcionamiento los sentidos sino también la información que traés previa del lugar donde estás, con quién estas y todo eso te lleva a construir el aquí y ahora de esa vivencia. Yo ahora estoy hablando con vos y percibo de dónde viene la voz, pero también percibo toda la información que tengo previa de este momento, y bueno, como siempre digo los sentidos se van entrenando, estás más atenta a recrear la situación dentro de tu cabeza con todos los estímulos que estás recibiendo de ese momento.

—¿Cómo se disparó la enfermedad?

— Se sabe que es una enfermedad neurológica pero los motivos son desconocidos. El nervio óptico se fue atrofiando y se fue muriendo y eso provoca la ceguera, pero a nivel ocular no tengo nada.

— ¿Te angustiaste, te deprimiste ante esta situación?

— Sí. Me generaba impotencia a veces no poder hacer las cosas tan fácil como las hacía antes, pero la última pérdida después de que estuve internada, que tuve que empezar a usar bastón, me deprimí. Un día que me acuerdo que estaba en mi habitación y lloraba y lloraba, hasta que pude percibir que mi entorno estaba muy mal por la situación y las escucho a mi mamá y a mi abuela que estaban en el patio muy tristes y asumí que yo estaba generando ese malestar, entonces era yo la que podía revertir esa situación. Me acuerdo que me bañé, me pinté sola, me cambié como que iba a salir y hubo una alegría en ellas y dije sí, es por este lado.

— Te dio más fuerza tu familia que otra cosa.

— Los afectos, el amor es como el sostén de uno, siempre, y la misma sociedad es una red que nos vamos como engranando y armando una pieza con la otra y el hecho de estar sostenida emocionalmente y tener amor y percibir ese amor en todos sus lenguajes, no sólo la familia, la pareja, el amor por lo que haces, eso creo que es como un motor.

— ¿Cómo lo manejás en el trabajo?

— Es difícil. Yo por ejemplo no puedo ir a un casting con 10 mil personas, porque no soy una de las 10 mil personas más, necesito quizás otro tipo de espacio para moverme, entonces primero discernir eso, qué circunstancias son las más propicias para mí, y en base a eso actuar en consecuencia, este manejo que yo tengo con el cuerpo me ayuda todo el tiempo, me genera seguridad, poder moverme, y esa seguridad después se transforma en confianza y en coraje si se tiene para hacerlo.

— ¿Te volviste más insegura?

— Soy re insegura. Todo el tiempo estoy preguntando cómo estoy, pero está bueno también, porque eso abre a la opinión, y yo creo que la opinión sea favorable o desfavorable suma al aprendizaje, siempre el poder escuchar muchas lenguas en relación a un mismo tema, puede ser desde lo más frívolo desde qué aros me pongo hasta algo más profundo, pero de identificar que la interacción y el contacto con diferentes opiniones hace a nuestro crecimiento.

— ¿Qué te dio miedo?

— No poder trabajar de lo que me gustaba, que no me llamen, eso me dio miedo. Recuerdo que me echaron de una obra de teatro cuando estudiaba con Lito Cruz. Me presento en un casting, finjo la visión, o sea hice el casting sin ver y los directores de la obra nunca se dieron cuenta. Me tuve que internar después del casting porque es más había perdido la visión el día anterior y le pedí por favor al médico que me deje ir a hacer el casting, me dejó, lo hice, fingí la visión, me llaman y cuando me llaman tuve que faltar al ensayo porque estaba internada y después de que me dieron el alta, yo en la clínica estudiándome el guión, para volver al ensayo con todo sabido y cuando así fue los directores me echaron de la obra y me acusaron de irresponsable porque cómo no voy a decir el hecho de que no veía…

— ¿Cómo estudias el guión para una obra?

— Me lo pueden leer porque siempre es más grato escuchar una voz humana y si no hoy en día me lo mandan por WhatsApp o por mail, y tengo todos los aparatos que tienen una voz electrónica que me lo va leyendo, entonces escucho, escucho y voy repitiendo y así voy estudiando.

— ¿Qué aprendiste en este último tiempo?

— Lo más importante es tolerar las frustraciones, porque yo a la hora de proponerme hacer determinada cosa sé que es mucho más difícil hacerla sin ver, entonces por ejemplo voy a cocinar, sé que me puedo quemar, sé que se me pueden volcar las cosas, pero yo digo voy a cocinar, después si me sale bien, oh, qué genial, mirá lo que hice sin ver, y si me sale mal tampoco es tan terrible, era una de las posibilidades de que se me vuelque un poquito de… Y eso no hace al fracaso, sino que es aprender a tolerar esas pequeñas frustraciones que no te inhiban como persona desarrollar lo que querés desarrollar en ese momento.

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