
Perder objetos de vista o tener dificultades para encontrar las palabras adecuadas figuran entre los indicios más conocidos de deterioro cognitivo, esa fase intermedia entre el envejecimiento cerebral normal y la demencia.
Una señal menos conocida también puede advertir sobre cambios neurológicos: la capacidad para mover los dedos con precisión.
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Especialistas en neurociencia del envejecimiento señalaron que dos pruebas sencillas de movimiento manual permiten detectar alteraciones cerebrales antes de que se manifiesten los síntomas más evidentes del declive cognitivo.
Estos ejercicios, que se pueden realizar en pocos minutos, ya forman parte de los protocolos que se aplican en clínicas especializadas en memoria.
Por qué los dedos reflejan el estado del cerebro
La Dra. Monika McAtarsney-Kovacs, investigadora en envejecimiento cognitivo y memoria de la Universidad Anglia Ruskin, explicó a The Telegraph que ejecutar tareas precisas y novedosas con los dedos exige un alto grado de esfuerzo cognitivo.

“Es necesario planificar cada movimiento y evitar los incorrectos. Requiere una coordinación compleja entre múltiples regiones cerebrales implicadas en el pensamiento, la atención, la planificación y el procesamiento de la información”, indicó la especialista.
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Esa coordinación depende de redes cerebrales específicas: la corteza motora primaria, la corteza prefrontal y el cerebelo. Cuando estas estructuras se deterioran a causa del declive cognitivo o la demencia, la alteración puede manifestarse físicamente en la incapacidad de ejecutar movimientos precisos con los dedos.
Por ese motivo, las pruebas manuales se incorporan como complemento de otras evaluaciones ya consolidadas, como la Evaluación Cognitiva de Montreal, que incluye el dibujo de un reloj y de un cubo en tres dimensiones y se completa en apenas diez minutos.
La prueba del golpeteo entre el pulgar y el índice
El primer ejercicio consiste en golpear el dedo índice contra el pulgar lo más rápido posible durante 15 segundos, con una separación de tres centímetros entre ambos dedos en cada repetición. El procedimiento debe realizarse con cada mano por separado y el resultado se mide según la cantidad de golpes alcanzados.
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Un mayor número de toques constituye una señal positiva. Según un estudio citado por la especialista, las personas con deterioro cognitivo leve realizaron un promedio de 54 toques con la mano dominante y 51 con la no dominante, frente a 64 y 59 toques respectivamente en personas con cerebros sanos.
Otras investigaciones, en este caso realizadas con un dispositivo informático en lugar del contacto directo entre dedos, vincularon un menor número de toques con un hipocampo de menor tamaño, una región cerebral fundamental para la memoria.
En el ámbito clínico, los médicos no solo cuentan los golpes, también observan el ritmo con el que se ejecutan. Un ritmo irregular, junto con una ejecución más lenta, se asocia con cuadros de deterioro cognitivo leve y demencia.
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La secuencia del puño, el borde y la palma
El segundo ejercicio requiere comenzar con el puño cerrado sobre una superficie plana, estirar luego los dedos y colocar finalmente la palma de la mano extendida sobre esa misma superficie. La secuencia completa debe repetirse tres veces con cada mano.

Completar esta rutina sin errores representa el resultado óptimo. Solo el 2,4% de las personas con un cerebro sano comete algún error durante la prueba, mientras que la proporción asciende a cerca de una cuarta parte entre quienes presentan deterioro cognitivo leve y llega a la mitad en los casos de demencia diagnosticada.
Los profesionales que aplican este ejercicio prestan atención a tres aspectos concretos. “Los médicos buscan pacientes que cometan errores en la secuencia, repitan el mismo movimiento y tengan dificultades para aprenderla”, señaló la investigadora.
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Estas dificultades podrían indicar problemas en la corteza prefrontal, la región encargada de planificar movimientos, seguir secuencias y alternar entre distintas tareas.
Qué hacer si surgen dificultades al realizar las pruebas
La especialista advirtió que un desempeño bajo en estos ejercicios no debe generar alarma de manera automática. El cansancio, la distracción o problemas de movilidad en las manos, como la artritis, pueden afectar el resultado sin que exista relación alguna con el deterioro cognitivo.

“Estas pruebas con los dedos nunca se utilizan de forma aislada. Son un paso previo, y el médico luego realiza otras pruebas de detección que evalúan la memoria, el lenguaje, la velocidad de procesamiento y otros dominios cognitivos”, precisó McAtarsney-Kovacs.
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La recomendación, en caso de tener dificultades con los ejercicios, es evaluar si existen otros síntomas preocupantes, como desorientarse en lugares conocidos, olvidar nombres de familiares o recibir comentarios de personas cercanas sobre cambios de conducta.
El valor de desafiar al cerebro con tareas nuevas
La práctica repetida de movimientos manuales activa redes neuronales vinculadas con la planificación, la atención y la coordinación, pero sus beneficios cognitivos disminuyen cuando las acciones se vuelven automáticas, explicó la investigadora McAtarsney-Kovacs.

Para mantener el cerebro activo, la especialista recomendó incorporar desafíos novedosos a lo largo de la vida, como aprender un idioma, bailar, tejer o tocar un instrumento musical. También destacó la importancia de la actividad física y mental, el descanso adecuado, los vínculos sociales y el cuidado de la salud cardiovascular, la vista y el oído.
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