Aborto y misoprostol: la trama que dejó al descubierto la polémica por la clase abierta

Por Guadalupe Vázquez

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El aborto farmacológico era, hasta la semana pasada, un secreto a voces entre ginecólogos, farmacéuticos y organizaciones pro-aborto. Sin embargo, a raíz de la polémica charla llevada a cabo por militantes del partido Nuevo Encuentro en el colegio Carlos Pellegrini, en donde habrían fomentado esta práctica, el misoprostol –la droga legal que puede ser utilizada para interrumpir embarazos no deseados- quedó en el centro de la escena.

El misoprostol es el principio activo de un medicamento que se utiliza como protector gástrico, para la prevención de úlceras, en especial en pacientes que deben consumir antiinflamatorios por lapsos prolongados. Uno de sus efectos adversos es que provoca contracciones uterinas que pueden expulsar el producto gestacional, por lo que no debe ser suministrado durante el embarazo, a menos que se busque interrumpirlo o desencadenar el parto.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda su uso en su Manual de Práctica Clínica Para un Aborto Seguro, bajo supervisión médica. Entre sus ventajas, enumera: evita la cirugía, simula el proceso de pérdida de embarazo, puede ser controlado por la mujer y puede ser realizado en domicilio. Entre sus desventajas se encuentran la posibilidad de hemorragia y calambres, el tiempo que puede llevar consumar el aborto –horas y hasta días-, y que incluso puede no dar resultado o producir un resultado parcial (su tasa de éxito es del 80%).

Ya en 2012, Ediciones Madres de Plaza de Mayo imprimió el libro “Cómo hacerse un aborto con pastillas”

La editorial de Madres de Plaza de Mayo publicó el libro "Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas", escrito por quienes hicieron la charla en el Pellegrini: Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, que organizan estas reuniones para Nuevo Encuentro (al espacio lo llaman Mujeres, Tortas, Putos, Trans y Travas del Nuevo Encuentro).

En su prólogo, el libro publicado en 2012 por la Editorial de Madres de Plaza de Mayo compara la penalización del aborto con la proscripción del peronismo, y se afirman convencidas de que "la profundización del modelo significa el fin de todas las proscripciones".

"Hoy -continúa- Cristina nos convoca y demanda profundizar esos cambios para que puedan llegar a todxs los argentinxs" (sic). Lo curioso es que Cristina Elisabet Fernández de Kirchner se pronunció públicamente en más de una oportunidad en contra de la legalización del aborto. Ya desde 2003 fue clara en su posición, que mantuvo a lo largo de su gestión, al punto en que en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de 2011 se pronunció "a favor de la vida" y luego dio de baja un proyecto de ley ese mismo año. Sin embargo, el Estado, a través de fondos públicos girados a las Madres, financió el manual que explica cómo hacerse un aborto, incurriendo en lo que para no pocos abogados sería una apología del delito.

Luego de la polémica por la charla -promocionada en el colegio como un "debate", aunque no lo fue porque no hubo representantes de posiciones diversas- el propio Martín Sabatella tuvo que salir a pedir disculpas públicamente. Mediante tres tuits, Sabbatella aclaró -¿por pedido de la propia Cristina, quizás?- que la ex presidente estaba en contra del aborto.

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En países donde el aborto está penalizado, como en la Argentina, muchos médicos, ante la consulta, optan por informar a sus pacientes sobre la existencia del medicamento pero evitan recetarlo, y otros lo recetan disfrazando el diagnóstico bajo una gastritis o un embarazo anembrionario. "En este tipo de embarazos donde no hay embrión, o en presencia de huevo muerto o retenido es legal el uso de misoprostol, así como también luego de abortos naturales o espontáneos" , cuenta la ginecóloga Andrea Landeira. "Se utiliza para evitar el raspado del útero, que es un procedimiento quirúrgico y, como tal, conlleva más riesgos. También se puede usar para inducir el parto, en lugar del goteo de oxitocina, pero no es conveniente ya que no permite controlar las contracciones".

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"Yo me hice un aborto con misoprostol", confiesa Paula, 36 años, gerente de marketing de una empresa (el nombre fue cambiado para preservar su identidad). "Fue en 2012. Hacía sólo dos meses que estaba saliendo con alguien y no me pareció responsable tener un hijo en esas circunstancias. Llevaba 6 semanas de embarazo cuando me enteré y le pedí a mi médico referencias sobre alguien que me pudiera ayudar. Me dijo que no conocía a nadie, pero que había una ONG internacional que enviaba unas pastillas abortivas por correo".

