Artrosis de rodilla: síntomas, diagnóstico y tratamiento

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MIÉRCOLES, 4 de noviembre de 2026 (HealthDay News) -- La artrosis de rodilla, también llamada osteoartritis (OA), es el tipo más frecuente de artritis y afecta a unos 528 millones de adultos en todo el mundo.

Es mucho más que una consecuencia de «hacerse mayor» o del «desgaste» de las articulaciones. La artrosis afecta a toda la articulación, no solo al cartílago y al hueso, sino también a los tejidos blandos que rodean la rodilla (ligamentos y tendones) y a los músculos de la zona.

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Como reumatóloga, mis pacientes me preguntan a menudo qué pueden hacer para controlar la artrosis de rodilla. Es una pregunta importante, porque se trata del tipo de artritis más común entre los adultos de todo el mundo. A continuación, explico lo que les aconsejo, basándome en mi experiencia clínica y en la evidencia médica más reciente.

## Síntomas y diagnóstico

Los primeros síntomas suelen ser dolor o molestias al realizar actividades cotidianas, como subir escaleras. Con el tiempo, el dolor puede volverse más constante, con episodios de mayor intensidad conocidos como «brotes».

El dolor, las dificultades para realizar actividades y las limitaciones de la movilidad son motivos habituales para buscar atención médica.

El médico de atención primaria puede diagnosticar la artrosis de rodilla, aunque también puede derivar al paciente a especialistas en medicina deportiva, reumatología o cirugía ortopédica. En la consulta de reumatología, quizá sea necesario valorar pruebas adicionales para descartar otras enfermedades.

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Algunas personas confunden la artritis reumatoide (AR) con la artrosis. La principal diferencia es que la AR pertenece a un grupo de enfermedades en las que una alteración del sistema inmunitario es la causa principal del dolor y la inflamación de las articulaciones. Estas formas de artritis inflamatoria suelen requerir medicamentos dirigidos específicamente a las partes del sistema inmunitario que no funcionan como deberían.

Las radiografías y las imágenes por resonancia magnética pueden ayudar al diagnóstico, pero no son imprescindibles. En ocasiones, hay personas a las que le dicen que tienen la rodilla «hueso contra hueso» al observar una radiografía, lo que significa que el cartílago de la articulación se ha desgastado. No obstante, la imagen radiográfica no refleja necesariamente la intensidad de los síntomas. Algunas personas presentan ese desgaste avanzado en las radiografías y, aun así, tienen poco dolor y apenas limitaciones en su vida diaria.

## Tratamiento: aspectos generales

Ningún medicamento cura la artrosis y no existe un tratamiento único que sirva para todas las personas. Cuando alguien consulta a un reumatólogo por artrosis de rodilla, lo primero suele ser hablar sobre la enfermedad y las opciones disponibles. El médico repasará qué tratamientos ha probado, cuáles le han ayudado y qué otras alternativas podría intentar. A menudo es necesario combinar varios tratamientos, teniendo en cuenta lo que más importa a cada paciente y estableciendo objetivos de forma conjunta.

La actividad física y el ejercicio son fundamentales para conservar la movilidad y la capacidad de realizar actividades cotidianas. La recomendación de hacer 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada se aplica a todos los adultos, aunque a algunas personas con artrosis les resulta difícil alcanzar esa meta.

Mi consejo es empezar poco a poco e ir aumentando la actividad. Caminar es muy importante. No hace falta apuntarse a un gimnasio ni comenzar con ejercicios muy intensos: empiece con lo que pueda hacer. También puede ser útil seguir sus progresos mediante aplicaciones de salud o dispositivos que cuenten los pasos.

La mayoría de las personas con artrosis de rodilla se beneficiarían de acudir, como mínimo, una vez a fisioterapia. El fisioterapeuta puede ayudarle a practicar diferentes tipos de ejercicio: fortalecimiento muscular (porque la debilidad de los músculos puede empeorar el dolor de rodilla), ejercicio aeróbico (para mejorar la salud del corazón y los pulmones y el bienestar general), ejercicios de movilidad y flexibilidad, y ejercicios de equilibrio.

También puede hablar con su fisioterapeuta sobre ayudas como el vendaje funcional, las rodilleras o los bastones. Todas ellas pueden ayudar a distribuir mejor las cargas y las fuerzas que soporta la articulación de la rodilla.

En personas con sobrepeso u obesidad se recomienda perder peso para reducir la carga mecánica que soporta la rodilla. El exceso de peso corporal es un factor de riesgo conocido de artrosis de rodilla. Datos de ensayos clínicos recientes apuntan a que medicamentos para bajar de peso, como la semaglutida, pueden aportar beneficios adicionales para el dolor y la función de la rodilla. No obstante, todavía no se conocen bien sus beneficios y riesgos a largo plazo.

## Tratamientos no quirúrgicos

Las guías clínicas actuales recomiendan firmemente el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno y el naproxeno. Muchas personas no pueden tomarlos por efectos secundarios, como la gastritis, o por otras enfermedades, entre ellas las cardíacas y renales. En esos casos puede aplicarse sobre la piel un antiinflamatorio tópico, como el diclofenaco, hasta cuatro veces al día, según sea necesario. Como solo una pequeña cantidad pasa al resto del organismo, resulta más seguro que tomar un AINE por vía oral.

