
En muchos hogares del mundo es habitual que los niños crezcan escuchando más de un idioma. Sin embargo, todavía persiste la idea de que hablar en una lengua no nativa podría generar distancia emocional o dificultar la comunicación con los hijos pequeños.
Un nuevo estudio aporta evidencia en sentido contrario. Investigadores comprobaron que el uso de una lengua aprendida no altera la conexión cerebral entre madres e hijos durante el juego, una interacción clave para el desarrollo emocional y social en la infancia.
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El trabajo, publicado en Frontiers in Cognition y liderado por la doctora Efstratia Papoutselou y el profesor Douglas Hartley, muestra que el vínculo afectivo se mantiene sólido independientemente del idioma utilizado.
Hogares multilingües en aumento
La investigación se realizó en el Reino Unido con familias bilingües en las que las madres dominaban el inglés, aunque no era su lengua materna. Participaron niños de entre tres y cuatro años, una etapa en la que el juego y la interacción verbal son fundamentales para el aprendizaje y la regulación emocional.
El interés por este tema creció en paralelo al aumento de hogares multilingües. En Europa, el porcentaje de familias donde se hablan dos idiomas se duplicó en la última década, lo que impulsó estudios sobre el impacto del bilingüismo en la cognición y en las relaciones familiares.
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Algunos trabajos previos habían sugerido que comunicarse en una lengua adquirida podría implicar pausas, menor fluidez o una carga cognitiva adicional, factores que podrían afectar la expresión emocional o la empatía.
En este contexto, los investigadores se propusieron responder una pregunta concreta: ¿usar un idioma no nativo cambia la calidad del vínculo entre madre e hijo? La hipótesis inicial contemplaba la posibilidad de un leve distanciamiento emocional que se reflejara en la actividad cerebral durante la interacción cotidiana.
Cómo se midió la conexión cerebral
Para explorar el fenómeno, el equipo analizó a 15 madres junto a sus hijos en sesiones de juego estructuradas. Durante la actividad, ambos llevaban dispositivos de espectroscopía funcional de infrarrojo cercano, una técnica que permite registrar cambios en la oxigenación cerebral asociados a la actividad neuronal.
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Los participantes jugaron en tres condiciones: en la lengua materna, exclusivamente en inglés y en una situación de control sin interacción directa.

Los resultados mostraron que cuando madre e hijo jugaban juntos, sus cerebros presentaban patrones sincronizados de actividad, especialmente en la corteza prefrontal, región implicada en la regulación emocional, la toma de decisiones y la interacción social.
En términos simples, la sincronía cerebral describe el momento en que dos personas muestran activaciones neuronales similares durante una interacción significativa, un fenómeno vinculado al entendimiento mutuo y la conexión afectiva.
El análisis reveló que esa coincidencia en la actividad cerebral era igual de fuerte tanto al usar la lengua materna como el idioma aprendido. Es decir, el idioma no modificó la calidad de la conexión neurobiológica durante el juego.
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Para los autores, este hallazgo refuta la idea de que el bilingüismo pueda obstaculizar el vínculo temprano. “Usar una segunda lengua no interfiere en la conexión cerebral que sustenta la comunicación entre madres e hijos”, señalaron los investigadores.
Beneficios del bilingüismo en la infancia

Más allá de descartar riesgos, el estudio se suma a la evidencia que vincula el bilingüismo con ventajas cognitivas y sociales. Crecer en un entorno donde se alternan idiomas puede estimular la flexibilidad mental, la atención y la adaptación cultural.
Los investigadores sostienen que la exposición temprana a dos lenguas no solo no perjudica la relación afectiva, sino que puede enriquecer el desarrollo comunicativo y emocional. Además, el uso natural de ambos idiomas en el hogar podría ayudar a los niños a construir identidades culturales más complejas y a desenvolverse con mayor facilidad en contextos diversos.
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El estudio refuerza una idea clave en neurociencia del desarrollo: la calidad de la interacción no depende exclusivamente de las palabras, sino del tono emocional, la atención compartida y la reciprocidad durante el juego.
En ese sentido, el idioma funciona como un vehículo de comunicación, pero no determina la profundidad del vínculo. Para los autores, los resultados aportan tranquilidad a familias bilingües y sugieren que alternar idiomas en el hogar es compatible con una conexión emocional saludable.
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