
Se dice que en Atenas existió una vez la más feliz de las parejas. Estaba formada por Procris, la más bella de las hijas del rey Erecteo, y por Céfalo, un atractivo cazador hijo el mensajero de los dioses (Hermes) y de Herse. El amor entre Procris y Céfalo era famoso en todo el reino, y despertaba la envidia de muchos, tanto mortales como dioses. Como regalo de bodas, recibieron de la diosa Diana una lanza mágica que siempre acertaba en el blanco, y un mastín de caza prodigioso, Lelap, tan veloz que la única prueba de su existencia cuando estaba en movimiento eran las huellas que iba dejando en el suelo.
Un día, mientras Céfalo acechaba un ciervo por la espesura de los bosques de Atenas, fue sorprendido por Eos, la diosa de la Aurora. Al verlo, la divinidad se enamoró de él e intentó seducirlo con todo tipo de ardides. Llegó incluso a elevarlo por los aires y a mostrarle su radiante palacio celestial. Pero el muchacho se resistió serenamente, seguro de su amor por Procris y deseoso por guardarle fidelidad marital. Esta negativa, desde luego, predispuso mal a Eos, que irritada y desengañada le respondió: "Fuera de mi vista, débil mortal. Corre con tu adorada Procris… Aunque algún día te arrepentirás de haber vuelto con ella…".
Las enigmáticas e insidiosas palabras de la diosa de la Aurora quedaron flotando en la cabeza de Céfalo. ¿A qué se referían? Durante el viaje de regreso al palacio, el cazador finalmente logró darle forma a una sospecha que le hirió el corazón: se convenció de que Procris lo había engañado, que había quebrantado su juramento de fidelidad… Tenía que ser eso. ¿A qué otra cosa podía referirse la Aurora? Convencido de que la admonición de Eos tenía que ver con eso, y rumiando su desdicha, decidió ocultar su identidad tras un disfraz y presentarse al palacio como un extranjero para poner a prueba la lealtad de su esposa.
Recorrió sus aposentos, buscando alguna clase de señal que le indicara que las palabras de Eos eran ciertas. Pero no halló nada. Luego, mediante engaños, logró presentarse ante la reina, a quien intentó seducir, sin suerte. Al ver que Procris negaba todos sus embates, y que se mantenía fiel, sintió remordimiento y unas ganas irrefrenables de quitarse el disfraz, revelar su verdadera identidad y arrojarse a sus brazos para cubrirla de besos. Pero la insidia de Eos había sido demasiado fuerte, y Céfalo se perdió en sus pensamientos: intentó una última movida para poner al descubierto sus sospechas. Le dijo a la reina que su marido había muerto, y le ofreció enormes tesoros para que accediera a sus requerimientos amorosos. Por primera vez, y ante tan espantosa noticia, Procris mostró signos de debilidad y de duda. Céfalo se enfureció ante su reacción. Se quitó el disfraz y le comunicó todo su desprecio. Triste y asustada, la muchacha abandonó el reino y huyó a los bosques.
La intriga urdida por la ofendida Eos había dado resultado. Los amantes estuvieron varios años separados. Céfalo en palacio, y su esposa Procris vagando por los bosques, desconsolada. Pero al cabo del tiempo Céfalo sintió que la llama de su afecto por su mujer seguía intacta, y que la extrañaba ardorosamente. Sintió entonces la culpa arrolladora por el engaño al que había sometido a su amor. Dispuesto a reparar su error, cada tarde salía por los bosques en busca de su esposa. En estas excursiones, a las que iba solo, sin caballo ni sirvientes, Céfalo sólo le pedía a Néfale, la nube, que lo acompañara, para aprovechar su sombra. Durante tardes enteras escrutó los bosques sin suerte. No había señales de Procris.
