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Las mujeres con más de 90 años casi duplican el riesgo de demencia frente a los hombres, advierte un estudio

La investigación denominada LifeAfter90 siguió a 805 personas longevas y observó una brecha marcada entre sexos. Los autores analizaron el papel del gen APOE y remarcaron la importancia de la detección en edades muy avanzadas

Retrato de perfil de una mujer mayor con gafas, cabello blanco y un cerebro translúcido superpuesto; el fondo muestra redes neuronales y cadenas de ADN.
Un estudio de UC Davis Health y Kaiser Permanente halló que las mujeres de 90 años o más tuvieron un riesgo de demencia casi doble que los hombres de la misma edad (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia a nivel global, con unos 10 millones de nuevos diagnósticos cada año. Dentro de ese total, el Alzheimer representa entre el 60% y el 70% de los casos. Las proyecciones indican que, hacia 2050, esta cifra podría triplicarse debido al envejecimiento de la población, lo que plantea un desafío creciente para los sistemas de salud, la economía y las familias.

En ese escenario de envejecimiento acelerado, un nuevo estudio aportó una pieza clave para entender qué ocurre en la longevidad extrema. Una investigación de UC Davis Health y Kaiser Permanente Northern California, publicada en The Lancet Healthy Longevity, concluyó que las mujeres de 90 años o más tuvieron un riesgo de demencia casi el doble que el de los hombres en ese mismo tramo etario. Además, analizó el papel de variantes del gen APOE, uno de los principales asociados al riesgo de Alzheimer.

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La investigación, llamada LifeAfter90, siguió a 805 participantes de esa edad que no tenían demencia al inicio. Todos eran miembros de Kaiser Permanente en el área de la bahía de San Francisco y Sacramento, en California, Estados Unidos. La edad mediana al incorporarse fue de 92 años y el seguimiento medio duró 2 años, según el artículo científico.

Infografía con título sobre mujeres de 90 y demencia, ilustraciones de cerebros, gráficos de barras y mapas, íconos de ADN, corazón, doctor, y texto explicativo.
La investigación LifeAfter90 siguió a 805 personas sin demencia al inicio y registró 138 casos nuevos durante un seguimiento medio de dos años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para dimensionar la magnitud de lo observado, el equipo registró que 138 personas desarrollaron demencia durante el periodo de observación y 295 murieron. La incidencia estandarizada por edad fue de 116,82 casos por cada 1.000 personas-año, de acuerdo con el trabajo. Esto quiere decir que, en un grupo de personas muy mayores, el riesgo se mide también considerando que algunos participantes fallecen antes de poder ser diagnosticados, algo frecuente en edades tan avanzadas.

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Según UC Davis Health, hasta hace poco había poca evidencia específica sobre la salud cerebral en esa franja etaria. Ese vacío de conocimiento contrasta con una tendencia demográfica: la población mundial de personas de 90 años o más podría rondar los 230 millones en 2100.

Rachel Whitmer, profesora de ciencias de la salud pública y neurología en UC Davis Health y autora principal del estudio, explicó al medio: “Sabemos por otros estudios, hechos en personas de 65 años o más, que hay diferencias en las tasas de demencia y que las mujeres tienden a tener un mayor riesgo, pero nadie sabía si eso seguía siendo cierto después de los 90 años”.

Dos mujeres sentadas en un sofá; la más joven con cabello gris corto y camisa estampada, y la mayor con cárdigan beige. Se miran y sostienen las manos en un hogar.
El estudio sobre demencia en mayores de 90 años señaló que la muerte debe considerarse un riesgo competidor para medir la incidencia en edades avanzadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Whitmer agregó: “Necesitamos entender quiénes son los más afectados por la demencia después de los 90 años y cómo influye el principal gen de riesgo de Alzheimer (APOE)”.

Los resultados mostraron una brecha marcada entre mujeres y hombres. La tasa estandarizada fue de 145,17 casos por 1.000 personas-año en el grupo femenino, frente a 79,90 en el masculino. En los modelos que consideran la muerte como un riesgo competidor, la diferencia se mantuvo: el riesgo fue 1,89 veces mayor en el primer grupo.

Qué mostró el estudio sobre el gen APOE

La investigación analizó el gen APOE en un subgrupo de 413 participantes. Según el artículo científico, 81 eran portadores de APOE ε4 y 63 de APOE ε2.

Para entenderlo sin jerga: el APOE es como un “manual de instrucciones” biológico que varía de persona a persona. Esas variantes —ε2 y ε4— no determinan por sí solas lo que va a ocurrir, pero pueden inclinar la balanza del riesgo.

