
El regreso a las aulas pone en el centro de la escena una problemática creciente que inquieta a la comunidad médica y educativa: el aumento sostenido de la miopía en niños y adolescentes. Esta condición, que afecta la visión de lejos, está en aumento en todo el mundo y especialistas advierten sobre la necesidad de adoptar cuidados específicos al retomar la rutina escolar.
Según datos aportados por expertos consultados por Infobae, la tendencia global marca un fuerte incremento en la incidencia y proyección de casos para las próximas décadas.
El avance de la miopía en niños y su impacto global

La miopía se convirtió en una de las principales causas de discapacidad visual prevenible y ceguera, con una prevalencia creciente en muchos países.
El médico oftalmólogo y presidente de la Sociedad Argentina de Oftalmología Infantil (SAOI) Leonardo Fernández Irigaray (MN 86.779) señaló ante la consulta de este medio que “la miopía es hoy una de las principales causas de discapacidad visual prevenible y de ceguera en todo el mundo” y destacó que “su prevalencia está aumentando en muchos países”. Ejemplos como Singapur muestran que hace 40 años la prevalencia en jóvenes no superaba el 30%, mientras que actualmente cerca del 85% presentan este problema visual. Fenómenos similares se observan en Taiwán, Corea, Hong Kong, Guangzhou y Beijing. En Estados Unidos y Europa, la miopía ya alcanza al 50% de los jóvenes, en comparación con el 10-20% informado entre adolescentes de Argentina y el resto de Latinoamérica.
En un comunicado, desde el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advirtieron que “a nivel global, análisis recientes estiman que aproximadamente 1 de cada 3 niños y adolescentes de las grandes ciudades es miope, con un incremento sostenido desde la década de 1990 y una proyección cercana al 40% para 2050”.
Factores de riesgo: genética, hábitos y entorno

El desarrollo de la miopía responde a una interacción compleja entre genética y ambiente.
En este punto, el médico oftalmólogo e integrante de la división Oftalmología del Hospital de Clínicas Esteban Travelletti (MN 104.355) explicó a Infobae que “los factores de riesgo pueden dividirse en dos grandes grupos: los que no se pueden modificar y los que sí”. “El principal factor no modificable es la genética: los hijos de padres miopes tienen mayor probabilidad de desarrollar miopía y, además, de que aparezca a edades más tempranas”, enfatizó el especialista, al tiempo que subrayó que los factores modificables más importantes son “el exceso de actividades de visión cercana, como pantallas, lectura o tareas prolongadas sin pausas, y la escasa exposición a la luz natural”.
Es que bien sabido es que “los factores ambientales —tiempo al aire libre, cantidad de trabajo de visión cercana, hábitos de lectura— modulan la aparición y la progresión de la enfermedad", coinciden los especialistas. En todos los pacientes con miopía o con factores predisponentes se ve que el uso prolongado de dispositivos digitales de mano, como celulares y tablets es un factor de riesgo.
El rol clave de la luz natural y el tiempo al aire libre

Diversos estudios demostraron la importancia de la exposición diaria a la luz natural como uno de los principales factores protectores para la salud visual infantil. Al respecto, Fernández Irigaray remarcó: “Sabemos a ciencia cierta desde hace ya varios años que estar al aire libre expuesto a la luz natural algunas horas por día retrasa la aparición de la miopía en los niños, y recientemente se demostró que el aire libre también logra retardar la progresión de la miopía”.
El especialista mencionó experiencias internacionales, como el programa implementado por el Ministerio de Educación de Taiwán, donde se estableció la obligatoriedad de dos horas al aire libre por día en las escuelas. “La prevalencia de miopía disminuyó en los últimos diez años en el screening anual nacional hecho en esas instituciones”, destacó el experto de la SAOI.
En la misma línea, Travelletti indicó: “La evidencia científica muestra que la exposición diaria a la luz natural es uno de los factores protectores más importantes. Pasar al menos dos horas por día al aire libre ayuda a reducir la probabilidad de desarrollar miopía y, en quienes ya la tienen, puede enlentecer su progresión”.
La exposición al aire libre no solo previene problemas visuales, sino que también tiene efectos positivos en la salud física y mental, como la activación de la vitamina D y la disminución de la depresión emocional.
Tecnología, pantallas y recomendaciones para el uso seguro

