Descubrieron una nueva especie de dinosaurio carnívoro en la Argentina

El espécimen se encontró al norte de Neuquén, en la Patagonia. Se trata de un animal que habitó la región hace unos 85 millones de años

Así era el Llukalkan aliocranianus (Ilustración: Jorge Blanco)
Así era el Llukalkan aliocranianus (Ilustración: Jorge Blanco)

Un equipo científico descubrió una nueva especie de dinosaurio carnívoro, bautizada como Llukalkan aliocranianus, que habitaba en la Patagonia, en la Argentina actual, según un estudio publicado recientemente en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

Hace 80 millones de años, el tiranosaurio dominaba en el hemisferio norte, mientras que el Llukalkan aliocranianus, un abelisáurido carnívoro, era uno de los principales depredadores de esta región geográfica particular.

El nombre que los científicos han dado al animal cuyos restos fósiles se hallaron en el oeste de Argentina viene del término mapuche Llukalkan, que significa “el que causa miedo”, y del latino aliocraniaus, que es “cráneo diferente”.

Este descubrimiento es particularmente importante porque indica que la diversidad y abundancia de abelisáuridos era notable no solo en la Patagonia, sino también en más áreas durante el ocaso de los dinosaurios”, señaló Federico Gianechini, paleontólogo de la Universidad Nacional de San Luis, en Argentina.

Hasta ahora se han hallado restos fósiles de 10 especies de este temible depredador en la Patagonia. En la imagen el registro de otro hallazgo paleontológico en el sur de Argentina (EFE/Archivo)
Hasta ahora se han hallado restos fósiles de 10 especies de este temible depredador en la Patagonia. En la imagen el registro de otro hallazgo paleontológico en el sur de Argentina (EFE/Archivo)

El animal, que pertenece a una de las 10 especies hasta ahora conocidas de abelisáuridos, vivió en el Cretáceo tardío y, según los investigadores, medía hasta cinco metros de longitud, estaba dotado de una mandíbula extremadamente poderosa, dientes muy afilados, enormes pezuñas y un olfato muy sensible.

Todo surgió a partir de un hallazgo poco frecuente por parte de un grupo de palentólogos en 2015: se toparon con un cráneo de un dinosaurio carnívoro en buen estado de conservación. Como presentaba algunas características particulares, los investigadores no sabían exactamente que tenían entre manos. “Es poco frecuente encontrar un cráneo de estos animales porque son muy frágiles. En general se encuentran fragmentos de huesos largos y vértebras. Hallarlo en buen estado de preservación y conservación nos permitió estudiarlo.

“La morfología de algunos huesos y la falta de cuernos y protuberancias, como solían tener otros dinosaurios de la misma familia, nos permitió determinar, luego de mucho estudio y mucha discusión, que estábamos ante la presencia de una nueva especie”, explicó Ariel Méndez del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP, CONICET).

Fósiles de uno de los grandes saurópodos más antiguos, excavados en la Patagonia argentina, aportan nuevas pruebas de que un evento de calentamiento global desató la evolución de los dinosaurios gigantes (Europa Press/Sebastian Carrasco)
Fósiles de uno de los grandes saurópodos más antiguos, excavados en la Patagonia argentina, aportan nuevas pruebas de que un evento de calentamiento global desató la evolución de los dinosaurios gigantes (Europa Press/Sebastian Carrasco)

La aparición de estos restos aportó información que permitió continuar armando el rompecabezas de los abelisáuridos. Y si bien se tiene registro de estos dinosaurios en India, África, Europa y otras partes de América del Sur, en la Patagonia argentina es donde más especies de este grupo se encontraron.

“Participé de una campaña en el año 2015, y muy cerca de donde habíamos hallado a Viavenator exxoni aparecen dos cráneos. Nuestra primera impresión fue que estábamos ante la presencia de dos ejemplares de aquella especie. Porque, además, todos habían vívido hace unos 85 millones de años, durante el Cretácico Superior. Los únicos elementos que tenemos los paleontólogos para analizar son los huesos. Entonces, tenemos que ser muy exhaustivos en nuestros estudios. Luego de minuciosos análisis, se vio que presentaban diferencias importantes con Viavenator, lo que justificó que uno de ellos sea reconocido como otra especie”, añadió Méndez.

Los restos fósiles hallados incluyen una bóveda craneal muy bien preservada que indica que el cráneo de Llukalkan tenía huesos gruesos que formaban protuberancias en la cabeza parecidas a las de algunos reptiles del presente como el monstruo de Gila y ciertas iguanas.

Fotografía cedida por José Luis Carballido que muestra a un paleontólogo mientras trabaja en la recuperación de un fósil del que podría ser el más grande titanosaurio conocido, en Formación Candeleros, Neuquén, Argentina (EFE/ José Luis Carballido)
Fotografía cedida por José Luis Carballido que muestra a un paleontólogo mientras trabaja en la recuperación de un fósil del que podría ser el más grande titanosaurio conocido, en Formación Candeleros, Neuquén, Argentina (EFE/ José Luis Carballido)

La forma de su cráneo indica que poseía también un sentido del oído mejor que la mayoría de los abelisáurido conocidos y similar al de los cocodrilos actuales.

El estudio apunta que este reptil habitó la misma área en el mismo período de tiempo que otra especie de abelisáurido furelisauria (lagarto de espinazo rígido), el Viavenator exxoni.

Restos fósiles de Llukalkan y Viavenator se encontraron a unos 700 metros unos de los otros en la formación Bajo de la Carpa, cerca del famoso sitio arqueológico de Invernada, en Argentina.

Diferentes variantes de dinosuarios hallados en Neuquén
Diferentes variantes de dinosuarios hallados en Neuquén

Los abelisáuridos conforman una familia sorprendente de dinosaurios terópodos, y vivieron principalmente en la Patagonia y otras zonas del sur de Gondwana, la masa continental que formaban lo que hoy es África, la India, Antártida, Australia y América del Sur.

Hasta ahora se han hallado restos fósiles de 10 especies de este temible depredador en la Patagonia. Si bien todos ellos se parecían al tiranosaurio rex en términos generales, con pequeños brazos, tenían cráneos cortos y profundos con crestas, protuberancias y cuernos.

Estos animales caminaban erguidos sobre sus patas traseras con enormes pezuñas y usaban sus agudos dientes para despedazar a sus presas, según amplía el estudio.

Con información de EFE y CONICET

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