Detalle de una red de neuronas con múltiples ramificaciones azules, un nodo central brillante que emite luz blanca sobre un fondo negro oscuro.
La variante APOE ε4 no mostró un efecto único en la cohorte LifeAfter90 y su relación con la demencia cambió según el sexo y el origen de los participantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

En este estudio, ε2 apareció asociada a una menor probabilidad de desarrollar demencia, incluso en edades muy avanzadas. En cambio, ε4 no mostró un efecto único y claro en todo el grupo: el patrón cambió según el sexo y el origen de los participantes.

Dicho de manera simple, el trabajo sugiere que el mismo “factor genético” puede pesar distinto según la persona. Por eso, los autores destacaron la importancia de no mirar estos resultados como una regla universal, sino como una señal para afinar el seguimiento clínico en quienes llegan a edades muy avanzadas.

Qué implican los hallazgos para la detección y el cuidado

El artículo científico señaló que estos resultados refuerzan la importancia del cribado y la vigilancia de la demencia incluso entre personas con longevidad excepcional. También destacó que la muerte debe tratarse como un riesgo competidor al medir la incidencia en edades tan avanzadas, porque de lo contrario el cálculo puede distorsionarse.

Grupo de médicos en batas blancas discutiendo frente a una pantalla grande que muestra tres resonancias magnéticas cerebrales con áreas resaltadas en azul, naranja y rojo.
Los autores indicaron que el cribado y la vigilancia de la demencia siguen siendo necesarios después de los 90 años y deben ajustarse a distintos perfiles de vulnerabilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cohorte LifeAfter90 tuvo características que, según los autores, mejoraron la estimación del riesgo. Los participantes recibieron evaluaciones clínicas cada seis meses, parte de las visitas se realizó a distancia y el equipo pudo revisar historiales médicos de décadas gracias a la pertenencia prolongada a Kaiser Permanente.

Los autores advirtieron, además, varias limitaciones. El estudio no se puede generalizar a poblaciones sin seguro, exigía dominio de inglés o español y no incluyó biomarcadores ni datos neuropatológicos para distinguir causas concretas de demencia.

También describieron la brecha como un hallazgo estadístico en esta cohorte y remarcaron que, para explicar por qué ocurre, hacen falta más investigaciones que integren antecedentes de salud, condiciones de vida y otros factores previos.

Una pareja de ancianos, él de 72 años y ella de 71, sentados en un sofá en su sala, tomados de las manos. Él la mira mientras ella observa al frente. Hay una taza de café y libros en la mesa de centro.
La tasa de demencia fue de 145,17 casos por 1.000 personas-año en mujeres y de 79,90 en hombres dentro de la cohorte LifeAfter90 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según UC Davis Health, algunos participantes llegaron a edades muy avanzadas sin deterioro cognitivo pese a haber tenido hipertensión, colesterol alto u otros factores de riesgo en décadas anteriores. El equipo busca aclarar qué mecanismos pudieron proteger a esas personas y si esas ventajas pueden reproducirse en otros casos.

Para la práctica clínica, el mensaje de fondo fue que superar los 90 años no borra las diferencias de riesgo entre grupos ni vuelve innecesaria la detección. Los autores plantearon que la atención a esta población debe ajustarse a perfiles distintos de vulnerabilidad y no partir de la idea de que la longevidad por sí sola equivale a protección.

Por qué algunas personas tienen alto riesgo de demencia pese a llevar una vida saludable

Una investigación de Kyushu University, publicada en Alzheimer’s & Dementia, mostró que un estilo de vida saludable reduce el riesgo en adultos mayores, pero ese efecto no es uniforme. En particular, quienes portan dos copias del gen APOE ε4 —el principal factor genético de riesgo para el Alzheimer— mantuvieron una alta vulnerabilidad, incluso con hábitos favorables.

Una mujer adulta mira hacia adelante frente a una interfaz holográfica que muestra una doble hélice de ADN translúcida y un cerebro con conexiones luminosas en un entorno médico.
Otro estudio de Kyushu University encontró que los portadores de dos copias de APOE ε4 mantuvieron un alto riesgo de Alzheimer pese a un estilo de vida saludable (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo analizó a más de 9.600 adultos japoneses mayores de 65 años y concluyó que, mientras una sola copia de APOE ε4 o la ausencia de ese gen permitieron que los hábitos saludables disminuyeran la probabilidad de desarrollar la enfermedad, quienes tenían dos copias presentaron más de 10 veces el riesgo respecto de los no portadores, y su inicio tendió a ser más temprano. En este grupo, ni la ausencia de factores adversos ni un estilo de vida saludable lograron reducir significativamente esa probabilidad.

Los investigadores sugirieron que para los portadores dobles podrían ser necesarias intervenciones más tempranas o estrategias personalizadas, ya que ni la dieta ni el ejercicio ofrecieron la misma protección que en el resto de la población. Las neuroimágenes y biomarcadores indicaron más daño cerebral en portadores dobles, sin diferencias por estilo de vida.

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