Después de una comida, el ardor, la pesadez o el dolor en la boca del estómago suelen generar una duda: si la molestia se debe a lo que se ingirió o si puede ser una señal de un problema digestivo que requiere atención médica.
En Infobae en Vivo, el doctor Daniel López Rosetti explicó que el momento en que aparecen los síntomas después de comer aporta una referencia para distinguir entre afecciones del esófago, el estómago o el duodeno.
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Durante la charla con el equipo de Infobae a las Nueve, integrado por Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, el médico planteó que el interrogatorio clínico incluye una referencia temporal precisa: “No es lo mismo si te duele al minuto o si te duele a las cuatro horas”.
López Rosetti aclaró que los síntomas digestivos no siempre se presentan como dolor. “A veces hay equivalentes al dolor: distensión abdominal, molestia, pesadez. Ardor. No siempre es dolor”, señaló.
El especialista describió la complejidad de identificar el origen de esas molestias porque en el abdomen conviven numerosos órganos. “El médico tiene que pensar si es estómago, si es duodeno, si es delgado, si es grueso, es colon, recto, sigma, páncreas, esófago”, enumeró.
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El reflujo gastroesofágico y la función del esfínter

Al explicar el recorrido de los alimentos, López Rosetti indicó que el esófago traslada lo ingerido desde la boca hasta el estómago en pocos segundos. “Una pastillita, un bocadito con agua, tarda entre cuatro y seis segundos en llegar acá”, precisó.
El médico se detuvo en la unión entre el esófago y el estómago, donde funciona un esfínter que permite el paso en una dirección. “Es una puerta que se abre y que cuando el flujo, el estómago, la comida quiere subir, no puede porque la puerta se cierra”, describió.
Cuando ese mecanismo falla, una parte del contenido gástrico puede subir hacia el esófago. “Cuando esta válvula falla, se llama reflujo gastroesofágico, sube parte del contenido gástrico, que es mezcla de lo que comiste, más lo que se disolvió, más el ácido y te da acidez”, explicó López Rosetti y señaló que el ácido clorhídrico cumple una tarea en la digestión y contribuye a eliminar microorganismos, pero el esófago no está preparado para resistirlo. “La naturaleza fabricó al esófago no para resistir ácido”, afirmó.
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Sobre las consecuencias de ese ascenso del contenido del estómago, detalló: “La mucosa esofágica interna se irritó por el contenido ácido del estómago que nunca debió haber subido”. Esa inflamación de la capa interna se denomina esofagitis por reflujo. También se refirió a la hernia hiatal, que puede generar síntomas similares. “Si este agujero se agranda, parte del estómago se va para arriba y ya el esfínter deja de funcionar y te da la misma sintomatología”, sostuvo sobre la apertura del diafragma que comunica el tórax y el abdomen.
El médico mencionó una manifestación menos asociada de manera habitual a este problema: la tos seca persistente. “Cuando ese reflujo es poquito, a lo mejor te da pocos síntomas, pero llegan a las cuerdas vocales y te hace toser”, dijo.
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Las molestias pueden aumentar durante la noche o luego de una ingesta abundante. “¿Cuándo tenés reflujo? Cuando comés mucho, porque el abdomen se hincha, empuja el estómago para arriba y genera más reflujo”, indicó.
Como medida física para reducir esa posibilidad durante el descanso, señaló que la posición corporal incide. “Conviene dormir del lado izquierdo, vas a tener menos reflujo”, recomendó, aunque subrayó que ante síntomas persistentes se debe consultar al médico.
Al pasar al estómago, López Rosetti explicó que el ácido clorhídrico participa en la activación de enzimas que procesan las proteínas. “El ácido es esencial para que una enzima que se llama pepsinógeno, con la acción del ácido, pase a pepsina”, detalló. Ese ácido puede irritar la mucosa gástrica en determinadas circunstancias. “¿Cuándo lo irrita? O cuando fabricás demasiado ácido, es decir, tenés un sistema que generás mucho ácido”, explicó al referirse a la hiperclorhidria.
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El médico también mencionó la infección por Helicobacter pylori como otra causa posible. “Cuando esto se infecta, por ejemplo, con una bacteria que puede vivir acá, se lesiona la mucosa y entonces empieza a sufrir y tenés gastritis”, señaló.
En ese punto, recordó la evolución de los tratamientos para las hemorragias digestivas. “Yo vi morir gente de hemorragias digestivas cuando todavía no existían los prazoles”, afirmó, en referencia a los medicamentos que inhiben la producción de ácido gástrico.
Según su explicación, la lesión puede alcanzar una profundidad mayor y formar una úlcera. “La otra posibilidad es que acá se forme un agujero, es decir, que se lastime lo suficiente para generar una úlcera gástrica”, dijo López Rosetti y diferenció el tiempo de aparición de los síntomas según el área afectada. “La gastritis es inmediata. El dolor de úlcera gástrica puede ser constante o casi enseguida que comés algo que sea ácido o picante”, sostuvo.
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La úlcera duodenal puede aparecer dos o tres horas después
El duodeno es la primera porción del intestino delgado, ubicada después del estómago. “Ahí desemboca la bilis que viene del hígado y también desembocan los líquidos pancreáticos para disolver las comidas”, explicó el médico.
López Rosetti aclaró que, al salir del estómago, el contenido todavía no es materia fecal. “Acá se llama quimo. Todavía no es materia fecal”, corrigió durante el intercambio con los conductores. La lesión ulcerosa también puede producirse en esa zona. “La úlcera duodenal es lo mismo, pero en lugar de pasar en el estómago, pasa en la primera porción del intestino”, explicó.
El dato que jerarquizó como herramienta de orientación clínica fue el intervalo entre la comida y el comienzo de la molestia. “Si usted come y empieza a dolerle la boca del estómago, acá en el medio, a las dos o tres horas, yo ya pienso: ‘Probablemente sea duodenal’”, afirmó.
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El médico vinculó ese plazo con el momento en que el contenido gástrico avanza hacia el duodeno. “Tarda cerca de dos horas en que se abra la puerta del estómago para que el contenido del estómago, que es la comida que se empezó a procesar, pase al duodeno”, explicó.
Cuando ese contenido llega a un duodeno lesionado, puede provocar ardor o acidez. “Cuando el ácido pasa acá, tiene dolor, ardor, pirosis, acidez en la boca del estómago”, concluyó.
La presentación completa de López Rosetti
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