También pueden probarse otros tratamientos tópicos, como la lidocaína (un medicamento anestésico), la capsaicina (una sustancia procedente de los chiles picantes) y los parches. Si utiliza capsaicina, evite tocarse la cara o los ojos después de aplicarla.

Las guías también recomiendan las inyecciones de esteroides dentro de la articulación, conocidas habitualmente como infiltraciones de cortisona, cuando los AINE y otras opciones no alivian suficientemente el dolor. Pueden administrarse en el consultorio, aunque no todos los médicos de atención primaria realizan este procedimiento. Existen riesgos de dolor, sangrado e infección, que se procuran minimizar durante la intervención. Algunos estudios han sugerido que estas inyecciones podrían acelerar el deterioro del cartílago, pero la cantidad de cartílago perdido no parece tener una importancia clínica considerable. Con la evidencia disponible, siguen considerándose seguras si se administran con intervalos de tres meses o más.

En ciertas personas con dolor persistente puede probarse la duloxetina, un antidepresivo que también se utiliza habitualmente para tratar el dolor crónico. Antes de recetarla, se revisan cuidadosamente los demás medicamentos del paciente para evitar posibles interacciones.

## Tratamientos quirúrgicos

Puede recomendarse una consulta con un cirujano ortopédico para valorar una prótesis de rodilla si ya se han comentado y probado las opciones anteriores y el dolor persiste hasta afectar a la calidad de vida. Para el paciente, las cuestiones principales serán si desea operarse y si cuenta con el apoyo necesario para realizar fisioterapia después de la intervención.

A algunas personas se les detectan desgarros u otras lesiones del menisco mediante una resonancia magnética. Estos hallazgos suelen aparezcer acompañados de otros signos de artrosis de rodilla. Operar el menisco no aporta un beneficio adicional: un amplio ensayo clínico publicado en The New England Journal of Medicine mostró que un tipo de operación, la meniscectomía parcial artroscópica, no ofrecía mejores resultados a largo plazo que la fisioterapia. Por eso, no se recomienda esta intervención a las personas con artrosis de rodilla.

## Otras opciones de tratamiento

Los pacientes suelen preguntar por otras posibilidades, además de la cirugía y los tratamientos ya mencionados.

Las técnicas que buscan relajar el cuerpo y la mente pueden complementar el ejercicio y los tratamientos con medicamentos descritos anteriormente. Entre ellas se encuentran el yoga, el taichí (que también mejora el equilibrio), los masajes, la acupuntura y la terapia cognitivo-conductual con un profesional. No obstante, su coste, la disponibilidad y la cobertura del seguro médico pueden limitar el acceso.

La ablación por radiofrecuencia puede ofrecerse a algunos pacientes cuando otros tratamientos no han proporcionado suficiente alivio y no desean operarse. Un especialista en procedimientos intervencionistas, como un médico del dolor, puede utilizar calor o frío para anular los nervios que transmiten las señales de dolor de la rodilla.

Las guías desaconsejan varios tratamientos que antes fueron populares porque los ensayos clínicos demostraron que no funcionan mejor que un placebo. Entre ellos figuran las inyecciones de ácido hialurónico, la glucosamina y la condroitina; los antiinflamatorios utilizados para enfermedades como la artritis reumatoide; y los suplementos de vitamina D y aceite de pescado.

Las guías clínicas tampoco recomiendan otros tratamientos, como el plasma rico en plaquetas y las terapias con células madre, porque todavía no hay datos suficientes para recomendar una dosis estándar de estos tratamientos.

Los pacientes también pueden preguntar por otras vitaminas, suplementos y cambios en la alimentación. La cúrcuma es un remedio natural que algunas guías clínicas sobre artrosis recomiendan por sus propiedades antiinflamatorias, aunque todavía no se sabe cuál es la dosis más adecuada.

En cuanto a la alimentación, dado que las personas con artrosis suelen tener también otros problemas de salud, puede ser útil seguir una dieta saludable para el corazón. Una opción es la dieta mediterránea, que se ha estudiado en personas con enfermedades cardíacas o riesgo de padecerlas. Algunos estudios han encontrado una asociación entre una alimentación pobre en fibra y un mayor dolor de rodilla y peores resultados en la artrosis. Comer más alimentos ricos en fibra podría ayudar tanto a las rodillas como a controlar otras enfermedades crónicas, entre ellas las cardiovasculares.

Estas opciones suelen ser seguras, pero si después de varios meses no aportan ningún beneficio, quizá no merezca la pena seguir invirtiendo tiempo y dinero en ellas.

## Más información

UCLA Health ofrece más información sobre la artrosis de rodilla.

## Acerca de la especialista

La Dra. Jean Liew se graduó en Medicina en la University of Texas Medical Branch. Realizó la residencia de medicina interna en la Oregon Health & Science University y la especialización en reumatología en la University of Washington, donde también obtuvo una maestría en epidemiología. Actualmente es profesora asistente de Medicina en la Sección de Reumatología de la Boston University Chobanian & Avedisian School of Medicine. Sus intereses de investigación clínica abarcan la artrosis de rodilla y la espondiloartritis axial.

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