Documentos, pasaportes, permisos, declaraciones, aduana, sellos, visas, detectores de metales, scanners, equipaje. Para subir a un avión existen un protocolo obligado  al que -sin excepciones- deben responder todos los pasajeros para poder abordar. Y esa es apenas la parte que se ve en un aeropuerto.

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En el interior de las distintas terminales alrededor del mundo existe un circuito vedado. Pasillos y oficinas de acceso restringido por donde circulan controladores, tripulación, crew chiefs y empleados de limpieza que intentan hacer su trabajo en los apenas 50 minutos que hay entre que un avión aterriza y otro despega.

"Tiene que funcionar todo de una forma digamos armónica, todos los procesos funcionan en simultáneo y qué pasa, muchos se pisan unos con otros. Al mismo tiempo que uno está cargando combustible se está subiendo el catering, la gente de limpieza está bajando, subiendo, muchos vehículos están transitando alrededor de la aeronave, hay que cuidar mucho lo que es la circulación de la gente", describió Pablo Alonso, coordinador de plataforma de Aerolíneas Argentinas a Infobae.

Y es que el Aeroparque porteño es un reloj. Cada engranaje en su interior se mueve para que la aguja no pare. El pasajero que revisa la hora su celular en la fila del check-in o el que intenta ubicar el estado de su vuelo en una pantalla, desconocen que en ese mismo momento decenas de personas trabajan al ritmo de un cronómetro para que ellos viajen a tiempo.

"Acá trabajamos alrededor de 20 personas, entre limpieza, catering, la rampa, 20 personas por equipo más o menos", precisó Carlos Escutto, también coordinador de plataforma de la empresa de bandera nacional. Tiene puestos un par de auriculares que lo aislan del sonido de las turbinas y en su mano una especie de palm, una pantalla táctil donde con un lápiz electrónico tilda cada una de las tareas que se van realizando. Cada pocos segundos tiene un tic, un gesto involuntario, aunque lógico: chequea su reloj.

La base de operaciones de los pilotos antes del vuelo

Cuando el piloto y personal de abordo llegan a Aeroparque su ingreso va por una vía paralela a la de los pasajeros. Sin embargo los controles para ellos también existen. Una vez en la nave central de la terminal, se dirigen directamente a una puerta de vidrio, imperceptible para la mayoría, en la que una mujer controla entradas y salidas.

Cuando la atraviesan un nuevo mostrador los espera para realizar un chek-in rápido, apenas un trámite. A pocos metros se ve una sala con sillones de cuero amplios, luces bajas y cálidas, conexión a internet y televisores. Un espacio en el que relajarse o hacer tiempo antes del vuelo.

A tres metros de la sala está la oficina de los comandantes. Es el lugar donde los pilotos se cruzan circunstancialmente e intercambian algunas palabras.  Sentado en una computadora uno de ellos revisa sus rutas, verifica el clima, mientras a su espalda, cuatro pantallas arrojan datos: clima, estado de los vuelos, porcentaje de las demoras, entre otros.

"Somos responsables de todo desde que llegamos al avión, hasta que nos bajamos; de las personas, de la aeronave y de todo lo que se hace", resume Gustavo Zurdo, desde hace 20 años comandante de Aerolíneas Argentinas sobre su trabajo. El piloto le respondió además a Infobae una duda común: ¿Cuál es el momento más peligroso? . "El momento más crítico es el despegue", aseguró sin dudarlo, aclarando que "de cualquier manera el avión es muy seguro y hay que estar atento tanto en el vuelo, como también en el aterrizaje".

En la pista

La pista no tiene nada que envidiarle a una esquina del microcentro porteño. Aviones, colectivos de pasajeros, camionetas de la Policía de Seguridad Aeroportuaria,  grúas de carga de combustible, de equipaje, autos en los que se mueven controladores y equipos de limpieza aguardando frente a la escalera de una aeronave a que les den la orden de subir.

Cuando el último de ese equipo de limpieza sube a la traffic que los lleva de un avión a otro, el primer pasajero de clase vip baja del colectivo y enfila para la escalera de un avión que está por salir al sur del país. "Tenemos que prestar atención incluso cuando los pasajeros bajan del micro, caminan hacia el avión, que no se desvíen, que no se crucen por debajo de un ala, a todas esas cosas tenemos que estar atentos porque son cosas que pasan y en una operación donde sucede tanto al mismo tiempo, hay que tener mucho cuidado", subrayó Alonso.

"Pasa de pasajeros que se dispersan y se van o que se ponen a fumar, que eso también es muy riesgoso por la cantidad de combustible, aceite, detergente que hay acá en la plataforma", sumó en esa misma línea Escutto, mientras controlaba la carga del equipaje.

Las valijas son dispuestas en la bodega en relación a los asientos ocupados por los pasajeros, teniendo en cuenta el peso y el balance de la aeronave. Es por esta razón explicaron técnicos aeronáuticos, que el vuelo se cierra 45 minutos antes de su despegue. "Por eso es que muchas veces la gente llega tarde y no entiende por qué ya no puede subir al avión, aunque este quizás esté todavía en la pista", ejemplificaron.

Torre de control: el cerebro del Aeroparque porteño

"Cada operación tiene que ser con mucho cuidado y seguro de lo que se está haciendo, porque sobre todo acá se están manejando vidas, son millones de pasajeros los que pasan por este aeropuerto cada año", le dijo a este medio Pablo de la Cruz , el Jefe de Operaciones de la torre de control del Aeroparque Jorge Newbery. El lugar desde donde se coordinan los despegues, los aterrizajes y se brinda información y asistencia de cara a posibles emergencias en el aire.

"Uno cuando llega al turno, al turno operativo me refiero, cuando entra a la torre de control, piensa que va a estar todo bien, todo el mundo piensa: ojalá que sea un lindo día, que no haya inconvenientes, que no haya ninguna emergencia, pero bueno son situaciones que uno no las espera. Sabe que puede pasar, sabe que en cualquier momento puede ocurrir algo fuera de lo normal, pero justamente estamos capacitados para que esa situación se pueda revertir", describió De la Cruz sobre uno de los trabajos menos visibles y quizás el más importante de las terminales aéreas.

"A veces en esos instantes de tensión se pone en juego más la parte humana que la parte de control y piloto. Porque en ese momento crítico uno tiene que demostrar seguridad y tranquilidad, y no demostrar que está sentado uno en el control también nervioso o a través de sus palabras transmitir inseguridad o incertidumbre", puntualizó el controlador, en relación a esos momentos en que la torre se convierte en los ojos de los comandantes.

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