Pero un crepúsculo sus caminos se cruzaron. O eso creyó percibir Procris. Oculta en la espesura de unos arbustos, decidió espiar. Era difícil ver a través del follaje, pero estaba segura de que ese que vagaba por entre los árboles era Céfalo. Ignorante de la presencia de su esposa, el rey se echó a descansar, e invocó, como siempre, la presencia de la nube para valerse de su protectora sombra. "Ven, Néfale", gritó, "cubre mi pecho y quítame este calor". Compungida, Procris creyó entender de inmediato lo que sucedía: su marido ya tenía una nueva amante. Y ahora retozaba con ella por los prados Aunque ella, secretamente desdichada, sí había seguido enamorada de él, y esta noticia suponía una nueva herida mortal. Trató de contener el llanto, pero le resultó imposible. Soltó un gemido desgarrador. Esto alertó a Céfalo, que confundió el sonido que provenía del follaje con el gruñido de una fiera salvaje. Casi sin pensarlo, tomó su lanza mágica, el regalo de bodas, y la arrojó contra los arbustos. La jabalina, infalible, se clavó en el corazón de Procris. Al acercarse a recuperar su arma, el rey vio lo que había hecho. Se tumbó junto al pecho de su amada, y quiso salvarla, pero era imposible. Antes de exhalar su último suspiro, Procris le dijo: "Por el amor que nos tuvimos, te pido que jamás te cases con esa tal Néfale". Céfalo entendió entonces la tragedia, y lloró sin consuelo sobre el cuerpo de su esposa.
* *
Tremenda historia la de Procris y Céfalo. Otro de esos mitos profesionales, como me gusta llamarlos. Tiene de todo: engaños, regalos divinos, tentaciones, enredos y altísimas dosis de tragedia. La trama además me parece encantadora, porque en el fondo habla de amor, y de reencuentro, y de sentimientos que no mueren a pesar de las contrariedades. Pero también veo aquí otro elemento, que es central para la narración, en el que me gustaría detenerme porque nos puede servir para reflexionar acerca de ciertos aspectos negativos de nuestras propias vidas. Me refiero a la ansiedad. Sí, esa sombra oscura que se adueña de Céfalo cuando la diosa de la Aurora le arroja, por despecho de mujer rechazada, esas insidiosas palabras: "Vuelve con tu amada que algún día te arrepentirás". Ahí está el detonante de toda la tragedia posterior, porque Céfalo empieza a enredarse en la ansiedad que le genera esta incertidumbre, y pierde literalmente el control de su vida.
¿Cuántas veces, me pregunto, somos nosotros iguales al pobre Céfalo? Y ni siquiera me refiero a la ansiedad desenfrenada que pueden generar cierta situaciones límite. No, estoy pensando en ese sentimiento de agitación ante acontecimientos cotidianos. Porque la ansiedad no es más que la mente baja en pleno funcionamiento. La ansiedad no es otra cosa que el ruido de tus personajes cuando quieren tomar el control de tu vida. Ante el grito ensordecedor de esa mente, de esa máquina de pensar, si el ser no está lo suficientemente entrenado, se pierde. Y lo que se adueña de vos tiende a confundirte, y a hacerte cometer errores.
Si le dejás el terreno libre, la mente calcula y supone y saca conclusiones y se pierde sola, porque se anticipa a los hechos. Se adelanta a ese futuro que no existe. O peor: reconfigura el pasado, que ya existió y pereció. Los sentidos colaboran con ese engaño, porque ven tan solo lo mundano. ¿Vio Céfalo, en su arrebato, el amor de Procris? No, convencido como estaba por su ansiedad de encontrarse con una esposa que lo engañaba, vio solamente eso: una esposa adúltera? Y él mismo, producto del ruido de su mente, había forzado las cosas hasta tal punto para obtener ese resultado. Así opera también la mente en nuestro día a día: no nos deja percibir lo verdadero, y nos vende únicamente espejismos. La ansiedad disocia, y solo aporta insatisfacción e inestabilidad. Ninguna de las actitudes sanas que supone la búsqueda de una vida espiritual se consiguen por la vía de la ansiedad. Fijate: para meditar necesitás paciencia y sosiego, pero nunca ansiedad. Para oír los pedidos de tu corazón necesitás recogimiento y silencio, que son lo contrario de la ansiedad. Y así cualquier virtud que yo pueda nombrar va a encontrar en la ansiedad a su enemiga mortal.
No anticipes el futuro. Primero porque el futuro no existe, sino que va surgiendo sobre la marcha, junto con tus pasos. Y segundo porque en general cuando el futuro llega se parece muy poco a lo que habías imaginado. Y eso va para lo bueno y para lo malo. Si tu ansiedad te pinta un futuro negro, sufrís mientras lo anticipás, aunque luego los hechos te contradigan. Si tu ansiedad te describe un futuro demasiado luminoso, puede que te decepciones cuando realmente acontezca. Así que mucho cuidado con la ansiedad. Siempre el ojo atento a su irrupción. Tratá de saber entender el engaño, y aprendé a desactivarla. El truco a aplicar en este caso es uno que sirve para neutralizar casi cualquier emoción negativa. Respirá profundo. Varias veces. Cerrá los ojos y repetite con la voz física o mental, como prefieras: Yo soy. Siempre doy el mismo consejo. Decite: Yo soy, yo soy. Volvé al ser. No le des espacio a esa ansiedad, porque suele ser una fuerza voraz.
