
El uso de células inmunes modificadas permitió restaurar la vitalidad del tracto digestivo en modelos animales, sin emplear procedimientos oncológicos tradicionales. El avance, liderado por Semir Beyaz en el Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York, demostró que la terapia con células T CAR, originalmente desarrollada para tratar cáncer, puede revertir el envejecimiento intestinal en ratones y devolverles características propias de ejemplares jóvenes, según informaron New Scientist y Nature.
Qué es la terapia CAR T y cómo revolucionó la medicina
La terapia CAR-T (del inglés, Chimeric Antigen Receptor T-cell) representa una de las innovaciones más relevantes en el tratamiento del cáncer. Esta técnica consiste en modificar genéticamente linfocitos T —un tipo de célula del sistema inmune— para que reconozcan y destruyan células que presentan un marcador específico en su superficie.
El proceso inicia extrayendo linfocitos T del propio paciente, que en laboratorio reciben un receptor artificial (CAR) diseñado para detectar una proteína particular presente en las células tumorales.
Posteriormente, estos linfocitos modificados se multiplican y se reintroducen en el organismo, donde pueden identificar y eliminar con precisión las células malignas.

Desde su aprobación clínica en 2017 en Estados Unidos y Europa, la terapia CAR-T ha transformado el abordaje de ciertos cánceres hematológicos, como la leucemia linfoblástica aguda y algunos linfomas, logrando remisiones en pacientes que no respondían a tratamientos convencionales.
Sin embargo, su uso en tumores sólidos y otras enfermedades aún enfrenta desafíos, como la dificultad de acceso de las células modificadas a los tejidos afectados y la aparición de efectos secundarios potencialmente graves.
Un avance distinto en la lucha contra el envejecimiento
A diferencia de su uso original en oncología, en este estudio los investigadores adaptaron la tecnología CAR T para atacar el envejecimiento celular.
El envejecimiento de los órganos está asociado a la acumulación de células senescentes, que han perdido la capacidad de dividirse pero siguen activas, alterando el funcionamiento normal de los tejidos y promoviendo inflamación crónica. Eliminar estas células se ha convertido en una línea de investigación clave para ralentizar o revertir procesos vinculados a la edad.
Durante los últimos años, se han desarrollado fármacos denominados senolíticos para eliminar células senescentes. Aunque algunos han mostrado efectos prometedores en modelos animales, su especificidad y seguridad en humanos todavía no están plenamente comprobadas.

El estudio encabezado por Beyaz introduce una diferencia fundamental: utiliza la precisión de la terapia CAR-T para eliminar selectivamente solo las células senescentes que expresan el receptor activador de plasminógeno tipo uroquinasa. Esto permite una intervención mucho más dirigida, con menor impacto en tejidos sanos, y abre la posibilidad de adaptar la tecnología a otros órganos afectados por el envejecimiento.
El experimento y sus resultados
El procedimiento desarrollado por el equipo consiste en extraer linfocitos T de los ratones y modificarlos en laboratorio para que reconozcan y ataquen las células que presentan el receptor activador de plasminógeno tipo uroquinasa, la proteína objetivo identificada como marcador de senescencia. Una vez preparados, estos linfocitos CAR-T se multiplican y se reinyectan en el torrente sanguíneo de los animales.
Después de aplicar la terapia, los investigadores observaron que la cantidad y actividad de las células madre intestinales aumentó hasta niveles propios de animales jóvenes. La barrera intestinal recuperó su funcionamiento y la inflamación disminuyó notablemente.
Corina Amor, integrante del grupo de Beyaz, subrayó en New Scientist: “No solo detuvimos el envejecimiento, sino que el tejido comenzó a comportarse como en ratones jóvenes”.
El envejecimiento intestinal implica una pérdida progresiva de la capacidad de las células madre para renovar la mucosa, proceso esencial que ocurre cada tres a cinco días. Con el paso del tiempo, las células senescentes se acumulan y, aunque dejan de dividirse, liberan compuestos que favorecen la inflamación, debilitando la barrera intestinal y el sistema inmune. Esto facilita infecciones, cáncer y enfermedades inflamatorias, explicó Nature.

Desafíos, riesgos y próximos pasos
Si bien la tecnología CAR-T ha mostrado eficacia en cánceres hematológicos, tumores sólidos y enfermedades autoinmunes, trasladar su aplicación al envejecimiento presenta desafíos singulares. Eliminar células senescentes implica riesgos adicionales, ya que estas también participan en procesos fundamentales como la cicatrización y la supresión tumoral.
Jesse Poganik, de la Harvard Medical School, advirtió en New Scientist: “No sabemos qué ocurre en otros tejidos al eliminar células uPAR-positivas”. Tal afirmación demuestra que aún hay dudas sobre posibles efectos fuera del intestino.
El equipo investigador destacó que el uso del receptor activador de plasminógeno tipo uroquinasa permite una identificación precisa de las células dañadas por la edad. Sin embargo, Onur Eskiocak, del Cold Spring Harbor Laboratory, señaló en New Scientist la importancia de definir la dosis adecuada antes de avanzar hacia pruebas en humanos, ya que bajos niveles de esta proteína pueden encontrarse en tejidos sanos.
Por su parte, Joana Neves, del King’s College London, consideró que los criterios de seguridad para tratamientos preventivos o destinados a mejorar la calidad de vida deben ser más estrictos que en oncología. Además, el envejecimiento rara vez se clasifica como una condición médica que justifique intervención si la persona está sana, advirtió New Scientist.
El estudio ilustra que eliminar las células envejecidas responsables del deterioro puede restaurar el funcionamiento normal de los órganos y sugiere nuevas estrategias para abordar el envejecimiento.
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