La ONG se llama Women on Waves (que significa Mujeres sobre las Olas) y es una organización dirigida por una médica, dedicada a prevenir embarazos no deseados y abortos insalubres alrededor del mundo. Su nombre viene del barco-hospital en el que viajan, de bandera holandesa –país en donde el aborto es legal- y así se acercan a las costas de países que no cuentan con esta opción, para garantizarles a las mujeres el acceso a abortos en condiciones médicas de salubridad. Al tener licencia para realizar este tipo de procedimiento de acuerdo a las leyes holandesas, y al mantenerse en aguas internacionales, evitan cualquier conflicto legal con países donde está penalizado. Creada en 1999, cuando todavía no se contemplaba el uso del aborto farmacológico, Women on Waves comenzó tiempo después a enviar el medicamento por correo a todo el mundo, luego de que la OMS lo incluyera como método seguro en 2003. En su página www.womenonweb.com se puede solicitar el misoprostol tras completar un formulario que es evaluado por un médico. Además brindan información detallada de todo el proceso y líneas abiertas de consulta. El medicamento se envía a domicilio, previo pago de una donación que varía entre los 70 y los 90 euros, de acuerdo con el poder adquisitivo del país, según un índice internacional. En el caso de Argentina, la donación debe ser de 80 euros, poco más de 1300 pesos.

En la Argentina mueren unas 400 mujeres por año como consecuencia de abortos clandestinos

Casualmente, ese el precio aproximado del misoprostol en nuestro país, que aumentó significativamente en los últimos años (87%), más que el promedio de otros medicamentos en el mercado (52%), en parte porque el Gobierno, alertado por el uso que se le viene dando, busca desalentar su compra.

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"Cuando yo lo compré a principios de 2012 me salió menos de cien pesos –continúa Paula- era totalmente accesible. De hecho, ni receta necesité. Como me dijeron que si iba una mujer a comprarlo quizás me iban a pedir, lo mandé a mi novio y nadie le pidió nada, como quien comprara un antiácido".

Sin embargo, a raíz de la creciente difusión, ya no es tan fácil conseguirlo en las farmacias. De tres locales que recorrió Infobae al azar, uno no lo comercializaba, otro lo vendía con receta, y otro con receta y aclaración de diagnóstico. Pero varios farmacéuticos admitieron que "en las farmacias de barrio es más factible que lo den sin receta, tal como ocurre con los antibióticos". También se puede conseguir por Internet, en sitios de dudosa procedencia y sin ningún tipo de supervisión médica.

Según cifras de distintas ONG –ya que no existen en el país estadísticas oficiales- en Argentina mueren unas 400 mujeres por año como consecuencia de abortos clandestinos. Más de una por día. Paula, en su desesperada búsqueda de alguien que la pudiera ayudar a terminar su embarazo visitó una clínica clandestina, en pleno Barrio Norte. "Clínica" es una forma de decir: "Era un lugar oscuro y sucio. Me hicieron pasar a un consultorio en donde entró una mujer y antes de siquiera explicarme nada me pidió que me desvistiera para revisarme. Después me contó que esto lo hacían para asegurarse de que quien hacía la consulta estuviera efectivamente embarazada, para evitar posibles cámaras ocultas o alguien que los estuviera investigando. Recuerdo que ni siquiera le pasó alcohol al plástico que cubría la camilla donde me revisó. Cobraba 5 mil pesos –hoy cuesta entre 10 mil y 15 mil-. Me fui muy angustiada. Llegué a mi casa y me quedé una hora bajo la ducha, del asco que sentí. Por suerte no tuve que recurrir a ese lugar."

El aborto con misoprostol tampoco fue fácil para Paula. "Toda la situación fue bastante traumática. Fueron dos días haciendo reposo en casa con intensos dolores abdominales y hemorragias, como si fuera una menstruación pero mucho más fuerte. Después tuve que hacerme una ecografía para asegurarme de que se había producido la interrupción, porque sino se corre el riesgo de infecciones, como en un aborto espontáneo. Fue todo muy triste, no se lo deseo a nadie. Y eso que yo tenía recursos económicos. No me puedo ni imaginar la situación de las mujeres que no los tienen".