
Un estudio internacional liderado por la University of Bristol revela que 1 de cada 4 bebés es capaz de captar la decepción antes de cumplir su primer año de vida. Además, la mayoría de los niños desarrolla distintas formas de engaño cada vez más sofisticadas hacia los tres años, lo que cuestiona algunas ideas tradicionales sobre el desarrollo infantil.
Según los investigadores, los bebés pueden comenzar a entender y practicar formas simples de engaño desde los 8 o 10 meses de edad. Entre los 17 meses y los 3 años, estas habilidades evolucionan con rapidez y permiten que los niños utilicen estrategias para ocultar, manipular o distorsionar información en situaciones cotidianas.
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La profesora Elena Hoicka y su equipo analizaron datos de más de 750 bebés y niños menores de cuatro años, recopilados a través de cuestionarios respondidos por madres y padres de Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Canadá.

Los resultados, publicados en la revista Cognitive Development, muestran que, a los 10 meses, uno de cada cuatro niños ya comprende la noción de engaño. A los 17 meses, esa proporción aumenta hasta el 50%. Cerca de los tres años, la mayoría de los niños demuestra habilidades para idear y ejecutar engaños más complejos, según los investigadores de la University of Bristol.
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Cuándo y cómo surgen las primeras mentiras en la infancia
El estudio también identificó que algunos niños comienzan a reconocer el concepto de engaño desde los 8 meses. Después de este primer indicio, aproximadamente la mitad de los niños identificados como engañadores habían realizado algún acto de engaño al menos una vez el día anterior a la encuesta.
Durante el segundo año de vida, la capacidad para engañar se desarrolla con rapidez. En esta etapa, los niños empiezan a utilizar mentiras sencillas, negar hechos evidentes o recurrir a trucos simples para evitar ciertas situaciones.
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Entre los comportamientos más frecuentes en niños de dos a tres años aparecen la omisión de información, la distracción y la negación de hechos.
Por ejemplo, algunos niños fingen no haber escuchado cuando se les pide recoger los juguetes, o niegan haber comido una golosina aun cuando tienen restos de chocolate en la boca. También pueden inventar excusas, como decir que necesitan ir al baño para evitar realizar una tarea.
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A medida que se acercan a los tres años, las mentiras se vuelven más elaboradas. En esta etapa pueden aparecer exageraciones, invención de historias o distracciones verbales. Un niño puede afirmar que comió todas las verduras cuando en realidad no lo hizo, o culpar a un “fantasma” de la desaparición de un caramelo.
Otra estrategia común consiste en contar solo parte de una historia, omitiendo detalles importantes. Por ejemplo, relatar que un hermano los golpeó sin mencionar que ellos iniciaron la pelea.
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Implicancias para la crianza y la educación

La profesora Hoicka señaló que resulta “fascinante descubrir cómo evoluciona la comprensión y el uso del engaño desde una edad tan temprana”. Según la investigadora, estas primeras formas de engaño no requieren un lenguaje complejo ni una comprensión avanzada de la mente de otras personas.
Desde su propia experiencia como madre, Hoicka explicó que esconderse para comer caramelos es una estrategia sorprendentemente común entre los niños pequeños.
La investigación también ofrece una perspectiva interesante desde la filosofía. La profesora Jennifer Saul, especialista en ética del engaño en la University of Waterloo, señaló que “los filósofos suelen analizar la moralidad del engaño en adultos, pero este estudio muestra la complejidad que se pasa por alto cuando no se considera la infancia”.
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En total, los investigadores identificaron al menos 16 tipos distintos de engaño en menores de cuatro años, lo que pone de relieve la creatividad con la que los niños interactúan con las normas y expectativas de su entorno.
Los autores sostienen que comprender estas conductas como parte del desarrollo normal puede ayudar a madres, padres y educadores a interpretarlas con mayor claridad, facilitando una comunicación más efectiva y fortaleciendo los vínculos durante la crianza.
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