El incremento del uso de dispositivos digitales y pantallas en la vida cotidiana de niñas y niños está relacionado con síntomas como fatiga ocular, irritación conjuntival, ojo seco, visión borrosa, cefaleas y dolores musculares. “Hoy hablamos del síndrome visual informático caracterizado por: fatiga ocular, irritación conjuntival, ojo seco, visión borrosa, visión doble, cefaleas, mareos, vértigo, dolor de cuello, espalda, hombros, brazos y manos”, precisó Fernández Irigaray.
Entre las recomendaciones de los especialistas se destaca la regla “20-20-20”: cada 20 minutos de uso de tecnología, descansar 20 segundos mirando a lo lejos, a una distancia de 6 metros (20 pies). Otra pauta útil es la “30-40-50”, que consiste en mantener el móvil a 30 cm, la tablet a 40 cm y la notebook a 50 cm. La SAOI aconseja que “los niños de 0 a 2 años deben evitar el uso de pantallas y dispositivos electrónicos, los niños de 2 a 5 años deben limitar su uso a una hora por día y a los niños mayores a 6 años se les debe establecer límites de exposición”.
Desde el Hospital de Clínicas advierten sobre mitos frecuentes, como creer que las pantallas causan miopía por sí solas o que usar anteojos empeora la condición. “La corrección mejora el rendimiento y la comodidad visual y no acelera su progresión”, subrayan los especialistas.
Cuidados, prevención y controles oftalmológicos antes del inicio escolar

La detección temprana y los controles oftalmológicos regulares son herramientas esenciales para abordar la miopía escolar. Travelletti recomendó que “en general se aconseja un control oftalmológico anual durante la etapa escolar. El examen debe evaluar agudeza visual, graduación y estado del fondo de ojo para detectar miopía y otras alteraciones en forma temprana”.
Asimismo, el especialista del Hospital de Clínicas aconsejó controles rutinarios al recién nacido, a los 6 meses, al año, a los 3 y 5 años, y luego de forma anual, especialmente si hay síntomas o antecedentes familiares. Si ya existe diagnóstico o tratamiento, los chequeos pueden realizarse cada seis meses para ajustar la estrategia y detectar cambios rápidos en la graduación.
Los tratamientos disponibles incluyen lentes especiales, ortoqueratología y el uso de atropina en dosis bajas, siempre bajo indicación y control de un especialista. Fernández Irigaray sostuvo que “el certificado oftalmológico es la oportunidad de realizar un control visual completo y de esa manera brindar las herramientas en cada caso en particular. Un niño que ve bien tendrá más posibilidades de tener una mejor escolaridad”.
Complicaciones a largo plazo y la importancia de la prevención

La miopía no tratada puede derivar en complicaciones graves, como desprendimiento de retina, alteraciones maculares, glaucoma y cataratas a edades tempranas. Travelletti advirtió que “a medida que aumenta, el ojo se alarga y eso produce un estiramiento de las estructuras internas, especialmente de la retina.
Este cambio anatómico aumenta el riesgo de distintas enfermedades en la vida adulta, como desprendimiento de retina, alteraciones maculares, glaucoma y aparición de cataratas a edades más tempranas”.
Y tras enfatizar que la incidencia de estas complicaciones se vincula directamente con el grado de miopía y la falta de tratamiento oportuno, Travelletti remarcó que la prevención y el seguimiento constante resultan fundamentales para asegurar la salud visual de niños y adolescentes. “Cuidar la salud visual de los niños significa cuidar su desarrollo integral, su aprendizaje y sus oportunidades futuras”, concluyó.
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