Un estudio reveló que una causa inadvertida eleva el peso más de lo imaginado

Reducir el sueño en solo 1,5 horas por noche durante seis semanas se asoció con aumento de peso y mayor sedentarismo en adultos con riesgo cardiometabólico, según una investigación de la Universidad de Columbia

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Un hombre de espaldas se para sobre una báscula digital que muestra 75.2 kg. En el baño se observan un inodoro, un rollo de papel y una toalla.
Dormir menos de siete horas por noche favoreció el aumento de peso y la inactividad en personas con riesgo cardiometabólico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir 1,5 horas menos por noche durante seis semanas se asoció con aumento de peso y más sedentarismo en adultos con riesgo cardiometabólico elevado, según un análisis de dos ensayos clínicos de la Universidad de Columbia que plantea incorporar el sueño adecuado a los programas de control de peso y prevención de diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas.

La restricción leve del sueño elevó el tiempo de inactividad una media de 17 minutos al día en el conjunto de los participantes y casi 30 minutos diarios entre los hombres y las mujeres posmenopáusicas. El estudio también registró un incremento del peso corporal de cerca de medio kilo en ese período, equivalente a una libra, de acuerdo con datos difundidos por la universidad y la agencia EFE.

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La investigación, publicada en Annals of Internal Medicine, combinó información de dos ensayos aleatorizados con 95 adultos de 20 años o más que solían dormir al menos siete horas por noche y ya presentaban factores de riesgo cardiometabólico. Durante una fase mantuvieron su patrón habitual de sueño durante seis semanas y en otra retrasaron su hora de acostarse 90 minutos, con una reducción real de alrededor de 80 minutos por noche.

Mujer con camiseta de color claro dormida en un escritorio de madera con vasos de café desechables y un bolígrafo, junto a una ventana con vista urbana.
El recorte leve del descanso nocturno elevó el tiempo diario de sedentarismo, especialmente en hombres y mujeres posmenopáusicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

A lo largo de ambas etapas, los investigadores midieron el sueño y la actividad con un monitor de muñeca. También siguieron los cambios en peso corporal, circunferencia de cintura, composición corporal y niveles en ayunas de varias hormonas vinculadas con el aumento o la supresión del apetito.

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El estudio midió peso, cintura y actividad en 95 adultos con riesgo elevado

La conclusión central del trabajo es directa: incluso una reducción moderada del descanso nocturno, más cercana a los hábitos cotidianos de muchos adultos que a una privación extrema, se vinculó con más peso y menos movimiento. Según el American College of Physicians los voluntarios completaron dos condiciones de sueño separadas, lo que permitió comparar el efecto del recorte de descanso frente a su patrón normal.

Marie-Pierre St-Onge, profesora de medicina nutricional y directora del estudio, sostuvo que los resultados apuntan a un efecto más amplio que el simple cambio en la balanza. “Aunque se necesitan más investigaciones para comprender mejor cómo la restricción del sueño conduce al aumento de peso, todos nuestros hallazgos sugieren que la falta de sueño incrementa el riesgo de padecer afecciones relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores observaron que la falta moderada de sueño se asoció con mayores riesgos de diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigadora añadió que concentrarse solo en una dieta más saludable y en más actividad física para contrarrestar el aumento de peso es “una visión simplista” y puede ser difícil de sostener. Esa observación, recogida por la Universidad de Columbia, refuerza la idea de que el sueño debe considerarse un componente propio de la salud cardiometabólica.

El trabajo se propuso examinar una forma de privación crónica y leve del sueño, distinta de los experimentos más extremos que suelen reducir el descanso a cuatro horas por noche. Según la universidad, ese enfoque buscó aproximarse mejor a una rutina frecuente entre adultos que duermen cinco o seis horas, un patrón que el equipo describió como extendido en cerca del 30% de la población adulta.

Hombre con obesidad central sonriente camina por un sendero de parque con árboles y hojas secas, usando auriculares y una botella de agua.
El estudio incluyó a 95 adultos con factores de riesgo y midió cambios en peso, cintura y actividad física (Imagen Ilustrativa Infobae)

Faris Zuraikat, primer autor del estudio y profesor asistente de medicina nutricional, advirtió que el aumento de casi medio kilo observado en seis semanas no debe leerse como un cambio menor aislado. “Nuestro estudio fue diseñado para imitar patrones de sueño que la mayoría de los adultos experimentan de forma crónica. Cuando se extrapola a un año completo, esperaríamos que perder menos de una hora y media de sueño por noche pudiera dar lugar a un aumento de peso clínicamente relevante”.

En un estudio previo realizado con un subgrupo de los mismos participantes, el equipo informó que las mujeres con mayor riesgo cardiometabólico que habían reducido su sueño presentaban mayor resistencia a la insulina, un factor de riesgo para la diabetes tipo 2. Los efectos fueron más marcados en las mujeres que ya habían pasado la menopausia.

En otro trabajo con este mismo grupo, los investigadores observaron que hombres y mujeres con riesgo cardíaco elevado presentaban una afluencia de células inflamatorias en el corazón después de una restricción leve del sueño. Ese hallazgo se suma a la relación detectada entre menor descanso, más sedentarismo y aumento de peso.

Los autores señalaron además dos límites del análisis: el tamaño de la muestra y el hecho de que la población estudiada ya tenía un riesgo cardiometabólico elevado.

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