Ahora bien, ¿y con los pensamientos no pasa lo mismo? No hay charla mía, conferencia o programa de radio en que no repita una idea que me parece fundamental y que deberías hacer propia cada vez que puedas: "Los pensamientos te sanan o te enferman". Sí, así, llanamente. Esto es para mí una verdad casi absoluta. Tu mente, en su diálogo interno, puede elevarte o destruirte. Sos lo que pensás.
Un pensamiento violento, rencoroso u oscuro te tira hacia abajo, y hasta te puede llevar a los abismo, te puede guiar hacia el fracaso. Un pensamiento feliz y luminoso, en cambio, te eleva. Hay ahí una relación directa. Porque la mente se nutre de esos pensamientos, y actúa en consecuencia. Visualizar la luz aporta luz. Y lo contrario también es cierto. Y esto se puede aplicar en todos los aspectos de tu vida. En tus vínculos, en tu trabajo y hasta en tu propio crecimiento espiritual. ¿Cuánta gente vive con el "no puedo" a flor de labios? Bueno, es probable que de tanto repetirlo eso se haga carne, se haga cuerpo, y efectivamente termine no pudiendo nada. Un pensamiento positivo no te asegura el éxito, pero te acerca muchísimo.
Bien, problema detectado: pensar daña o eleva. Ahora bien: ¿es culpa tuya el conglomerado de pensamientos con el que estás equipado? Desde luego que no. Es producto de tu crianza y de tu temperamento. Y de nada de eso se es enteramente responsable. Si te formaron con una imagen equivocada de vos, por error o por omisión (muchos padres amorosos, bienintencionados, de todos modos cultivan niños que no saben valorarse, o que no saben qué es el amor incondicional, o que ignoran que nacieron a esta vida para ser felices), entonces desde luego tu inclinación hacia cierta forma del pensamiento negativo no es algo que adoptes porque sí. Pero si tu temperamento te inclina hacia eso tampoco es por decisión propia. Ver el problema es un primer paso hacia la solución. Ahora que sabés el efecto que pueden tener los pensamientos sobre tus acciones (incluso sobre tu cuerpo: hay quien enferma como producto de sus pensamientos), es hora de revertirlo. Porque se puede. El antídoto se llama optimismo. Pero ese mismo optimismo del que se vale la persona resiliente: un optimismo sensato y medido. No un optimismo ciego y atolondrado, porque a veces ese remedio es peor. Me refiero al optimismo que te permite ver el vaso de tu vida medio lleno. Porque tu fe puede atraer dones y abundancia.
Últimas Noticias
¿Cuándo iniciarán las clases en colegios estatales por la crisis del gas y qué medidas aplicó el Gobierno en el sector educativo?
Las autoridades buscan reducir el consumo de combustible mientras continúan los trabajos vinculados al ducto de Camisea. La educación presencial en colegios estatales no se modificará

Este es el rival que desea enfrentar Canelo Álvarez en septiembre de 2026
El tapatío volverá a pelear por un campeonato mundial en Riad, Arabia Saudita

Maju Mantilla y Gustavo Salcedo captados nuevamente juntos en viaje: de Paracas hasta el Aeropuerto Jorge Chávez
La exreina de belleza y su aún esposo fueron vistos disfrutando del fin de semana, lo que desata rumores de una posible reconciliación

“Hay mucho de mí allí”, afirma Benicio del Toro sobre su personaje en ‘Una batalla tras otra’
El actor puertorriqueño, candidato al Oscar, destaca la importancia de abordar con respeto y humanidad la problemática de los migrantes en la cinta dirigida por Paul Thomas Anderson

Río Amazonas en Iquitos se acerca al nivel de alerta roja por lluvias intensas en la selva, según Senamhi
El Senamhi afirma que varios puntos en la Amazonía presentan variaciones moderadas en el nivel de sus ríos, que se mantienen bajo observación de las autoridades




