La psicología explica por qué algunas personas necesitan volver a la cama después de levantarse

Una especialista explica qué hay realmente detrás de un hábito que millones de personas experimentan cada mañana

Una mujer con cabello oscuro yace de lado en una cama con sábanas grises, durmiendo. La luz del sol entra por una ventana a la izquierda, proyectando sombras suaves.
La psicóloga Leticia Martín Enjuto señaló que atribuir este hábito a la pereza constituye un error de interpretación (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Sale el sol, los ojos se abren y los pies tocan el suelo. Pero apenas unos minutos después, el cuerpo vuelve a buscar el colchón. La escena se repite cada mañana en millones de hogares y rara vez se interpreta con matices.

Juzgar ciertos comportamientos al despertar resulta casi automático. Cuando una persona se levanta y, poco después, decide acostarse otra vez, la lectura habitual oscila entre la pereza, la falta de disciplina o el desinterés por las obligaciones. No obstante, desde el campo de la psicología, la lectura es diferente: esa conducta puede responder a una necesidad del organismo de graduar el paso entre la somnolencia y la actividad plena, un proceso que la ciencia denomina inercia del sueño.

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Así lo señaló la psicóloga Leticia Martín Enjuto, directora del centro de psicología que lleva su nombre, citada por la revista Cuerpomente. En la práctica clínica, explicó, se observa que cada persona procesa el despertar a un ritmo distinto y que no todos los organismos necesitan el mismo margen de tiempo para alcanzar su nivel habitual de concentración y energía. La intensidad de la inercia no es igual para todos: depende de las horas de sueño acumuladas, la calidad del descanso y la fase en la que se produce el despertar.

La especialista advirtió que reducir este patrón a un cliché de holgazanería es un error frecuente. “Desde fuera pueden parecer conductas similares, pero psicológicamente pueden responder a situaciones completamente distintas”, enfatizó.

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Una mujer acostada de lado sobre una cama con sábanas claras se cubre el rostro con la mano en un dormitorio iluminado por el sol
Volver a la cama poco después de levantarse responde a la inercia del sueño y a la necesidad del cuerpo de graduar su activación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cama como refugio frente a una jornada exigente

Más allá del componente fisiológico, la cama también puede cumplir otra función durante esos primeros minutos: ser un lugar de calma. Quienes vuelven a acostarse no buscan volver a dormir, sino permanecer unos instantes en un entorno sin exigencias, donde todavía no hay nada que resolver ni nadie a quien responder.

“Para muchas personas, esos minutos después de despertarse son prácticamente el único momento del día en el que todavía no tienen que responder a nadie ni cumplir ninguna obligación”, precisó Martín Enjuto.

En ese sentido, no se trata de un hábito estático: una persona que habitualmente arranca el día sin pausas puede, en períodos de mayor exigencia, encontrarse de vuelta bajo las sábanas sin haberlo previsto. Cuando la mente anticipa desde temprano la carga que viene —compromisos laborales, reuniones, cuidado de los hijos, asuntos sin resolver—, el cuerpo tiende a resistir el arranque.

La psicóloga subrayó que este comportamiento se observa con más frecuencia en quienes sostienen agendas muy demandantes. “Esos minutos adicionales pueden convertirse en un pequeño espacio de desconexión”, indicó la psicóloga, y aclaró que la intención no es esquivar las obligaciones, sino atenuar el impacto de una jornada que, antes de empezar, ya se anticipa como intensa.

Por ello, la psicóloga explicó que regresar al colchón no equivale necesariamente a buscar más horas de sueño. “No siempre estamos intentando dormir de nuevo; a veces simplemente necesitamos un poco de tiempo para activarnos”, afirmó. Esos minutos en silencio, sin agenda ni apuro, pueden operar como un paso intermedio que suaviza la entrada a la rutina diaria.

Una mujer acostada en una cama con almohadas y un edredón de color claro cubre su rostro con ambas manos
Los primeros minutos en la cama ofrecen un espacio de calma libre de las exigencias cotidianas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando volver a la cama es una seña de alarma

Martín Enjuto destacó un criterio práctico para distinguir lo normal de lo preocupante: lo que ocurre después de volver a la cama. Quedarse unos minutos, despejarse y continuar con la jornada sin dificultades responde a una necesidad de transición. Pero cuando la persona permanece horas acostada porque carece de energía, le cuesta afrontar sus obligaciones o busca evitar situaciones que le generan malestar, el panorama cambia.

“Si una persona duerme las horas suficientes y, aun así, se despierta todos los días completamente agotada, necesita volver a acostarse durante mucho tiempo o tiene una sensación de falta de energía que se mantiene durante el día, merece la pena prestar atención”, señaló.

Ante esos indicadores, la psicóloga recomendó detenerse a observar el cuadro completo. Cuando el estrés, las rutinas o la falta de descanso dejan de explicar una pausa puntual y empiezan a alimentar un cansancio que no cede, el escenario es otro. “Habría que valorar cómo está durmiendo, qué nivel de estrés tiene, cómo son sus rutinas y si existe algún otro factor que pueda estar influyendo en ese cansancio”, manifestó la profesional.

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